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| 11/28/2009 12:00:00 AM

Guerra de clanes

La masacre de 57 personas, asesinadas brutalmente mientras hacían campaña electoral, recuerda que la política filipina suele mancharse de sangre.

La provincia de Maguindanao se parece a la Verona de Romeo y Julieta. Allí dos clanes familiares manejan a su antojo el dinero, la política, los votos, la gente y el territorio, y se enfrentan en duelos a muerte por el poder. Lo único que falta es una pareja de jóvenes enamorados dispuestos a superar lo imposible. En Maguindanao no son los Capuleto contra los Montesco, sino los Ampatuan contra los Mangudadatu, y el caso más reciente y sangriento, una masacre, se dio esta semana a escasos meses de las elecciones nacionales de mayo de 2010.

Usualmente, un enfrentamiento cualquiera no habría sorprendido, pues la violencia electoral es muy común. Según la Policía local, en los días previos a las elecciones de 2004, más de 150 personas fueron asesinadas. Los pobladores, ya resignados, no pueden hacer más que clamar por una justicia que, saben, no llegará. Pero la matanza a sangre fría de 57 personas, incluidos 18 periodistas, el pasado lunes, estremeció al mundo e incluso, despertó a los filipinos.

Que haya sucedido en Maguindanao, provincia situada en la isla sureña de Mindanao, una de las 7.000 que componen las Filipinas, no es casualidad. Esta es una de las provincias más inestables, violentas y rebeldes del país. Hace parte de la Región Autónoma Musulmana de Mindanao, creada en los años 90 para apaciguar a la minoría islámica que, siguiendo una tradición guerrera, deseaba separarse para formar su propia patria en oposición a la mayoría cristiana. Desde entonces, los procesos de paz han fracasado y la región vive una realidad turbulenta.

Pero muchos expertos niegan que este último episodio tenga que ver con las riñas religiosas. Como explicó a SEMANA el profesor de ciencia política de St. Joseph's College en Nueva Jersey Kenneth Bauzon, de origen filipino, "este es un ejemplo típico de contienda familiar. Muchas áreas del país, pero especialmente Mindonao, siguen bajo el control de grandes caciques. Es el vestigio del pasado feudal". Este territorio es el epicentro de la riña entre dos poderosos clanes, los Ampatuan y los Mangudadatu, quienes se disputan el control político y económico de la región.

Como explica a SEMANA John Sindel, experto en Asia Pacífico del London School of Economics, "lo que caracteriza a Maguindadao no es sólo su historia violenta, sino la impunidad y los poderes que disfrutan las familias poderosas". Los Ampatuan, de origen musulmán, han concentrado el poder político desde los años 60 y cuentan con un ejército privado que sobrepasa 500 soldados. El cacique, Andal Ampatuan, ha sido gobernador por tres períodos seguidos. Este año, después de su largo reino, anunció que dejaría el cargo en 2010. El espacio quedaba vacante para que su hijo Andal Ampatuan Jr. lo sucediera y continuara con el linaje político de la familia.

Pero Esmael Mangudadatu, miembro del clan enemigo, decidió desafiarlo y desde hace días anunció que también sería candidato a gobernador. Desde entonces lo asediaron amenazas y prefirió, por seguridad, no inscribir su propia candidatura por miedo a desatar la violencia. Le encargó, en vez, la tarea a su esposa y dos hermanas. Pero el lunes pasado, mientras viajaban por carretera, acompañadas por periodistas y seguidores, fueron interceptados por más de 100 hombres armados con rifles y machetes, que no dudaron en quitarles la vida. Las mujeres, incluso, fueron violadas antes de ser asesinadas y ningún periodista sobrevivió. La organización parisina Reporteros sin Fronteras anunció que había sido el peor día en la historia para su profesión. Los cuerpos masacrados fueron encontrados en fosas comunes, repartidos a lo largo de una carretera destapada. Aún se espera recuperar más cuerpos y el total de muertos sigue sin confirmar. Lo que sí es seguro es que se trata de la peor masacre por motivos políticos en la historia reciente de la isla.

Para Bauzon, el episodio "es una consecuencia lógica del alto nivel de violencia política que se ha desarrollado en el país por muchos años, pero especialmente bajo la administración de Gloria Macapagal Arroyo". La mandataria, poco popular después de múltiples escándalos de corrupción y de manejar deficientemente varios desastres naturales que han afectado el país, no escatimó fuerzas para denunciar la carnicería. En ruedas de prensa y apariciones de televisión declaró enfurecida que los hechos eran inhumanos y aseguró que los perpetradores no escaparan de la justicia. Incluso declaró un día de luto nacional y prometió, a oídos sordos, que todo el peso de la ley recaerá sobre los responsables.

Pero no es tan fácil convertir palabras en realidades. Arroyo se encuentra en una encrucijada, pues ambas dinastías representan alianzas clave en la región; son parte de su partido político, Lakas Kampi CMD, y son quienes mantienen el control en la provincia turbulenta. Los clanes son los encargados de aceitar la maquinaria de votos y son quienes le aseguran a Arroyo el apoyo popular de la región.

Esta vez, sin embargo, el país y la comunidad internacional la cercaron y la presión sobre ella era insportable. Como era de esperarse, las sospechas recayeron sobre los Ampatuan, y el jueves, Andal Ampatuan Jr., candidato a gobernador y actual alcalde de Datu Unsay, fue arrestado sin oposición por las autoridades.

Aunque no se sabe qué cargos le imputarán y si habrá más arrestos en los días venideros, los expertos esperan que esto sea el principio del fin de un régimen político clientelista. Como afirma Sidel, "la pregunta es si este caso podrá desbaratar el patrón establecido de usar regiones enteras como Maguindanao como fábricas de votos a cargo de caciques locales que a cambio reciben inmunidad y privilegios. Uno esperaría que sí, que después de esto hubiera mayor control".

Pero otros expertos afirman que la política filipina sufre de vestigios coloniales, está plagada de influencias y favores y que la justicia occidental, impuesta por los extranjeros, no ha sido apropiada por los nativos. Pocos esperan que la justicia opere de manera eficaz y hay quienes, como Bauzon, que son abiertamente pesimistas. "A corto plazo, Arroyo hará un esfuerzo por controlar la situación, es un 'show' mediático, pero a largo plazo nada cambiará. Sé que en mi generación no veré un cambio en el sistema. De pronto en la próxima". Según otros expertos consultados por SEMANA, la Presidenta no esta dispuesta, en plena temporada electoral, a declararles la guerra a los caciques, sus máximos aliados en el poder. La crisis desatada podría ser fulminante para el país asiático.

Por lo pronto, las usanzas locales serán lo más parecido a la mano de la justicia, hasta ahora inoperante. Una costumbre conocida como rido calibrará las cuentas. Esta se da cuando una familia ofende a otra y no pide perdón. La familia herida, entonces, busca venganza de manera violenta sobre los perpetradores. La retaliación puede durar años, en un ciclo vicioso de violencia interminable. Por eso lo más probable es que Los Mangudadatu venguen a sus muertos. Si no en esta, probablemente en la generación venidera.
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