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| 9/19/1983 12:00:00 AM

HABLA ANDRE GLUCKSMANN

Los intelectuales parisinos le retiran sus afectos a Mitterrand. ¿Porqué?

Se dá en estos días una importante polémica en Francia. Con el arribo de Mitterrand a la Presidencia del país llegaba al poder un fino escritor, un lector ávido y un político decidido a darle a la cultura un puesto esencial en la sociedad francesa. ¿Por qué ahora los intelectuules, que se supone deberfan ser los "aliados naturales" de ese mandato, desaprueban abiertamente dicha acción gubernamental? Nadie mejor para inmiscuirse en ese debate que André Glucksmann, exponente clave de los "nuevos filósofos". SEMANA por ello se reunió con él en París para explorar así los ejes centrales de ese debate. He aquí los resultados:
SEMANA: ¿Cómo vivió usted la llegada de la izquierda al poder?
ANDRE GLUCKSMANN: Sin ilusión, porque conocía a muchos de los actuales ministros o a sus colaboradores y sabía que, acaparados por la lucha de fracciones en el PS, habían permanecido inactivos intelectualmente. El 1 de mayo de 1981, tuve la impresión de que llegaban al poder gentes que no habían pensado desde 1968 y que, en consecuencia, ignoraban los debates que habían llevado a cabo en Francia y en otras partes.
Me refiero a los debates suscitados a partir de la lectura seria de Soljenitsyn. Del "Archipielago Gulag" fueron vendidos en Francia 700.000 ejemplares, lo que prueba que no es un fenómeno marginal o una simple moda. Su lectura nos llevó a cuestionar nuestros conceptos ante las realidades del siglo XX. Ese cuestionamiento fue ignorado por los intelectuales del Partido Socialista.
S.: La desafección o ruptura de los intelectuales con los partidos de izquierda fue, pues, anterior a la llegada de F. Mitterrand al Elyseo.
A. G.: En mi caso sí. Y la acción del gobierno durante estos dos años ha confirmado mis temores y mis posiciones. El mismo día de su posesión, Mitterrand fue al Panteón a depositar flores sobre algunas tumbas. El buen humanista que pretende ser el Presidente, invitó a algunos intelectuales que han luchado por las libertades. Estaban presentes, intelectuales anticolonialistas, anti-imperialistas y procubanos, lo que, a mis ojos, no es la misma cosa. Pero no había ningún disidente de los países del Este.
En la medida en que Mitterrand considera que los intelectuales representan las luchas de los pueblos que quieren liberarse del imperialismo, me toca comprobar que olvidó la mitad de la humanidad doliente y combatiente. Miles de millones de personas si se incluye Rusia y China.
Es un olvido monumental. Eso muestra simplemente un retraso mental y su incapacidad de ver el planeta en su conjunto.
Fíjese que gentes como Sartre -comprometido con la izquierda- había rectificado sus posiciones sin, por ello, defender el imperialismo. Sartre había afirmado que hay dos imperialismos, que toca luchar contra todas las dictaduras vengan de donde vengan y que un muerto es un muerto sin diferenciar los asesinatos perpetrados por los aviones americanos o soviéticos.
Recuerde que, aún permaneciendo alejados, ideológicamente, Sartre y Raymond Aron se habían reconciliado sobre un punto preciso: salvar los boat people vietnamitas. Ese paso había requerido un gran esfuerzo intelectual por parte de Sartre. Los intelectuales del Partido Socialista, a pesar de ser más jóvenes y de no estar atados con el pasado -con el cual no se comprometieron- no han hecho ese esfuerzo.
S: ¿Cómo explica usted que el análisis del fenómeno totalitario soviético, se esté convirtiendo en el sujeto más importante para los intelectualesen Francia?
A . G.: Simplemente porque, en general, las colonias europeas se han emancipado y que para nosotros los países colonizados más próximos son Polonia, Checoslovaquia y Hungria.
Que el actual poder no lo vea, es un hecho de ceguera mental, intelectual y política. Este anacronismo, como es lógico, repercute en otros campos de la actividad gubernamental. Su política económica, por ejemplo, que es mucho más keynesiana que marxista.
