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| 4/16/1984 12:00:00 AM

HABLA EL PRESIDENTE DE MEXICO

En el sistema mexicano el "señor Presidente" es el señor Presidente", más que en cualquier otro régimen presidencialista.
Centro y cumbre de una maquinaria política que ha demostrado su eficacia durante más de medio siglo, el jefe del Estado gobierna sin los sobresaltos que suelen perturbar el sueño de sus colegas del sur hasta que está por expirar su mandato. Entonces él mismo -como jefe del Partido Revolucionario Institucional- propone al hombre que habrá de sucederlo. Así ha venido ocurriendo sin variaciones decisivas desde 1929.
Pero el peso específico de la figura presidencial no se limita al ámbito doméstico. Desde hace varias décadas y particularmente en los últimos veinte años, México ha jugado un rol protagónico en la escena internacional. Su vocación pacifista ha servido, sin ninguna duda, para frenar y morigerar la teoría del "patio trasero " y el "destino manifiesto ". Y esta política exterior, crecientemente apoyada por otros países de la región, también suele encarnarse en el primer mandatario. Cada uno de ellos, con un estilo propio, ha defendido ciertos principios inalterables.
¿Cuál es el estilo de Miguel de la Madrid ? El que convenía a México en tiempos de crisis: el de un planificador riguroso, poco dado a los gestos espectaculares, que gana tiempo y espacio con discreción, procurando eludir las confrontaciones.
SEMANA pudo acceder al Presidente de la Madrid en visperas de su viaje a Colombia, inicio de su primera gira al exterior.
SEMANA: Sobre ésta, su primera gira al extranjero, se ha especulado mucho. Algunos observadores ponen el acento en el aspecto político, otros en el económico. Ya que podemos preguntárselo al protagonista, quisiéramos saber: ¿cuál es el aspecto principal?
DE LA MADRID: Creo que en las relaciones entre Estados, entre gobiernos, es difícil simplificar dónde se pondrá el énfasis o cuáles serán los temas del acercamiento. En realidad es todo el fenómeno de ambos pueblos lo que en este tipo de visitas está presente.
Desde luego las relaciones fundamentales entre dos gobiernos son de naturaleza política, pero en el mundo en que vivimos la política tiene cada día más contenidos económicos.
En mi visita a los países latinoamericanos -y en el caso concreto de Colombia- me propongo hacer una evaluación general de las relaciones entre nuestros países. El canal es indudablemente político, pero el contenido de nuestras preocupaciones también es evidentemente económico. En dos aspectos: en el de las relaciones bilaterales y también en el de las relaciones multilaterales. En el plano de las relaciones económicas de los países latinoamericanos entre sí, pero también en las posiciones de política económica internacional de América Latina frente al resto del mundo.
S.: ¿Frente al Norte industrializado?
D.L.M.: Frente a las demás áreas. Porque yo creo que América Latina es típicamente la clase media mundial. Y así como los países latinoamericanos tenemos una tradición de solidaridad con los países en proceso de desarrollo, tenemos, desde luego, relaciones importantes, decisivas, con los países industrializados.
Creo que es conveniente que América Latina trate de coordinar sus posiciones, sus tesis y sus análisis, frente al resto de las áreas geopolíticas y geoeconómicas del mundo para, en la medida de lo posible, aumentar su capacidad de influencia y su poder de negociación.
S.: ¿Podría surgir de estos encuentros el inicio, el embrión de alguna nueva forma de agrupamiento subcontinental ?
D.L.M.: Yo creo que América Latina ya tiene organizaciones económicas a nivel subcontinental, como es el caso concreto de ALADI, el Pacto Andino o el Sistema Económico Latinoamericano (SELA). Me inclino, más que a buscar otros esquemas o nuevas organizaciones, a que revaluemos el estado que guardan nuestras actuales organizaciones y las reforcemos y actualicemos en relación a los problemas que confrontamos.
Creo que lo que conviene es que busquemos todos juntos una solidaridad más firme y amplia entre todos los países de América Latina y que no vayamos a incurrir en fenómenos que podrían despertar suspicacias, como bloques o subbloques dentro de la propia América Latina.
