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| 9/15/2012 12:00:00 AM

Guerra sucia

La campaña a la Presidencia está encendida. Escándalos mediáticos y batallas campales entre chavistas y caprilistas advierten que lo peor está por venir.

Hasta ahora a Henrique Capriles las cosas le estaban saliendo bien. No caía en las provocaciones de Hugo Chávez, había logrado imponer una imagen de político transparente y ningún escándalo había salpicado su campaña. Pero a solo tres semanas de las elecciones, la carrera se está poniendo cada vez más sucia e inevitablemente está llevando a Capriles y a Chávez al lodo.

El jueves pasado se reveló un video que muestra a Juan Carlos Caldera, el representante de la oposición ante el Consejo Nacional Electoral, aceptando un fajo de billetes y cuadrando una eventual cita en el extranjero entre Capriles y un empresario. Según Caldera, el empresario que le dio el dinero es Wilmer Ruperti, presidente de una naviera y contratista de la petrolera estatal PDVSA. Públicamente es considerado cercano al chavismo. Caldera aseguró que el dinero que recibió de Rupperti es para su campaña a la Alcaldía de Sucre y no para la de Capriles, que no tardó en expulsarlo de su equipo y dijo "siempre he sido y seré un libro abierto y no voy a permitir que nadie en mi nombre obtenga prebendas para beneficio personal".

Pero el daño ya estaba hecho. Capriles había hecho enormes esfuerzos para desligarse de las prácticas clientelistas y corruptas de los partidos tradicionales. Por eso la revelación les cayó a los chavistas como anillo al dedo para atacar su discurso de transparencia y de renovación. En su cuenta de Twitter, Tarek El Aissami, ministro de Interior y Justicia, escribió que "caras nuevas, mañas viejas".

Para varios opositores fue un complot del oficialismo para desprestigiar a Capriles y parte de una estrategia de guerra sucia. Entre estas movidas estaría el retiro de cuatro partidos minoritarios de la Mesa de la Unidad, que dijeron sentirse excluidos. Y también los enfrentamientos que estallaron la semana pasada en Puerto Cabello, en el peor incidente violento en lo que va de campaña.

Ese jueves, chavistas y opositores se lanzaron palos, botellas y piedras en el aeropuerto donde debía aterrizar Capriles. El edificio fue saqueado y una camioneta de la campaña de oposición fue atacada con una bomba molotov. Lo increíble es que cerca hay un destacamento de la Guardia Nacional, que no reaccionó. Al clima degradado, Chávez añadió la semana pasada una amenaza preocupante: "Yo creo que hasta a los ricos les conviene que gane Chávez. ¿A ellos les conviene una guerra civil? No le conviene a nadie".

Capriles replicó en Twitter: "Guerra sucia, miedo, confusión es lo que quiere generar un gobierno desesperado". Sentimientos que sin duda muchos venezolanos comparten. El opositor, que había logrado guardar su calma y no responder a los insultos del presidente, ya entró al cuadrilátero. Comparó a Chávez con el expresidente peruano Alberto Fujimori, que fue condenado a 25 años de prisión por varias matanzas y que enfrenta varios procesos por corrupción.

A medida que se acerque más la fecha de elecciones los ataques, tanto en los medios como en la calle, solo van a empeorar, y preocupa que el gobierno venezolano no haya aceptado observadores internacionales. Los ojos del mundo, sin embargo, no pueden perder de vista lo que está sucediendo en estas elecciones.
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