Cualquier economista o intelectual informado sabe que tanto en Suecia como en Inglaterra el keynesismo fue aplicado hasta sus últimas consecuencias. Con todo, el gobierno francés decidió reactivar la economía gracias al consumo. Política que no sólo fracasó sino que incidió en el endeudamiento masivo de Francia.
S.: Bernard Henry Levy (el más representativo de los "nuevos filósofos" f ranceses) afirmó que las nociones de derecha e izquierda son "terriblemente arcaicas". ¿Comparte usted ese análisis?
A.G.: No. Creo que esa nociones tienen parcialmente un valor. Sobre algunos puntos se puede decir que hay posiciones de izquierda y de derecha.
Sobre otras, no. El anti-colonialismo, por ejemplo, es un valor de izquierda. Yo lo reivindico. El estatismo es otro valor de izquierda, yo lo rechazo. El anti-totalitarismo, en cambio, no es un valor de izquierda o de derecha. Lo mismo ocurre con la instalación de misiles norteamericanos Pershing-2. Mitterrand y Marchais (secretario del PCF) no están de acuerdo sobre su despliegue.
La misma contradicción existe entre el partido de Chirac y algunos giscardianos. Es decir, que sobre problemas tan esenciales como la defensa de Europa y el armamento nuclear, no hay un punto de vista que pueda ser calificado de izquierda o de derecha.
S.: ¿Piensa usted que si el Partido Comunista dejara el poder -por su cuenta o no- los socialistas encontrarían un mayor apoyo entre los intelectuales?
A.G.: La unión PS-PC se ha hecho alrededor de ciertas ideas clásicas e inadecuadas a la situación actual: la idea de la nacionalizaciones como solución para economía, el proteccionismo -que Mitterrand rechazó- y el tema favorito del PC "producir y consumir francés".
La salida del PC del gobierno sería sólo un signo. Lo que resultaría significativo es la ruptura con ese conjunto de ideas retrógradas comunes al PC y a una parte del PS y de la derecha. La izquierda gubernamental vive basada en una herencia ideológica y política extremadamente vieja; sus líderes no cesan de repetir que la república venció a la monarquía, y de recordar las luchas de la izquierda durante el "affaire" Dreyfus o durante la época anticolonial. Por esto, Jack Lang come camarones con Fidel Castro creyendo así tocar el espíritu del siglo y el futuro del mundo.
Esta izquierda no dice, en cambio nada sobre el movimiento de rebeldía que se manifiesta entre los pueblos que se encuentran bajo dominación soviética, ni sobre el destino europeo o el pacifismo.
S.: El gobierno parece quejarse de que, a pesar de múltiples esfuerzos, los intelectuales que aceptan puestos o misiones de Estado son poco numerosos...
A.C.: Los intelectuales no están encargados de suministrar cuadros a la diplomacia. Su papel es, en principio, hacer análisis lo más racionales y científicos posibles y presentar propuestas. Naturalmente, no todas son buenas. Los intelectuales emiten, a veces, ideas detestables. La tarea del gobierno es juzgarlas, tenerlas en cuenta o rechazarlas.
El verdadero problema es saber si el gobierno observa lo que hacen los intelectuales o no. Personalmente, me permití darle dos consejos a Mitterrand. Cuando hizo el discurso de Cancún -que yo aprobé- deploré en el periodico "Liberation" que el Presidente no pronunciara el mismo discurso para Europa del Este.
De la misma manera propuse al gobierno liberar la televisión. En Italia hay, según las zonas, veinte o más canales de TV. En Nueva York hay unos 60. En Francia sólo hay tres canales estatales que funcionan poco y mal. Nadie ignora que "los medias" son un importante instrumento de formación de la gente. El gobierno actual, en vez de favorecer esa formación la ha bloqueado, bloqueando el audiovisual. Jack Lang es el responsable de ese anacronismo, pues, prefiere construir una opera -que no tiene nada de popular- en vez de liberar la TV.