S.:Señor Presidente: cuando usted pidió autorización al Congreso para salir del país, habló de una "respuesta latinoamericana" en relación al nuevo concepto de "seguridad económica colectiva". ¿ Cuál piensa que podría ser la reacción de la actual administración norteamericana frente a esta iniciativa?
D.L.M.: Yo no creo que sea una reacción desfavorable, ni mucho menos. Creo que cuando estamos haciendo estos acercamientos es para estrechar nuestras propias relaciones y para -como decía hace un momento- coordinar las posiciones de América Latina frente a otras áreas, incluyendo Estados Unidos.
Yo espero que se entienda bien cuál es el propósito de esta política latinoamericana de México, que en forma alguna pretende ser hostil a país o área alguna.
S.: El canciller mexicano, Bernardo Sepúlveda, descartó -en la última Conferencia Latinoamericana celebrada en Quito- la posibilidad de crear mecanismos de consulta comerciales y financieros y de integrar un sistema de trueque de mercancías.
¿Lleva usted en su viaje algunas iniciativas concretas en esta materia?
D.L.M.: Creo que los momentos económicamente tan difíciles que nos están afectando a los países latino americanos, nos obligan a explorar cualquier forma de cooperación intralatinoamericana que nos ayude superar la crisis actual.
En el caso de la deuda externa, que un problema común a los países de América Latina, con diferentes grados de agudeza, es necesario conocer mejor las respectivas realidades y buscar los mejores planteamientos y opciones para manejar el problema.
Nosotros nos hemos opuesto a bloques de deudores para negociar colectivamente con los acreedores porque no creemos que sea una vía práctica eficaz, para resolver la cuestión.
El sistema financiero internacional no se presta a este tipo de negociaciones colectivas. Están fragmentados los acreedores y estamos fragmentados los deudores. Pretender hacer dos bloques implicaría una confrontación que no ayudaría al clima mismo de las negociaciones. Y, por otra parte, reconozco que el caso de cada país es diferente al de los otros. Sin embargo, eso no debe inhibirnos para que tengamos una mayor comunicación, un mayor conocimiento y una cooperación recíproca en aspectos técnicos, y para adoptar ciertas tesis comunes en materia de política económica internacional.
La deuda externa de los países en proceso de desarrollo es un asunto de la mayor importancia a considerar, no solamente en el aspecto netamente financiero, sino por su conexión con otros aspectos de la relación económica internacional. No podemos -por ejemplo- desligar el aspecto financiero del aspecto comercial.
Se tendrá que dotar a los países deudores de capacidad de pago, para que puedan hacer frente a sus obligaciones. Y esa capacidad de pago solamente se irá concretando en la medida en que los países subdesarrollados tengan mayores posibilidades de exportación que equilibren sus respectivas balanzas y les generen remanentes para hacer frente al servicio de su deuda.
Pero también, desde el punto de vista financiero, habrá que buscar que la estructura de la deuda, en materia fundamentalmente de plazos (pero también de costos), se vea con toda objetividad.
El problema de la deuda es encontrar fórmulas para que se pueda pagar, en beneficio de acreedores y deudores.
S.: En este sentido, señor Presidente, ¿no piensa que hay un cierto jacobinismo (como bien lo dijo el canciller argentino aquí en México), por parte de la banca privada mundial? ¿No son demasiado draconianas las exigencias que plantean a los países en desarrollo?
D.L.M.: Bueno, yo creo (lo he dicho en otras ocasiones), que el buen banquero necesita un cliente vivo y no clientes muertos. Y que los banqueros tienen que reconocer la conveniencia de buscar mecanismos y fórmulas para que el servicio de la deuda se pueda cumplir.
México, concretamente, ha logrado comprensión de la banca internacional en la reestructuración de su deuda externa. Ha sido un proceso de negociación nada sencillo, pero al fin y al cabo lo estamos logrando.

S.: Algunos países latinoamericanos, como Argentina, han manifestado que apoyarán al Grupo de Contadora, pero "desde afuera ". ¿No sería mejor que se incorporasen plenamente?
D.L.M.: Los miembros del Grupo Contadora hemos tenido la fortuna de contar con un gran consenso de parte de la comunidad internacional. En primer lugar, de los propios países de América Latina. Prácticamente todos los países de América Latina han hecho pronunciamientos de simpatía y apoyo al esquema de pacificacion que ha propuesto el Grupo Contadora.
