Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 1983/07/25 00:00

HABLA BERNARD PONS

HABLA BERNARD PONS

SEMANA: ¿cuál es su balance después de dos años de poder socialista?
BERNARD PONS: Creo que e régimen socialista-comunista ha fracasado en el plano económico político y social. Llegando al poder los socialistas calificaron de "catastrófica" nuestra herencia. En realidad, las cajas de Estado estaban llenas y la salud del franco era buena. Demasiado buena porque el gobierno precedente había aplicado una política, quizás demasiado monetaria. Había, reconozco, el problema del desempleo y de la inflación. En un primer momento, los socialistas decidieron reactivar el crecimiento económico. Su intención era buena pero buscaron hacerlo fomentando el consumo, solución totalmente artifical en un país en donde el sector industrial no estaba preparado para responder a una demanda suplementaria. Sucedió lo que nosotros temíamos: las importaciones se incrementaron aumentando considerablemente el déficit de nuestra balanza comercial.
S.: ¿Qué lo hace pensar que ustedes habrían obtenido mejores resultados?
B.P.: No creo que hay que ser presuntuoso y afirmar que nuestro balance habría sido mejor. Sin estar en el gobierno, no puedo suministrarle ninguna prueba. Pero déjeme recordarle que nosotros gobernamos a Francia durante 22 años y medio -en circunstancias no siempre favorables- y mostramos que éramos capaces de hacer de Francia un gran país con una gran proyección e influencia en el mundo. Entre 1961 y 1971 se habló, en efecto, del "milagro francés". De 1973 a 1981, los resultados no fueron tan buenos, como consecuencia del choque petrolero, pero fueron positivos. Francia era el tercer país exportador y la quinta potencia mundial. Hoy no es ni lo uno ni lo otro.
S.: Durante la campaña presidencial ustedes habían afimado que la elección de Francois Mitterrand significaba la sovietización de la economía y un peligro para las libertades. ¿Es un lenguaje que se justifica hoy en Francia?
B. P.: Enteramente. Estamos asistiendo a la instalación discreta y silenciosa de un sistema de democracia popular, pues la política del régimen actual se basa en la lucha de clases.
S.: Varias veces ustedes han puesto en entredicho la legitimídad del actual gobierno...
B. P.: Jamás el RPR. El presidente fue elegido por una mayoría de franceses. Esa mayoría le otorga la legitimidad. Ahora, es evidente que desde las elecciones municipales en las cuales el poder socialista-comunista demostró ser minoritario el presidente tiene derecho de preguntarse si sigue siendo mayoritario en el país. Pero es su problema de conciencia.
S.: Según usted habrá un "mayo del 68" contra el gobierno socialista. . .
B. P.: Los acontecimientos de los últimos meses muestran que el descontento aumenta en el país. Después de la explosión de alegría real y profunda en el país, el 10 de mayo de 1981, -la oposición tiene que tener en cuenta ese hecho- hubo un período de decepción y ahora vemos aparecer signos evidentes de cólera, la cólera es mala consejera. No creo que, por ahora, sea grave ni que se pueda hablar de un nuevo mayo del 68 pero pienso que hay un poco de pólvora esparcida por muchas partes y que bastaría poco para que todo estalle. Bastarían sólo algunos errores del gobierno y como parece complacerse cometiendo errores, digo que todo es posible.
S.: Ustedes critican la participación de los comunistas en el poder, pero ese hecho y su alianza con Francois Miterrand les ha valido la pérdida de una enormeaudiencia en el país...
B.P.: El partido comunista no es un partido como los otros. No soy quien lo dice, es él. Es un partido que basa su estrategia en la lucha de clases y en la toma revolucionaria del poder. A los comunistas les importa poco bajar en los sondeos o perder electores en las elecciones democráticas. Lo que les interesa es estar en el poder, y con los socialistas están a través de cuatro ministerios o secretarios de Estado. Nosotros seguimos considerando que su participación en el gobierno es peligrosa para el país.
S.: ¿Piensan ustedes instalarse en una oposición sistemática al gobierno de izquierda?
B. P.: No crea que soy un opositor sistemático. Cuando el presidente llamó a los franceses a movilizarse contra la droga, nosotros pedimos a nuestros militantes apoyar esa medida. Nosotros aprobamos igualmente su actitud corajuda al condenar el hegemonismo soviético y afirmar, ante el parlamento alemán, que si las negociaciones sobre el desarme fracasan sería necesario instalar en Europa los cohetes americanos.
Pero temo que también en el campo internacional el actual gobierno utiliza un doble lenguaje. Si en el debate Este-Oeste el Presidente aparece como un fiel aliado de los Estados Unidos, en el debate Norte-Sur ha tomado posiciones profundamente contrarias a los Estados Unidos. Es posible que sea cierto pragmatismo, pero sería necesario que lo explicara más claramente.
Me parece necesario puntualizar, por otro lado, que la división izquierda-derecha no corresponde a la realidad de Francia. Hay en el seno de la actual mayoría gentes muy conservadoras a pesar de sus declaraciones y en la oposición gentes preocupadas por el progreso social. Se puede hablar de mayoría y oposición. Pero el verdadero debate en nuestro país se sitúa entre los republicanos y los marxistas.

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