Ese desprecio elitista del público, ese estatismo evidente está haciendo tomar un retraso extraordinario a Francia en el campo audiovisual y obstruyendo una salida para la actual crisis económica. En efecto, la industria del audiovisual y de la informática -circulación de ideas, imágenes e informaciones- jugarán para la economía, dentro de pocos años, el mismo papel que la industria automovilística en los años treinta.
El gobierno debería examinar las propuestas de los intelectuales y discutir con ellos. Esa es la manera como concibo un verdadero diálogo.
Atribuir puestos o misiones a los intelectuales es un método clásico que se llama compra. La compra de los intelectuales figura en la historia de nuestras democracias y ha sido practicada por gobiernos de derecha o de izquierda.
S.: Según el portavoz del gobierno, el destino de Francia depende, en gran parte, del actual movimiento de ideas. ¿Alrededor de qué temas se organizarán, según usted, esos debates?
A. C.: En primer lugar, sobre el pacifismo. Francia tiene una posición neta en materia europea pero, paradójicamente, no hay casi debates. Sobre el pacifismo hay un número considerable de libros en Alemania y en Estados Unidos; pero casi nada en Francia. La explicación es que, como ya dije, el pacifismo no es un tema de derecha o de izquierda. Subyacente a ese tema del cual depende el futuro de Europa, se encuentra el problema del destino de Alemania. No es evidente que Alemania Federal quiera seguir siendo, entre los países occidentales, un país superdesarrollado económicamente y subdesarrollado políticamente. Ese estatuto que resulta de la Segunda Guerra Mundial es insoportable para un joven alemán. Y se comprende. La tercera generación no tiene por qué cargar con los pecados hitlerianos de sus abuelos.
Un joven alemán no ve por qué es un general norteamericano quien debe apoyar o no el botón de los misiles instalados en su país.
La consecuencia es evidente: No habrá misiles en Alemania y la influencia soviética será más fuerte y más amenazadora o los misiles deberán ser europeos, es decir, alemanes.
Los europeos no tenemos por qué no tomar en serio las declaraciones de norteamericanos -como Kissinger- según las cuales los Estados Unidos no tienen la intención de defender nuclearmente a Europa.
La defensa europea será, en consecuencia, un problema crucial durante los próximos diez o veinte aiRos. Para mí, la solución es que Alemania posea sus misiles.
Nuestro destino es ser europeos. De lo contrario, seremos norteamericanos o rusos. En ese caso preferiría ser norteamericano. Pero quiero ser europeo.
S.: ¿Cómo explica usted el silencio de los intelectuales franceses alrededor de situaciones graves como la de América Central, por ejemplo?
A.C.: Un intelectual europeo no puede apoyar incondicionalmente cualquier movimiento revolucionario.
Un intelectual europeo sabe por una experiencia que es, desgraciadamente, muy europea -la de Europa del Este- que movimientos que pretenden ser revolucionarios pueden desembocar en grandes dictaduras. Un intelectual europeo sabe que en nombre de la revolución se han cometido tantos crímenes como en nombre de la derecha.
No ignoro, sin embargo, que la exterminación indígena en Guatemala, por ejemplo, es un problema dramático y extremadamente grave.
S.: ¿Qué salida preconiza usted para los "esclavos en rebelión", para emplear una de sus expresiones?
A.C.: Creo que hay revoluciones que son necesarias contra dictaduras insoportables. Pero no es seguro que esas revoluciones generen más libertades que las dictaduras que han derrocado.
Hay, por otro lado, revoluciones que se hacen o se promueven cuando todas las vías para una transformación no-revolucionaria de la sociedad no han sido intentadas. Esto en virtud del marxismo-leninismo que ha decretado que es la única vía. Existe, en fin, una tercera vía que es la que yo apruebo y que me parece ser la invención de una parte de la Iglesia Latinoamericana y del movimiento social en Polonia.
Me parece esencial el trabajo de reflexión hecho por estudiantes, e intelectuales brasileros que han rechazado la vía armada dándose cuenta de que era sustituir un amo por otro. En esto coinciden con disidentes soviéticos como Bukovski o polacos como Micnick, quienes concluyeron que la violencia es un círculo vicioso. Ahí se encuentra la salida para el siglo XX y para el mito de la revolución.
José Hernández corresponsal de SEMANA en París
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