De vez en cuando algunos países latinoamericanos nos han planteado si creemos conveniente que se integren formalmente al Grupo.
Nuestra posición ha sido, desde luego, de agradecimiento por este apoyo, pero desde un punto de vista práctico les hemos hecho notar que el ejercicio de diálogo y negociación que hace el Grupo Contadora ya es de por sí bastante complejo. Además de los cuatro miembros del Grupo (que es simplemente un instrumento de conciliación y pacificación), tenemos que estar tratando con los diversos países centroamericanos, fundamentalmente, y también tenemos que estar dialogando con las otras partes interesadas en el conflicto; para ser específicos y concretos: el gobierno de Estados Unidos y el gobierno de Cuba.
Entonces, a los países latinoamericanos que nos han demostrado una gran confianza -y señalaría concretamente a Brasil y ahora Argentina aunque la hemos recibido también de Ecuador, Perú y otros más- les hemos dicho que es preferible seguir como hasta el momento: es decir, que los gobiernos del Grupo Contadora mantengamos informados a los países latinoamericanos de cómo va el grupo, de como camina o no camina, con el objeto no solamente de que ellos conozcan nuestra actitud, sino de que inclusive, si ellos tienen algunas ideas, nos las hagan saber.
S.: Usted decía recién: camina o no camina. La pregunta es obvia. ¿Camina Contadora?
D.L.M.: Creo que Contadora ha caminado en el sentido de evitar el agravamiento del riesgo bélico en América Central. Ha sido tan agudo el conflicto, tan alta la temperatura en ciertos momentos entre los países o dentro de los países, que hemos tenido permanentemente el riesgo de una guerra en América Central. Este riesgo no se ha actualizado y me parece que eso es ya, pues, un motivo de satisfacción para los países del Grupo Contadora.
Segundo: ha sido posible entablar un mecanismo de diálogo entre los países centroamericanos en conflicto. Antes no se hablaban. Me parece que ese es otro avance de Contadora.
Tercero: se ha podido precisar un esquema de objetivos para la pacificación. Esquema que parte de la realidad latinoamericana, en donde los problemas económicos y sociales constituyen el fondo de la tensión política.
Y cuarto, se está trabajando en diversos grupos técnicos, a distintos niveles, para lograr el objetivo básico de Contadora, que es la paz y, sobre la paz, un esfuerzo de cooperación para el desarrollo económico y social de los pueblos de América Central.
S.: Hace diez años que un Presidente de México no visitaba la Argentina. Evidentemente las relaciones con el gobierno militar fueron frías.Yo diría, más que frías. ¿Cuáles son las perspectivas que usted ve con el advenimiento de un gobierno democrático?
D.L.M.: Tengo gran esperanza de que el proceso de democratización de Argentina se consolide y avance. Se lo merece el pueblo de Argentina, pero además lo necesitamos también todos los latinoamericanos. Argentina es un país tan importante en América Latina, que lo que pase allí nos interesa a todos.
Mi visita afortunadamente coincide con un momento en que se establece un gobierno popularmente electo, con vocación francamente democrática y con un serio esfuerzo para dotar a Argentina de un sistema político institucional sobre la base de la libertad y la democracia.
Creo que esto es particularmente satisfactorio para todos nosotros, y para mi hacer la visita en estos momentos.
S.: Señor: en el plano humano, personal, ¿cómo le gustaría al ciudadano Miguel de la Madrid que la historia recordase al Presidente Miguel de la Madrid ?
D.L.M.: Pues como un Presidente que cumplió sus obligaciones para con la Nación, tomando en cuenta el momento que me tocó vivir. Yo he dicho que ante las graves dificultades del país, frente a los riesgos que implica y dada la crisis en que estamos inmersos a nivel mundial, lo fundamental en México es preservar un sistema democrático, con libertades, y darle al país una capacidad de desarrollo que beneficia a las grandes masas de la población.
Es probable que mi gobierno no tenga grandes éxitos cuantitativos de tipo económico, pero sí los podemos tener de tipo cualitativo, en una gran tarea de renovación nacional, que es lo que caracteriza fundamentalmente al gobierno que presido.
Miguel Bonasso Corresponsal de SEMANA en México.
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