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| 7/3/2005 12:00:00 AM

Hacia la retirada

Adriana Puerta, corresponsal de SEMANA, estuvo en la zona que los colonos israelíes deberán abandonar en los próximos días. Ese paso llena de incertidumbre a todos.

Es un día caliente de julio y decenas de corresponsales de diferentes lugares del mundo han llegado a Gaza. La visita hace parte de un tour en el que los reporteros pueden ver los preparativos que se adelantan para la retirada de los colonos israelíes, que terminará el 15 de agosto. A medida que avanzan los días, la atención de los medios del mundo se centra en este lugar, considerado como el más densamente poblado y uno de los más peligrosos del mundo.

Mientras llega el día clave, Gaza parece un lugar tranquilo. Si no fuera por el calor extremo y el viento que levanta remolinos de arena gruesa, uno podría olvidarse de que está en el desierto. En el sitio donde hoy viven alrededor de 8.000 colonos israelíes hay campos de girasoles, jardines de rosas y casas inmensas donde las banderas de Israel se mezclan con los juguetes de los niños. Muy cerca de ahí se ven varias torres de observación, aparatos militares y tanques tripulados por jóvenes soldados israelíes.

Al recorrer el sitio, no cabe duda de que Gaza es uno de los lugares más densamente poblados de la Tierra. Allí viven un millón de palestinos y 8.000 colonos israelíes. En unos cuantos kilómetros hay campos de refugiados, mezquitas, bases militares, casas de campo en medio del desierto y cultivos israelíes. Sin embargo, aunque las casas palestinas y las israelíes están separadas por unos cuantos metros, a sus habitantes los separa un abismo.

Y es que las tensiones en esta región se han sentido desde la guerra de 1967, cuando el Ejército de Israel entró en la zona. Colonos israelíes llegaron y empezaron a construir los llamados kibbutzim o granjas agrícolas. Hoy, estos poblados hacen parte del conjunto de asentamientos conocido como Gush Katif.

La evacuación de Gaza ha sido una de las iniciativas principales del gobierno de Ariel Sharon y uno de los puntos de la llamada Hoja de Ruta, el plan que busca la paz en el Oriente Medio. Por tal motivo, la secretaria de Estado del gobierno de Washington, Condoleezza Rice, visitó hace pocos días la zona para acordar que después de la evacuación se destruyan todas las casas de los actuales colonos.

Sacarlos no será fácil y los preparativos lo demuestran. Muy cerca se está construyendo una base militar para aproximadamente 20.000 soldados que participarán en la evacuación. Además, se está construyendo un centro que acogerá a miles de periodistas y se acondicionan puestos de control para restringir el acceso de israelíes que intentan entrar en la zona para expresar su solidaridad a los colonos.

En los últimos días, unas 80.000 personas han aceptado sumarse a la campaña promovida por Yesha, el consejo de asentamientos de Judea y Samaria. Este movimiento organiza una marcha hacia Gaza para protestar por el desalojo. Además, un gran número de opositores lleva varios días realizando protestas en las calles, con la intención de paralizar el país.

Las señales urbanas permiten formarse una idea de lo que sucederá en las próximas semanas. En muchos lugares públicos se ven afiches contra el operativo: "Un judío no expulsa a otro judío" o "no saques a tu pueblo de su casa", son algunas de las frases.

El colono Rami Malamud es uno de los que distribuyen esos carteles. También participa en la distribución de las cintas de color naranja que hoy invaden Israel. "Las cintas han sido todo un éxito. Se han convertido en un símbolo de apoyo a los colonos de Gaza. Pero, más que eso, es un símbolo que habla de la solidaridad y del alto valor de la tierra de Israel. Esta tierra tiene un valor espiritual para nosotros y no podemos renunciar a ella", dice.

Las cintas que Rami y decenas de niños y jóvenes distribuyen desde tempranas horas se ven en las antenas de los carros, en los bolsos, en las gorras y hasta en los carritos de bebé. El color naranja ha llegado hasta los lugares menos pensados. Todos los que se oponen a la entrega de territorios a los palestinos adoptan la cinta.

Por el lado contrario están quienes respaldan la entrega. A este grupo pertenecen organizaciones como Shalom Akshav, (Paz Ahora), y otras instituciones pacifistas que ven en la salida de Gaza una oportunidad. Ellos distribuyen cintas de color azul, en referencia al color de la bandera de Israel y al beneficio que el plan le traerá al país.

