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| 3/6/2005 12:00:00 AM

Hace un año

Esta semana se conmemora el mayor atentado terrorista de la historia española. La vida sigue, aunque las heridas aún están abiertas.

Las explosiones estremecieron Madrid, pero se sintieron en el mundo entero. Esa mañana del 11 de marzo de 2004 los capitalinos corrían hacia el trabajo cuando la noticia los dejó paralizados. En la céntrica estación de Atocha y en otros lugares de tránsito, varias bombas habían roto para siempre la felicidad de muchos hogares. Los ataques causaron 192 muertos (entre ellos tres inmigrantes colombianos) y alrededor de 1.900 heridos, y demostraron a los europeos que el Viejo Continente no está fuera del alcance de los terroristas musulmanes.

El caso pasó a la historia como el atentado islámico más rápidamente resuelto de la historia, pero sigue siendo la piedra de choque entre los dos grandes partidos españoles. Al gobierno de José María Aznar le convenía deslindar al atentado de su participación en la invasión a Irak, y por eso se apresuró a atribuir los atentados a ETA. Un año después, su conservador Partido Popular sigue insistiendo en que nunca mintió cuando atribuyó los hechos a la banda separatista vasca ETA, y en que ésta tiene nexos con los extremistas musulmanes.

Sea como fuere, las elecciones que tuvieron lugar una semana después confirmaron, con el triunfo del socialista José Luis Rodríguez Zapatero, el viraje de la derecha a la izquierda y, con ello, Estados Unidos perdió un aliado privilegiado en Europa que respaldaba la invasión a Irak. "El cambio del poder en España ocurrió como un castigo de la ciudadanía a los errores cometidos por Aznar y su gobierno, que no sólo nos metieron en la guerra desoyendo al 80 por ciento de la población y a los 15 millones de personas que salieron a la calle para oponerse a la ocupación militar de Irak, sino que quisieron manipular a la opinión pública", explicó a SEMANA Vicenc Navarro, politólogo de la Universidad Pompeu i Fabra de Barcelona.

Cuando insisten en involucrar a ETA, los políticos del PP ignoran la tozudez de los hechos: la investigación por los atentados se resolvió en el tiempo récord de 23 días. Y la pista crucial fue un fragmento de pocos milímetros de carcaza de teléfono celular. La policía descubrió ese trozo de plástico en el almacén de teléfonos de los sospechosos, que encajaba en el celular desportillado del único morral bomba que no explotó. Entonces, el cerco se cerró, y la mayor parte del caso se resolvió el 3 de abril, cuando siete autores materiales de los atentados, acorralados, se suicidaron en un apartamento en las afueras de Madrid.

La clave de este éxito también radica en que España, con 42 millones de habitantes, sólo registra un promedio anual de 1.500 homicidios (comparado con 21.000 de Colombia) y el año pasado en Madrid, que tiene cuatro millones de habitantes, sólo ocurrieron 60 asesinatos, sin contar las víctimas del 11-M. Eso permitió que las autoridades pudieran dedicar todos sus recursos para perseguir y capturar a los terroristas islámicos.

Hoy la justicia tiene acusadas a 74 personas por los atentados de Madrid; 22 de ellas se encuentran en prisiones españolas y uno de los extremistas cumple condena en Marruecos. El expediente ha alcanzado 111 tomos con más de 38.000 folios, y sólo cinco de los sindicados no han podido ser capturados, pero están siendo perseguidos por Europa y el norte de África en una operación conjunta.

Los investigadores han concluido que la matanza de Madrid fue obra del Grupo Islámico Combatiente Marroquí, asociado a la red Al Qaeda. El jefe de la célula que perpetró los atentados fue el argelino Allekema Lamari, 'Yasin', quien se suicidó junto a seis miembros de su grupo en Leganés en abril pasado, y el autor intelectual fue el sirio Imad Eddin Barakat, 'Abu Dahdah', quien dirigió durante siete años en España las células islamistas que dieron cobertura a los pilotos suicidas del 11-S en Nueva York y Washington. Estos comandos también participaron en los atentados de Casablanca (Marruecos) en 2003 y perpetraron la matanza del 11-M en 2004.

Abu Dahdah fue capturado en Madrid pocos días después de los ataques contra las Torres Gemelas y desde entonces se encuentra en la cárcel, pero según la policía, desde allí planificó el ataque con morrales bomba a los trenes. El tercer personaje clave es el sirio Mustafá Setmarian, quien actuó como enlace entre Al Qaeda y la célula que perpetró la matanza. Prófugo desde entonces, Setmarian es uno de los terroristas más buscados del mundo por sus nexos con Osama Ben Laden. La policía española cree que está en Afganistán.

Pero el gran debate se ha concentrado en la Comisión del 11-M, compuesta por congresistas de los partidos parlamentarios y creada a mediados del año pasado. Allí el PP y el oficialista Partido Socialista Obrero Español (Psoe) se han acusado mutuamente de manipular la información para sacar ventajas electorales.

Aznar y Rodríguez Zapatero comparecieron ante esta comisión. El primero incriminó al Psoe y a sus medios fines por haber "usado" el 11-M para ganar las elecciones e insistió en que ETA tiene que ver con los terroristas musulmanes, y Zapatero aseguró que jamás existió una "línea de investigación hacia ETA", pues todos los indicios apuntaron a una acción islamista en represalia por la participación de España en la guerra de Irak.

Por su parte los inmigrantes afectados por los atentados, a quienes el gobierno de Aznar prometió legalizar y expidió una ley especial para ello, se sienten estafados. Un año después, apenas 908 extranjeros víctimas o sus familiares han conseguido papeles de residencia en España (entre ellos 89 colombianos), pues la mayor parte de las casi 2.600 solicitudes fueron rechazadas.

Ha pasado un año y la inteligencia de España y de los países de la Unión Europea ha aumentado sus agentes expertos en el mundo árabe. "El 11-M trajo la modernización de la inteligencia de la UE, pero principalmente aceleró los acuerdos de colaboración 'on line' entre los países miembros y las naciones musulmanas para prevenir los atentados", dijo a SEMANA el especialista en terrorismo internacional y profesor de la Universidad de Granada Francisco Fontencilla.

Pero las bombas del 11-M no lograron ahuyentar al turismo, principal fuente de divisas de España, y por lo tanto la tragedia no tuvo efectos económicos perceptibles. Contra todo pronóstico, España recibió el año pasado 52,6 millones de turistas, y el mayor crecimiento se registró precisamente en Madrid, visitada por 3,4 millones de personas, según datos oficiales. El terrorismo islámico llegó a Europa por la ciudad del oso y el madroño, pero un año después Madrid sigue siendo la capital más festiva de Europa y la tercera ciudad más visitada del mundo.
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