Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 2002/03/25 00:00

¿Hacia donde va Europa?

SEMANA estuvo presente en el Consejo Europeo de Barcelona. Esta es la mirada de una Europa que crece económicamente pero que se ahoga en términos políticos y democráticos.

¿Hacia donde va Europa?

"El siglo XXI apenas despega y Europa ya corre en primera línea". Esta parece ser la acertada descripción que un periodista británico del diario "The Times", escribiera hace unos días con motivo del gigantesco debate político en el que se encuentra sumido el Viejo Continente, y que trajo algunos resultados y reflexiones luego de la reunión del Consejo Europeo que se llevó a cabo en Barcelona.

28 Jefes de Estado y gobierno –los quince representantes de los Estados miembro de la Unión Europea y los 13 representantes de los países candidatos a su ingreso- se dieron cita en la ciudad española para buscar consenso frente a una diversidad de temas que Europa tiene pendientes en su agenda política, económica y social.

Desde el inicio de la reunión existía un marcado "euroescepticismo" ante los ejes de poder contrapuestos que hoy en día se identifican claramente en los círculos de poder europeo. Por un lado la tradicional alianza entre alemanes y franceses que por historia y peso político es determinante en la toma de decisiones de la Unión, y por otro, un nuevo bloque que se ha ido consolidando en el último tiempo integrado por Reino Unido, Italia y España, calificado como el "eje-ultraliberal".

Varios de los temas que se iban a debatir en la mesa de negociación eran de espinoso manejo. Tener dos ejes influyentes de poder, podría trastocar una fácil consecución de acuerdos y llevar a un fracaso la cita de Barcelona.

Según Arnaud Leparmentier, del diario francés Le Monde, "este tipo de situaciones se han vuelto reiterativas por la diversidad de temáticas e intereses que se negocian y acuerdan en el seno de la Unión Europea. Muchas veces los objetivos se truncan y en otras se obtiene; depende un poco de la coyuntura".

¿ Los desafíos de la Unión Europea ?

Más allá del escepticismo y las críticas, el Consejo Europeo de Barcelona era esperado con expectativa. Europa desde 1992 ha dado pasos de animal grande en la integración, donde ninguna otra región lo había conseguido, y esos pasos tienen sus costos e incertidumbres en el inmediato futuro.

Uno de los logros que Europa muestra orgullosa al mundo es la unión monetaria alcanzada con el lanzamiento del euro para doce países el pasado 1 de enero. Rodrigo Rato, vicepresidente segundo del Gobierno y Ministro de Economía de España manifestó en el encuentro que: " La respuesta al Euro ha sido espectacular por parte de los ciudadanos". Pero junto a ese logro se generan nuevos retos.

Hoy por hoy, la necesidad de una mayor democratización del funcionamiento de las instituciones europeas, y el repensar políticamente Europa si se quiere dar cabida a trece países más en menos de tres años son el dolor de cabeza de los políticos europeos. Más aún cuando los ciudadanos se movilizan, exigiendo ser tenidos en cuenta en las decisiones que se toman en Bruselas –sede de la burocracia institucional de la UE-.

Ya una Convención Europea se había reunido en dicha ciudad a finales de febrero para abrir espacios de reflexión política con el fin de encontrar el camino que debe seguir Europa. Incluso se habló de la necesidad de crear una constitución europea, pero al final li único que quedó claro es que la integración política presenta inmensos obstáculos.

En esta coyuntura, Barcelona se mostraba como el escenario adecuado para adelantar algunas de las tareas pendientes que reclaman los europeos. La agenda temática era variada y extensa: reformas para generar empleo y mejorar el mercado de trabajo, integración de los mercados financieros, inversión en la sociedad del conocimiento, reducir las amenazas de pobreza, asegurar la viabilidad financiera de los regímenes de pensiones, establecer un calendario para liberalizar el mercado energético, y acordar una posición conjunta en la ayuda de países en vías de desarrollo.

¿ Qué se consiguió ?

Aunque la diversidad de temas e intereses se cruzaban en un entramado de difícil solución, el gobierno del presidente José María Aznar actuó con liderazgo –al ser el país anfitrión y ejercer la presidencia de la Unión Europea-. Luego de casi dos días de sesiones, el Consejo Europeo alcanzó importantes objetivos, aunque en el papel las cuestiones estructurales siguen aplazadas.

En primer lugar, por primera vez se dio cabida y participación activa a los 13 Jefes de Estado y de gobierno de los países candidatos a la Unión Europea, con el fin de que conocieran de primera mano cómo se negocia en este organismo regional, y para que se informaran de los planes que tiene la Unión a mediano plazo.

En diálogo con SEMANA, Leszek Miller, primer Ministro de Polonia, quien nació en 1946 cuando Europa estaba dividida por la guerra y las ideologías dijo: "Los países candidatos a ingresar en la Unión Europea estamos en un proceso de intercambiar opiniones y aprender de las posiciones que mantienen las grandes potencias; además tenemos tranquilidad de estar haciendo las cosas bien con el fin de formar en unos años el mayor bloque político-económico mundial, que jamás nadie imaginara".

En segundo lugar, se aprobó una serie de medidas que impulsan económica y socialmente a la Unión Europea con el fin de que este bloque estatal sea para el año 2010 la economía más dinámica del mundo. En una rueda de prensa concedida a los centenares de periodistas asistentes, el presidente Aznar manifestó: "El proceso de reformas económicas y sociales es irreversible. La recuperación económica de Europa ha empezado y se consolidará este año. Nuestro objetivo es generar cerca de 20 millones de puestos de trabajo en la presente década y hacia allí estarán orientados nuestros esfuerzos".

Por otra parte el Consejo Europeo acordó abrir el mercado de la electricidad y el gas para el 2004; para ese mismo año se pretende también lograr un equilibrio en el manejo del presupuesto; se estableció un compromiso para ratificar el protocolo de Kioto antes de junio de este año. Además se llegó a un consenso para generar una aportación media del 0,39% del PIB europeo hacia los países en desarrollo para el año 2006; y se creó la tarjeta sanitaria europea con la que cualquier europeo podrá ser atendido en cualquier país de la Unión. Finalmente se estableció la integración de los mercados financieros en el 2005, y se buscará intentar aportar el 3% del PIB a la investigación para el año 2010.

Con esos logros bajo la manga el Consejo Europeo finalizó, más no así los retos que Europa sigue enfrentando. Romano Prodi, presidente de la Comisión Europea resumiendo un poco lo alcanzado y lo que falta, sentenció ante los periodistas: "Las bases de Barcelona son excelentes, ahora tenemos que poner en acción todas estas decisiones".

Sin embargo, parece aún poco claro para la alta jerarquía política europea que la Unión está caminando por un lado y los ciudadanos por el otro. Sería bueno recordarle a Schröder, Blair, Berlusconi, Chirac, Aznar o cualquier otro de los líderes del Viejo Continente lo que decía Jean Monnet quien fuera uno de los inspiradores de la integración europea a principios de los años cincuenta: "Nuestra Unión no es de Estados sino de personas".

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