A pesar de los preparativos y las indemnizaciones, la mayor parte de los habitantes de Gaza se niega a ir y han amenazado con las últimas consecuencias. Además de esto, se teme que los colonos revivan la historia de Yamit, el famoso asentamiento que se encontraba en la Península del Sinaí. En ese lugar, en 1982, los colonos se resistieron a desalojar hasta el último momento y se enfrentaron a las fuerzas militares. Yamit fue demolido el 28 de abril de ese año. La gente realizó ceremonias de dolor por la pérdida de Sinaí y muchas de las que fueron evacuadas de allí dicen no haber superado el dolor.

Java Kaplan vive en un moshav, una granja agrícola de Eshkol, cerca de la franja de Gaza. Cuenta que llegó después de ser evacuada de Sinaí, una experiencia muy traumática, pero los años le mostraron lo contrario. Hoy, en este lugar es posible ver cultivos, jardines inmensos y casas cómodas en medio del desierto, construidas sin ayuda gubernamental.

Java expresa su preocupación por los colonos. "Yo he ido a hablar con ellos para contarles de mi experiencia y convencerlos de salir de ahí, pero se niegan. A diferencia de Sinaí , muchos de ellos creen que Israel no recibirá paz a cambio de tierra".

Uri Naamati, director del consejo de Eshkol, área muy próxima a Gaza, dice que están preparándose para recibir a muchos colonos que acepten la evacuación. "Aquí podemos ofrecerles una vida nueva con todas las comodidades". Y en este lugar hay escuelas, centros de diversión e inmensas zonas verdes donde se produce alrededor del 50 por ciento de los vegetales del país.

En Israel hay versiones poco optimistas sobre lo que pasará después de la retirada de Gaza. Algunos expertos han dicho que, a diferencia de lo que la mayoría cree, no habrá paz, sino todo lo contrario. Hay pronósticos que dicen que la violencia se incrementará.

El analista israelí Aluf Ben dice que es probable que después de la 'desconexión', como también es conocida la retirada, el Movimiento de Resistencia Islámica, Hamas, use este territorio para fortalecer su estructura y desarrollar sus organizaciones terroristas, como sugirió Amos Gilad, ministro de Defensa israelí. Algunos creen que Hamas podría ver esta retirada como una victoria sobre Israel y hacer resurgir el terror, para mostrar su poderío.

Pero no sólo los israelíes hacen pronósticos. La salida de Gaza es crucial para el gobierno de Mahmoud Abbas. Y no está solo. El analista palestino Khalil Shikaki dice que su pueblo está cansado de la Intifada y que "la gente está esperando que con la salida, cambie la situación y nuestros gobernantes ayuden al progreso". Por otro lado, Raafat Dajani, columnista del periódico Daily Star del Líbano, dice que después de haber pasado más de 100 días desde la elección de Abbas, los palestinos quieren ver cómo se va fortaleciendo el Estado palestino. Si Abbas falla, probablemente se estaría cerca de la Tercera Intifada Palestina, auguran algunos analistas.

El israelí Danni Bart por estos días trabaja en iniciativas que garanticen un buen futuro a israelíes y palestinos. Uno de ellos es la Terminal de Sufa, un proyecto que busca facilitar la circulación de personas y fomentar los negocios. Dice que uno de los objetivos es desarrollar la agricultura palestina y fomentar el intercambio entre los países. Bart espera que en Gaza, como en Israel, haya sembrados, crezcan las flores y mejore la economía. Este hombre también quiere que pronto vuelva a funcionar el aeropuerto palestino de Dahaniya, que dejó de operar a raíz del conflicto.

Bart confía en la paz y la coexistencia entre ambos pueblos, y recuerda que hace 10 años palestinos e israelíes ya trabajaban en este proyecto. Pero todo se vino a pique por el incremento de la violencia y el fracaso de los acuerdos de Oslo. Desde el lugar polvoriento y soleado donde hoy se adelantan las obras, Danni dice, convencido, "ahora que Israel saldrá de Gaza, esperamos que por fin palestinos e israelíes trabajemos juntos para tener un buen futuro". Pero los desórdenes que se han presentado en los últimos días ponen en duda esa afirmación.
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