Domingo, 22 de enero de 2017

| 2006/06/11 00:00

Guerra sucia

Después de liderar las encuestas durante más de dos años, el candidato izquierdista Andrés Manuel López Obrador está empatado en la recta final con el oficialista Felipe Calderón.

Andrés Manuel López Obrador, del PRD y Felipe Calderón , del PAN, están cabeza a cabeza, mientras Roberto Madrazo, del PRI, está virtualmente por fuera de la carrera

El pasado martes, los mexicanos pudieron ver por primera vez a los cinco candidatos presidenciales exponiendo sus propuestas más allá de la guerra de insultos y acusaciones de corrupción que han caracterizado a esta campaña. Aunque estuvieron todos los aspirantes, para nadie es un secreto que los únicos protagonistas que quedan son el ex alcalde de la capital Andrés Manuel López Obrador (conocido como Amlo), del Partido de la Revolución Democrática (PRD), y Felipe Calderón, del gobernante Partido de Acción Nacional (PAN). Hoy se encuentran virtualmente empatados en las últimas encuestas de intención de voto, con el 36 por ciento, y nada está escrito de cara a las elecciones del 2 de julio.

En un lejano tercer lugar, el candidato del PRI, Roberto Madrazo, ya no es más que un invitado de piedra. Tanto es así, que en un acto desesperado llamó a la gente de su partido a no creer en las encuestas, que lo dejan con 24 por ciento, y de convencer a por lo menos cinco amigos a que voten por él. Sin embargo, los votos del PRI, el legendario partido que gobernó desde 1917 hasta 2000, no dejan de ser importantes. Para los analistas, las elecciones serán decididas por los indecisos y por los seguidores del PRI que voten por López Obrador para evitar el triunfo del PAN. Una posible alianza de priístas y perredistas fue sugerida el mes pasado por el propio Madrazo, para quien la injerencia del presidente Vicente Fox en la campaña de Calderón es inaceptable y obliga a los demás partidos a unirse en su contra. Días después, esta posibilidad fue descartada y dejó en el ambiente la idea de que el PRI está hundido y dando patadas de ahogado.

El ambiente del debate estuvo enrarecido por el atentado sufrido pocas horas antes por la esposa del empresario Carlos Ahumada, encarcelado por fraude, quien había amenazado con difundir unos videos que comprometerían en un escándalo de corrupción a López Obrador. La justicia no ha aclarado el incidente y mientras unos acusan a seguidores de Amlo de querer impedir que los videos sean entregados, otros presumen que es un montaje del PAN dentro de una campaña de desprestigio que ya lleva varios meses y que tiene como objetivo principal el candidato de la izquierda.

Quien parece haber orquestado esta campaña es el propio presidente Vicente Fox, al punto que el Instituto Federal Electoral (IFE) en un pronunciamiento dijo, meses atrás, que el Presidente había violado la ley de campañas. Aunque ha sido catalogada de "guerra sucia", todo parece haberles salido a pedir de boca a Fox y su partido. Tres meses atrás nadie habría apostado un centavo en contra de la llegada de López Obrador a la Presidencia. Hoy, su popularidad está decayendo mientras la de Calderón, ex ministro de Energía del gabinete de Fox, cada vez se consolida más.

Cuando la popularidad de López Obrador estaba en su punto más alto, de las toldas de Calderón apareció una agresiva campaña publicitaria dedicada a mostrar a Amlo como un "peligro para México" y un populista equiparable a Hugo Chávez. En febrero, una de las figuras más influyentes de la derecha, el ex presidente del gobierno español José María Aznar, viajó a México para apoyar la campaña de Calderón y criticar la de su contraparte. El pasado primero de junio, el IFE multó al PAN con 13.000 dólares por transgredir las normas electorales.

En el juego sucio también ha entrado el ex alcalde del Distrito Federal, quien respondió con la misma moneda y en el debate del martes acusó a Calderón de favorecer a sus familiares en la concesión de contratos cuando era ministro. En uno de sus recientes editoriales, el influyente diario El Universal afirmó que la peor cara de la campaña es que se había hecho de "mala fe". El 2 de julio los mexicanos elegirán a su nuevo Presidente y aunque en teoría va a ser la primera elección verdaderamente democrática desde la caída del PRI, las viejas prácticas políticas parecen no haberse olvidado del todo.

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