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| 4/12/1993 12:00:00 AM

HACIA EL ABISMO

La crisis de poder de Rusia, que tiene al presidente Yeltsin cerca de su caída, tiene a occidente sin saber qué hacer.

UN BORIS YELTSIN SIN BRIOS, DESDIBUJADO, que durante la mayor parte del tiempo contempló la discusión inmóvil como una estatua, fue testigo de una resolución en la que el Congreso de Diputados del Pueblo (el "macro-parlamento ruso") recortó severamente sus poderes al frente de la Federación Rusa. La noticia recorrió nerviosamente el mundo. Por lo visto en la tormentosa sesión, el escaso apoyo parlamentario del presidente se diluyó en medio de la inflación, las difíciles condiciones de vida de los rusos y el desencanto por el proceso hacia el capitalismo. El panorama no podría ser más preocupante, con el fantasma del regreso al totalitarismo comunista a la vuelta de la esquina.
Pero muchos parlamentarios salieron en defensa de su actitud. Ivan Smirnov, de San Petersburgo, preguntó a un grupo de periodistas occidentales "¿Por qué se alteran tanto con nuestra resolución? ¿No tienen ustedes un sistema de pesos y contrapesos constitucionales entre las ramas del poder en sus países?".
Aparte de esa argumentación, que parece razonable, la preocupa ción que ha atravesado a las potencias occidentales es más que lógica. Al fin y al cabo el proceso de "normalización" de Rusia -el país más extenso del mundo- significa recorrer espacios desconocidos. Rusia jamás ha tenido nada parecido a una democracia representativa, por lo que su gente -parlamentarios incluidos- no tiene una tradición democrática de aceptación de las ideas ajenas y alternación del manejo del poder. Eso hace que cualquier muestra de inestabilidad se convierta allí, a los ojos occidentales, en la antesala del caos.
Porque lo cierto es que aún si el presidente las tuviera todas consigo, el proceso hacia la "democratización" de Rusia (léase también "capitalización") pasa por una inextricable maraña de obstáculos, desde la inercia heredada primero del paternalismo de los zares y más tarde del manto protector del comunismo, hasta la corrupción y el crimen organizado, pasando por la burocracia enquistada, las ambiciones regionalistas y una mentalidad nacional alienada por 70 años en que la libre empresa fue considerada un pecado contra el hombre.
Los países occidentales, con Estados Unidos a la cabeza, se devanan los sesos en el esfuerzo por entender qué hacer ante la crisis de poder en Rusia. Algunos piensan que en julio de 1991 los países del grupo industrializado o G-7 devolvieron a Mijail Gorbachov a Moscú con las manos vacías, y que un mes después se presentó el golpe fallido que a la postre causó la disolución de la Unión Soviética.
Pero otros piensan que en Rusia el problema nunca ha sido la escasez sino el pésimo manejo de los recursos por lo que la ayuda económica podría perderse sin cumplir ninguna función Y hay quienes sostienen que tras varios años de coquetear con la idea, los rusos ya están convencidos de que su país es diferente, de que su historia y tradiciones le apartan de una concepción de la vida semejante a la que impera en los países occidentales. El problema ya no sería salvar a Boris Yeltsin de lo que parece una caída inevitable, sino de idear una aproximación más ajustada a las realidades de un país de complejidad casi infinita, sin importar quién lleva las riendas.
Por lo pronto, Yeltsin respondió al Congreso con la convocatoria de su famoso plebiscito para el 25 de abril, en el que espera contrarrestar las medidas de sus enemigos y adquirir suficientes atribuciones para manejar el país. Los pronósticos son cada vez más sombríos, con el fantasma de la intervención de las Fuerzas Armadas gravitando sobre el panorama. Lo que pase en Rusia terminará afectando al mundo entero, pero parece ser muy poco lo que se puede hacer para influir en ese proceso.

EL DRAMA DE RAISA
RAISA GORBACHOVA ESTA enferma. La dolencia-cuyo nombre se desconoce- comenzó durante el golpe de agosto de 1991 en la dacha de Foros, en Crimea, cuando se le paralizó la mano y el brazo derecho, mientras era prisionera con su familia. Desde hace meses la ex primera dama entra y sale del hospital sin obtener resultados. Es más, se está agravando y parece que perdió el uso de la palabra y la capacidad de moverse.
El mismo Mijail Gorbachov dio la noticia el pasado 10 de marzo durante una entrevista a la televisión rusa. Gorbachov no sólo aceptó hablar por primera vez de un dolor tan personal, sino que también confirmó que ni Raissa -firstlady culta, elegante y poco amada por sus compatriotas- ni él estaban implicados con el golpe, ahora que debe comenzar el proceso contra los golpistas y en que el líder soviético será el principal testigo.
Las pocas Y tristes palabras de Gorbachov sorprendieron a los televidentes y causaron una ola de conmoción en el país. "Po bre, a veces no puede hablar, ella que durante el golpe se ofre cía hasta a empuñar las armas", dijo Gorbachov, quien confesó que por primera vez en 40 años de matrimonio, pasó el Año Nuevo separado de su mujer por la enfermedad.

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