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| 6/17/2006 12:00:00 AM

¿Guerra abierta?

La situación en Palestina es insostenible. La disputa entre las facciones locales y las hostilidades con Israel hacen la vida imposible. Crónica de la corresponsal Adriana Puerta desde Sderot y Gaza, donde no dejan de sonar las explosiones.

Joseph Tenembaum nunca imaginó que vería así un partido del Mundial. Hace unos días, él y unos amigos estaban frente al televisor gozando del juego de Brasil, cuando escucharon el ruido inconfundible de un cohete en su caída. Como movidos por un resorte, corrieron a buscar un lugar seguro. Y cuando supieron que todo había terminado, volvieron a sus puestos como si nada hubiera pasado. Porque los habitantes de Sderot ya están acostumbrados a episodios como ese.

El día en que llegó a esta ciudad israelí, el guatemalteco Tenembaum conoció el sonido de la sirena. Segundos después, un cohete Qassam, lanzado desde Gaza por integrantes del grupo extremista palestino Hamas, cayó a pocos metros. Desde entonces ha escuchado los gritos, ha visto vibrar ventanas y escuchar cómo los vecinos tratan de no darle importancia al hecho o se engañan para evitar el pánico: "No pasó nada, fue una puerta", dicen.

A pocos kilómetros de esta ciudad israelí está Gaza, un lugar donde en unos cuantos metros se puede ver un par de hoteles, restaurantes, casas destruidas, mujeres de vestido negro y largo a pesar del sol ardiente, y casas de los militantes palestinos. En un pequeño apartamento ubicado en un segundo piso, vive Abdul Ahmidla, un comerciante, padre de dos hijos y simpatizante declarado de Hamas y de la lucha armada contra Israel. "Después de lo que ha pasado en los últimos días, creo que a los palestinos no nos queda otro camino que defendernos del Ejército de Israel y resistir sus acciones de cualquier forma. En cada casa de Gaza hay como mínimo un militante. Lo mismo ocurre en lugares como Ramala", dice.

A este hombre le tiembla la voz al referirse a la muerte de seis miembros de la familia Ghali, que murieron cuando tomaban el sol a la orilla del mar de Gaza, el viernes 9 de junio. "La gente gritaba, lloraba. Hasta los niños sabían que algo muy horrible estaba pasando. Creo que estas heridas son para siempre, nada las va a quitar". La tragedia fue atribuida al Ejército israelí, pero después el mayor general Meir Kalifi se defendió con el argumento de que las muertes fueron causadas por una mina plantada por hombres de Hamas. Sin embargo, Mark Garlasco, representante de la organización Human Rights Watch, dijo que, según sus investigaciones, "lo más probable es que se trate de fuego de artillería disparado por los israelíes".

La muerte de la familia Ghazi hizo que los palestinos arreciaran sus ataques contra Sderot y otras ciudades israelíes. En los últimos días, uno de esos misiles logró descarrilar un tren que viajaba entre Haifa y Tel Aviv. En el incidente perdieron la vida tres israelíes, y alrededor de 100 resultaron heridos. Al otro lado, en Gaza, otros 10 palestinos murieron cuando un avión israelí disparó contra un bus en el que, según fuentes del Ejército, viajaban hombres que iban a atacar a Israel. Dos niños murieron. En los últimos días, no han terminado los ataques y todo indica que aunque haya días de tregua, las bombas, explosiones y alertas seguirán.

La ley del Talión, el ojo por ojo y diente por diente, impera hoy en esta región. A un ataque sigue una respuesta y así sucesivamente, en un círculo vicioso de violencia y sangre.

Caos total

Las tensiones en esta inestable región se multiplicaron desde enero, cuando el extremista Hamas ganó las elecciones parlamentarias palestinas sobre su rival, el hoy más moderado Fatah, el viejo partido de Yasser Arafat. Desde entonces se vive un peligroso conflicto entre el presidente Mahmoud Abbas, de Fatah, y el primer ministro Ismael Haniyeh, de Hamas. Las conversaciones entre los dos fracasaron cuando Hamas no aceptó el plan de Abbas para compartir el poder, y éste convocó a un referendo. El nudo del problema es que Hamas se niega a aceptar la existencia misma del Estado de Israel, lo que ha llevado a que este último país haya impuesto un virtual bloqueo económico a la autoridad palestina. (ANP). Abbas, más pragmático y moderado, insiste en que la ANP debe aceptar las fronteras existentes con Israel, a lo que se niega Hamas, por implicar reconocer tácitamente el derecho de éste a existir.

Como explicó a SEMANA Ali Waked, columnista y analista del tema, "hay puntos en los que Fatah y Hamas tienen posiciones totalmente opuestas y la opción de un acuerdo se ve lejos. Los hombres de Fatah no se resignan a estar fuera del poder y otros grupos armados, como la Jihad Islámica o los Mártires de Al Aqsa, se niegan a detener los ataques aunque los hombres de Hamas lo pidan". Como resultado, la violencia se ha vuelto caótica, casi de todos contra todos. Hace algunos días, un grupo de Fatah atacó las oficinas del primer ministro Haniyeh, en una preocupante escalada de violencia intrapalestina. Esta fue su forma de protestar contra los presuntos ataques de miembros de Hamas contra la gente de Fatah en Gaza.

Y con el bloqueo de los auxilios externos y de las transferencias que le hacía Israel, motivado en la negativa de Hamas a aceptar la existencia de éste, la economía palestina está en el suelo. Según un reporte del Banco Mundial, el 65 por ciento de la población de Gaza enfrenta una difícil situación económica y el 32 por ciento vive en la de extrema pobreza.

Actualmente, el gobierno de Hamas debe salarios desde hace tres meses a más de 165.000 empleados públicos. Fatima Amussa, una de las secretarias de la Autoridad Palestina, dice que esto no ocurría desde hace tiempo y la gente ha empezado a desesperarse. Este hecho preocupa a algunos expertos y estudiosos del tema. De acuerdo con la Sociedad Académica Palestina, Passia, alrededor del 42,4 por ciento de la economía palestina se basa en la administración pública.

Yasser Abed Rabbo, miembro de la Organización para la Liberación de Palestina y hombre cercano a Abbas, dijo a SEMANA que si Hamas no resuelve pronto estos problemas económicos, su gobierno se caerá. "En días pasados, Mahmoud Abbas le pidió a Haniya actuar como representante del gobierno, y no sólo como representante de un partido. Sólo si logramos actuar juntos en temas básicos, podremos salir de esta grave situación".

Entre tanto, el gobierno de Israel, exasperado por los ataques de los miembros de Hamas, sigue lanzando sus golpes de precisión para eliminar amenazas terroristas. Pocos días después del controversial ataque en la playa de Gaza, un helicóptero israelí atacó una mini van amarilla, al norte de Gaza, cerca de la frontera con su país. El primer misil falló y, cuando los paramédicos y los curiosos se agrupaban, lanzó el segundo. Murieron dos militantes y al menos ocho personas más, incluidos dos niños y tres enfermeros. Los voceros israelíes se disculparon con el argumento de que debían acabar su tarea, pues el vehículo estaba cargado con misiles Katiusha. Pero, sean o no aceptables las explicaciones, el hecho marcó un nuevo factor de sangre en la espiral interminable de violencia que se vive entre Israel y los palestinos.
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