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| 6/11/1984 12:00:00 AM

HABLO LA HAYA

El fallo de la Corte Internacional de Justicia favorece a Managua, pero el Presidente Reagan insiste en su línea

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El doble fallo del 10 de mayo de la Corte Internacional de Justicia con sede en la serenísima ciudad de La Haya fue la única buena noticia que Managua recibió en las últimas semanas, acosada como está por todos lados desde el punto de vista militar y político. El fallo, claramente favorable a los sandinistas, y que por unanimidad rechazó la pretensión norteamericana según la cual dicho tribunal carecía de jurisdicción en los asuntos de Centroamérica, sobrevino poco después de que tropas hondureñas intervinieran por primera vez directamente, junto con bandas somocistas, contra un poblado fronterizo nicaraguense causando heridas a varias personas, ofensiva que al parecer incluyó la posterior incursión de dos helicópteros militares hondureños, el 8 de mayo, uno de los cuales fue derribado a ocho kilómetros de Potosí en un punto llamado Santa Julia territorio nicaraguense, por fuego antiaéreo sandinista. Además, en el mismo período, se hizo evidente un aumento de las tensiones entre la jerarquía católica nicaraguense y el gobierno sandinista, mientras que el gobierno de Costa Rica endurecía su actitud ante Nicaragua, tras un incidente en Peñas Blancas que Managua no vaciló en calificar como un "autoataque de la Guardia Rural costarricense" destinado a "crear un conflicto entre los dos países".
Ante esa racha de adversidades, para Managua, el fallo de La Haya fue un alivio por lo que moral y jurídicamente representa para ellos en sus relaciones con Estados Unidos y por el efecto progresivo que puede tener sobre las diligencias de paz del Grupo de Contadora.
En uno de sus apartes más importantes, el veredicto de la Corte Internacional de Justicia ordena al gobierno de Washington "cesar inmediatamente y abstenerse de toda acción destinada a restringir, bloquear o poner en peligro el acceso a los puertos nicaraguenses o la salida de ellos; y en particular la colocación de minas". En otro pronunciamiento, que sólo obtuvo un voto en contra, de los quince magistrados que integran el alto tribunal, La Haya declaró que "El derecho a la soberanía y a la independencia política de la República de Nicaragua, al igual que otros Estados de la región o del mundo, deben respetarsé plenamente y no deben ser puestos en peligro de ningún modo por actividades militares y paramilitares proscritas por el derecho internacional" Así respondía la Corte Internacional a la demanda interpuesta el 9 de abril pasado por el embajador nicaraguense en Holanda y ex ministro de Justicia Carlos Arguello Gómez quien al hacerlo explicó que ésta apuntaba "contra el financiamiento norteamericano de las denominadas actividades clandestinas contra Nicaragua" actividades que incluían "el minado de puertos, la destrucción de puentes, hospitales y aeropuertos y todos los ataques militares contra mi país".
Sin embargo, un día antes el gobierno norteamericano había declarado que ignoraría toda decisión de ese Tribunal en lo tocante a los cargos que le estaba haciendo Nicaragua lo que no impidió que días después, el Senado norteamericano mismo revelara que en la operación de minado sí había participación estadounidense.
La unanimidad de la Corte Internacional no fue posible ante la negativa, a suscribir el segundo fallo, del magistrado norteamericano Stephen M. Schwebel, ex asesor legal durante 20 años del Departamento de Estado. Pese a ello, dicho jurista suscribió el pedido de la Corte de que Estados Unidos y Nicaragua garanticen mutuamente "que no adoptarán medidas de ningún tipo que puedan agravar o extender la disputa presentada" ante ese tribunal.
¿Cederá Ronald Reagan ante esta presión jurídica de la afamada Corte Internacional, brazo judicial de las Naciones Unidas? Es muy dudoso. Apenas unas horas antes de que tal fallo fuera dado a conocer, el jefe de la Casa Blanca dirigió un mensaje a la nación norteamericana pidiendo apoyo para su línea centroamericana, la cual ha encontrado obstáculos en las últimas semanas en el Congreso. Reagan justificó la existencia de los "contras" y la guerra en El Salvador recurriendo de nuevo al argumento de que la Unión Soviética, Cuba y Nicaragua están tratando de "instalar el comunismo por la fuerza" en Centroamérica "nuestro umbral". El clima que creó tal discurso lo describió el senador demócrata Paul Tsongas al decir: "El Presidente conseguirá la ayuda, pero no por las razones correctas. Los republicanos lo apoyarán y los demócratas también porque no desean culparlo si algo sale mal". Y así fue, al menos con respecto a El Salvador al ser aprobado poco después en la Cámara de Representantes --212 contra 208 votos-- un paquete de ayuda militar, luego de 6 horas de intenso debate. Tal paquete otorga 311 millones de dólares para los próximos 18 meses y concede mayor libertad al Pentágono para reforzar la presencia militar norteamericana en Centroamérica.
El historiador Arthur Schlesinger, comentando el discurso presidencial y en especial la promesa en él contenida según la cual no habrá envío de tropas norteamericanas a la región, dijo que "los Presidentes que han dicho eso han tenido que comerse sus palabras". En las actuales circunstancias, agregó Schlesinger "los Estados Unidos ya han hecho el compromiso de apoyar militarmente al gobierno salvadoreño si este se encuentra al borde del colapso". Y concluyó: "Puede ser que se cite la excusa de la seguridad nacional o que las naciones del área "pidan" ayuda, pero para mí es bien claro que al final será el mismo: tropas americanas en Centroamérica."--

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