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| 8/9/1982 12:00:00 AM

GUERRA ENTRE DOS MUERTOS

Desde la tumba Pompidou se levanta, en sus memorias, contra De Gaulle.

La reciente publicación de parte de las memorias del presidente Georges Pompidou ha provocado una violenta polémica en Francia sobre todo en lo referente a las jornadas de mayo de 1968 y la desaparición del general De Gaulie en plena crisis. Muchos consideran este libro como un proceso post-morten contra el mayor mito de la V República.
SEMANA ofrece este artículo de Robin Smyth que sintetiza estas polémicas memorias.
Los seis últimos años de su vida el presidente francés Georges Pompidou los pasó conteniendo un grito de ira y angustia. La tragedia de este ex-banquero, aparentemente sereno, fue que mientras se desempeñó como primer ministro durante las sublevaciones estudiantiles de mayo de 1968 y su elección como presidente al año siguiente, tuvo que atravesar un terrible período en el que la clase política en su totalidad parecía volverse contra él.
Su héroe, el general De Gaulle, lo rechazó. Los otros gaullistas del régimen que habían sido sus ministros y amigos, parecían haberse puesto de acuerdo en destruir sus posibilidades de suceder a De Gaulle, implicando a su esposa en un escándalo con asesinato incluido.
Pompidou describió sus desgracias en unas cortas-memorias que ahora, ocho años después de su muerte, su esposa Claude Pompidou, y su hijo Alan, acaban de publicar. "Para restablecer la verdad" (Pour Retablir la Verite) --así se titula el libro-- ha salido a las librerías francesas con excepcional discreción, tratando de amortiguar su impacto político. Ahora los gaullistas ya no están en el poder y la familia Pompidou no puede ser acusada de ayudar a su derrumbamiento.
Las dificultades de Pompidou empezaron cuando se convirtió en testigo de primera línea de la decadencia de De Gaulle a quien debía su carrera política. La amistad de 23 años, durante los cuales Pompidou fue el colaborador y admirador número uno del general, se rompió cuando los estudiantes invadieron París.
De Gaulle estaba equivocado sobre mayo de 1968, creía que la V República había colapsado. Y Pompidou, que adivinaba que su propia anarquía destruiría a los estudiantes, tuvo razón.
En el momento crítico de los acontecimientos, De Gaulle desapareció en un helicóptero que supuestamente había volado entre el palacio del Elíseo y su casa en Colombey-les-Deux-Eglises.
Su helicóptero nunca llego a Colombey y tras angustiosas horas de búsqueda, Pompidou descubrió que se había dirigido, atravesando la frontera alemana, a buscar refugio junto a las tropas francesas en Baden-Baden.
La explicación que se dio más tarde fue que el general había visitado sus fuerzas para asegurarse que le eran leales y estaban listas para trasladarse, si era necesario, a restaurar el orden en París.
Había dejado vagas instrucciones para que Pompidou tomara la presidencia, maniobra que no estaba prevista en la constitución. Francia se salvó de un peligroso vacío de poder gracias al general Jacques Massu comandante de las fuerzas francesas en Baden-Baden, quien en una larga y difícil conversación convenció al presidente para que volviera a París.
De vuelta al Elíseo, De Gaulle dijo a Pompidou: "por primera vez en mi vida he desfallecido. No estoy contento conmigo mismo". Entonces fue cuando Pompidou argumentó al general sobre la necesidad de llamar a elecciones, acontecimiento que trajo una arrolladora victoria para el gaullismo. Habría sido lógico, para la salvación de la V República, que el primer ministro permaneciera en su puesto. Pero Pompidou recuerda con amargura en sus memorias, la falta increíble de confianza que De Gaulle le había demostrado cuando salió hacia Alemania sin informarle.
Mal aconsejado, Pompidou firmó su renuncia y antes de que pudiera retirarla, De Gaulle ya había elegido a Maurice Couve de Murville para reemplazarlo. Solo entonces,Pompidou se dio cuenta que su éxito lo había llevado más allá del papel de subordinado que De Gaulle había asignado a sus primeros ministros. Pero lo que le dejó un mal sabor en la boca fue que el lazo personal entre él y el general había quedado definitivamente roto.
El último y más sensacional capítulo del texto de Pompidou se inicia con la frase: "Creo que fue en los últimos días de septiembre de 1968 cuando se encontró el cuerpo de un hombre asesinado en un basurero de las Yvelines" Pompidou, al margen del poder, pasaba mucho tiempo en su casa de campo y al principio siguió con bastante indiferencia la investigación sobre el asesinato de Sthepan Markovic,playboy yugoslavo, guardaespaldas del actor Alain Delón. Leyó los reportajes periodísticos en los que se sugería que la mujer de un ex-ministro había estado presente en las fiestas a las que Markovic asistía.
"Me sorprendí y pensé quién podría ser y uno o dos nombres me cruzaron por la mente": escribió Pompidou. Por fin, un amigo tuvo el coraje de decirle que la mujer en cuestión era la suya y que en los periódicos y en las reuniones de París este era el tema de conversación.
"Mi reacción, es posible imaginar, fue violenta, --escribió Pompidou--. No pensé ni por un segundo en las posibles repercusiones para mi carrera política. Pensé solo en mi mujer. Imaginé el choque que iba a sufrir ella y temí lo peor. Rara vez he estado más cerca de la desesperación"
El misterio de Markovic nunca se aclaró. Por un momento, sin embargo, los investigadores policiales y los enemigos de Pompidou lanzaron una alucinante explicación. Se dijo que Markovic había descubierto demasiadas cosas sobre la familia Pompidou, que había intentado chantajearlos, pero le salió al paso una subterránea milicia gaullista que empezaba a surgir.
Durante los meses siguientes, Pompidou se convirtió en un personaje de Hitchcock que de pronto se descubre a sí mismo fuera de la ley. La máquina de la justicia y la investigación policial que el había dirigido y volvería a dirigir más tarde, ahora trabajaban juntas para recomponer el caso en contra suya.
Los Pompidou lucharon sin descanso en contra de los rumores en los círculos políticos y en la prensa. Su argumento más fuerte era la imposibilidad de que la mujer de un primer ministro se abandone a una vida de orgías sexuales con tanta gente en medio, incluyendo al prisionero yugoslavo y espías policiales, sin que el jefe de la policía y el presidente sean alertados.
Pero,por entonces, unas casuales declaraciones hechas por Pompidou en Roma señalando que creía que era el sucesor del general, se tomaron en el Elíseo como si significaran que él estaba empujando la salida de De Gaulle. La atmósfera en la cena fue de funeral. De Gaulle aclaró en los periódicos del día siguiente que los Pompidou estuvieron allá a causa de las declaraciones, pero no tuvo una palabra de aliento para su huésped.
La investigación sobre el caso Mar kovic tomó otra dirección. De Gaulle fue derrotado en un referéndum mal preparado sobre la descentralización, y renunció. Pompidou fue elegido presidente y permaneció a la cabeza del país hasta que una dolorosa enfermedad lo llevó a la tumba cinco años más tarde. Sus memorias revelan que su caída, justo antes de llegar a la cima del poder, dejó en él un toque de paranoia y sobre todo profundas cicatrices.--
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