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| 8/14/2005 12:00:00 AM

¿Hacia la guerra civil?

El desalojo de los asentamientos judíos de Gaza tiene dividida la población israelí entre los que apoyan la decisión del Gobierno y los que quieren evitarlo a toda costa

Daniel Translateur es uno de los miles de jóvenes soldados israelíes que en la últimas semanas se han dirigido a la franja de Gaza con el objetivo de vigilar que la retirada de los 8.000 colonos que habitan en los asentamientos judíos se lleve a cabo en su totalidad y sin mayores imprevistos. El plan de "desconexión", impulsado por el gobierno del primer ministro, Ariel Sharon, está programado para comenzar este lunes, pero se teme que haya contratiempos debido al gran movimiento que ha surgido en Israel y que pretende bloquear el proceso de la retirada de Gaza. Por tal motivo, el gobierno de Sharon ha preparado un gran operativo de seguridad para controlar que los colonos se hayan retirado de los asentamientos 45 horas después de comenzado el desalojo.

"No estoy de acuerdo con la retirada. Creo que los palestinos no están dando nada a cambio. Además, ya vimos lo que pasó hace un par de años, cuando después de la salida de Gaza vino una intensa intifada. A pesar de eso, participaré en la evacuación y haré bien mi trabajo. Este es un país democrático y estoy obligado a cuidar sus valores y las decisiones del gobierno", le dijo a SEMANA Translateur, un joven judío nacido en Bogotá que llegó a Israel hace más de cinco años.

Como Translateur, muchos israelíes no ven con buenos ojos la retirada de Gaza. Creen que Israel está entregando unos territorios que le pertenecen en un acto unilateral, sin que los palestinos se hayan comprometido a responder con un acto de paz. Por esta razón, miles de ciudadanos, liderados por los rabinos ultranacionalistas y por el ala más radical de la derecha, se han enfrentado al gobierno de Ariel Sharon y han salido a las calles desde hace meses, para protestar. Este movimiento 'anaranjado', como es llamado, tiene como propósito impedir la retirada. Argumentan que la salida de los colonos israelíes de la zona no será un impedimento para que organizaciones terroristas palestinas continúen realizando sus ataques violentos.

La gran división de opiniones que existe en Israel respecto a este tema tiene al país en medio de una crisis política, hasta el punto que dos de los ministros más importantes del gobierno Sharon han renunciado. El primero en hacerlo fue Nathan Sharansky, encargado de las relaciones con la diáspora y uno de los autores que más han influido en el pensamiento del presidente estadounidense, George W. Bush, sobre el tema de Oriente Medio. La posición de Sharansky quedó expuesta en una carta que le envió a Ariel Sharon. "Una vez más, estamos repitiendo los errores del pasado. No hemos entendido que la clave para lograr una paz duradera con nuestros vecinos palestinos son las acciones conjuntas. Necesitamos trabajar juntos para que los palestinos construyan una sociedad democrática. La salida de Gaza es una medida que incrementará el terrorismo y dividirá a la sociedad israelí".

A esta opinión se sumó la del ex primer ministro y ministro de finanzas, Benjamin Netanyahu, que presentó su renuncia el pasado 8 de agosto. Bibi, como es conocido en Israel, dijo que no podía seguir siendo parte de un gobierno que continúa con los planes de la evacuación. Netanyahu está convencido de que después de la salida, las organizaciones islámicas instalarán una gran base terrorista en Gaza. Además de esto, dijo estar en desacuerdo con este plan, argumentando que dividirá a los israelíes en dos: aquellos que apoyan la evacuación y los que se oponen a ella. Con la renuncia de Netanyahu, Sharon perdió uno de sus aliados más importantes en el gobierno y quedó muy debilitado dentro de su partido Likud, que en su gran mayoría se opone al plan de "desconexión".

El día después

El movimiento 'anaranjado' ha liderado grandes marchas para impedir que los colonos judíos sean desalojados de los asentamientos. El jueves pasado más de 100.000 personas se reunieron para protestar en Tel Aviv.

