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| 3/12/2014 12:00:00 AM

“¿Hablas ruso o ucraniano?”

Desde que Vladimir Putin evoca el ruso para justificar el despliegue de tropas en Crimea, el idioma se ha vuelto una posición política.

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AFP
"¿Hablas ruso o ucraniano? ¿Solo ruso? ¿Únicamente ucraniano?". La mayoría de los ucranianos son bilingües, pero la respuesta a esas preguntas se ha vuelto más que nunca una opción política, desde que el presidente ruso, Vladimir Putin, evoca la lengua común para justificar el despliegue de tropas en el país "hermano".

Tradicionalmente en el oeste nacionalista del país se habla el ucraniano, mientras que en el este y el sur fronterizos con Rusia es más común el ruso, pero la mayoría de la población utiliza uno u otro idioma según las circunstancias, ya que se trata de dos lenguas muy próximas.

El movimiento de protesta que llevó a derrocar al presidente Viktor Yanukovich —acusado de querer "vender" el país a Moscú— y más tarde, la intervención de las fuerzas armadas rusas en la península separatista de Crimea —de población mayoritariamente rusohablante— han reavivado la cuestión lingüística, que atormenta al país desde su independencia en 1991 tras el desmembramiento de la Unión Soviética. "En política, la utilización de la lengua es una seña que quiere decir 'usted está a favor o en contra nuestro'", explica la socióloga ucraniana Irina Bekechkina.

Los habitantes de Kiev, que se expresaban en ruso, pasaron a hacerlo en ucraniano como señal de protesta ante la intervención de Moscú.

El presidente depuesto Yanukovich es originario del este rusohablante, pero en un intento de borrar su imagen de 'hombre de Moscú' se dedicó a mejorar su manejo del ucraniano, la lengua oficial del estado, tras su elección en el 2010. Su eterna rival, a quien hizo encarcelar, la exprimera ministra prooccidental Iulia Timochenko, también nació en el este rusófono del país, pero por motivaciones políticas rechaza hablar ruso en público.

Por su parte, Oleg Tiagnibok, el jefe del partido nacionalista Svoboda, pidió un intérprete cuando un periodista ruso le hizo una pregunta en plena ola de manifestaciones. El líder de la formación de extrema derecha Pravy Sektor, Dmytro Iaroch, una de las cabezas visibles de las protestas contra Yanukovich, dijo que entendía el ruso pero que se niega a hablarlo.

Una realidad compleja

Aunque no lo hablen en familia, los ucranianos rusófonos entienden y escriben el ucraniano, cuya enseñanza era obligatoria también en tiempos de la URSS, a pesar de que el ruso era la lengua oficial.

Según los estudios, solamente el 1 % de la población no comprende el ucraniano y otro 1% tampoco el ruso, subraya la socióloga Bekechkina. A la hora de expresarse, el 30 % no habla el ucraniano con fluidez, lo que ocurre en igual porcentaje de la población respecto al ruso.

El último censo oficial realizado en Ucrania, en el 2001, reservó algunas sorpresas. Por ejemplo, muchas personas que vivían en regiones consideradas rusoparlantes respondieron con absoluta naturalidad que el ucraniano era su lengua materna. Éste fue el caso de dos tercios de la población de la ciudad de Dnipropetrovsk, así como del 54 % de los habitantes de la excapital ucraniana, Jarkov.

En la televisión hay muchos debates con presentadores que hablan ruso mientras los invitados se expresan en ambas lenguas.

Según el exboxeador Vitali Klitschko, candidato a las presidenciales del 25 de mayo y uno de los líderes de las protestas, la cuestión lingüística es "artificial". "Yo mismo soy rusoparlante, es difícil acusarme de nacionalismo. Mi madre es rusa, mi padre ucraniano, y nunca tuve la impresión de que mis derechos fueran pisoteados desde el punto de vista del idioma", afirma.

En el 2010, a pesar de las protestas en Kiev, fue votada una ley por iniciativa del presidente depuesto Yanukovich que establece el ruso como segunda lengua oficial en ciertas regiones del país. El nuevo gobierno propuso derogarla, pero encontró una gran resistencia de los sectores prorrusos. La socióloga Irina Bekechkina se opuso a la anulación de esta ley, que finalmente se mantuvo vigente. "Las regiones concernidas lo interpretaron como algo así: 'Los nacionalistas comienzan a dictarnos sus reglas'", afirma.
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