Durante los días previos a la salida de Gaza, el ambiente que se vivió en Israel fue de gran tensión. El jueves anterior, aproximadamente 100.000 personas se reunieron en la plaza de Yitzak Rabin, en Tel Aviv, lugar emblemático de los pacifistas y de la izquierda israelí, para protestar por la retirada. Y si bien es cierto que no se han presentado atentados en las calles y, aparentemente, la gente continúa con su vida normal, hay signos que reflejan la división que se vive dentro de la sociedad.

La semana pasada, algunas paredes del centro de Tel Aviv aparecieron empapeladas con carteles en los que se comparaba a los soldados israelíes con los nazis. En algunos sitios se han exhibido fotos que recuerdan aquellos días del holocausto en que los judíos fueron expulsados a la fuerza de sus casas. Incluso se han escuchado rumores que dicen que en el momento de la salida, algunos de los colonos llevarán uniformes similares a los que vestían los judíos en los campos de concentración.

Los colonos sostienen que Gaza hace parte de la tierra que Dios le prometió a su pueblo. Dicen que prueba de ello es lo que está escrito en la Biblia, en el libro de Deuteronomio. Shimon Kaplan, un colono que vive en Eleazar, un poblado religioso fuera de Gaza, dijo a SEMANA que en la Biblia se ve muy claro que Gaza es uno de los lugares prometidos. "Este gobierno quiere cambiar los planes divinos y por eso no estamos de acuerdo. No queremos violencia ni que mueran israelíes, por esto, nos opondremos hasta el último minuto. Además de esto, los palestinos lo quieren todo. Así entreguemos gran parte, seguirán pidiendo más", dijo.

Sin embargo, el pensamiento de Kaplan no representa a la mayoría de la población israelí. Semanas atrás, el periódico israelí Haaretz publicó una encuesta que mostraba que alrededor del 57 por ciento de la población estaba de acuerdo con la salida. Además de esto, el periódico ha venido sosteniendo que sólo una minoría de la población trata de detener los planes de retirada y de infiltrarse en Gaza para detener las labores de salida. "Estamos hablando de 50.000 fanáticos contra todo el resto de Israel", dice Haaretz.

Lo que realmente preocupa a la mayoría de israelíes es lo que ocurrirá en Palestina después de la salida de los colonos israelíes. Hasta el momento, la mayoría de pronósticos no apunta hacia nada bueno. El profesor de la Universidad de Tel Aviv Yoram Schweitzer viene diciendo desde hace algunos días que todo hace indicar que habrá una tercera intifada en la zona y que no se podrá hacer nada para prevenirlo. Por su parte, el analista Barry Rubin afirma que es muy probable que agrupaciones como Hamas, que ha advertido que no dejará las armas, se atribuyan la salida de Gaza como una victoria y se sientan en la necesidad de incrementar la violencia para mostrar su poder. Por último, otros analistas argumentan que si la salida no produce resultados, se generará una crisis dentro de Israel y de su gobierno.

El Primer Ministro ha respondido que si después de la salida se llegara a producir un ataque, Israel respondería con una fuerza no usada hasta ahora. Esto hace temer que no se lleve a cabo el segundo paso del plan de "desconexión", que consiste en desalojar los asentamientos de Cisjordania, que son mucho más numerosos y grandes que los de Gaza. Y si Sharon no continúa con este proceso, seguramente "perderá el apoyo de la coalición laborista y tendrá que hacer convocar a elecciones anticipadas", dice la revista The Economist, aunque asegura que es muy posible que el partido Likud, ya sea con Sharon o con Netanyahu, gane las elecciones.

La pregunta que muchos analistas se hacen es ¿por qué Sharon continúa con este plan, si sabe de antemano que puede fracasar? La estrategia de Sharon es darles gusto a sus aliados estadounidenses y dejar el balón en el lado de los palestinos. Si estos no desmantelan sus organizaciones terroristas, Israel le hará ver al mundo que son ellos los que no han cumplido con lo prometido y podrán ponerle freno a su proceso de desalojo. Toda una jugada de ajedrez.

Pero, por el momento, los soldados israelíes y la gente en general sólo están preocupados por lo que podrá pasar en los próximos días entre soldados y colonos. En Israel existe la idea de que un judío es responsable de cuidar a otro judío, y por eso la posibilidad de que haya enfrentamientos o muertes entre iguales horroriza al país entero. Israel no soportaría esto.
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