Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 1987/06/01 00:00

HACIENDO LAS PACES

Los norteamericanos parecen haberse asustado con la última propuesta de Gorbachov sobre desarme.

HACIENDO LAS PACES

Mientras en Ginebra las comisiones negociadoras continuaban tratando de llegar a conclusiones definitivas que conduzcan a una reunión cumbre sobre desarme de los líderes Ronald Reagan y Mijail Gorbachov, el mundo se dedicó en estos días a especular acerca de la propuesta soviética de eliminar los misiles de uno y otro bando en Europa, y de la posible respuesta de Estados Unidos. En medio de la polémica, surgieron muchas preguntas. Pero sin duda ninguna despertó tanto interés como el comunicado conjunto dado a conocer a comienzos de la semana pasada por el ex presidente norteamericano Richard Nixon y su ex secretario de Estado Henry Kissinger.
El hecho de que dos personajes como Nixon y Kissinger se pronunciaran en forma conjunta por primera vez desde el retiro de Nixon de la Presidencia en 1974, resultaba por sí solo espectacular. Espectacular resultaba también el hecho de que uno de ellos, Kissinger, lo hiciera desde un avión a más de 12 mil metros de altura, dejando en claro con ello que el asunto era de máxima urgencia. Según la opinión de Nixon y Kissinger, es un error estratégico desmantelar los misiles norteamericanos Pershing-2 y Crucero de Europa a cambio de un retiro similar de los SS-20 soviéticos, dada la aplastante superioridad de Moscú en el campo de las fuerzas convencionales.

LA CUESTION OTAN
Los dos personajes, aparte del planteamiento meramente estratégico, pusieron el dedo en la llaga en un asunto que cada día parece más importante en cuanto a las actuales negociaciones: la opinión de los aliados de Washington en Europa. Teniendo en cuenta que el objeto a negociar se encuentra precisamente allí, resulta difícil imaginar que soviéticos y norteamericanos puedan llegar a un acuerdo sin que estos últimos logren primero un consenso con sus socios de la OTAN.
Para muchos es un hecho que, a costa del armamentismo exagerado de las últimas cuatro décadas, Europa ha gozado de paz. Al menos en este sentido, el sistema combinado de seguridad Estados Unidos-Europa, cristalizado en la OTAN, parece haber conseguido su objetivo. Desde cuando en 1949, la URSS, que había ocupado buena parte de Europa Oriental decidió no imitar a los países occidentales que procedieron a desmantelar sus posiciones militares obtenidas al final de la Segunda Guerra Mundial, Washington y sus aliados resolvieron formar la Organización del Tratado del Atlántico Norte, para equiparar fuerzas y repeler cualquier ataque soviético. A partir de entonces, el armamento, que ya contaba con la tecnología nuclear, no hizo más que crecer de lado y lado, como si se tratara de una apretada mano de póker entre dos jugadores consumados.
En Europa se reúne en este momento la mayor concentración armada de la historia en tiempos de paz. Las fuerzas totales de las dos potencias y sus aliados suman más de 10 millones de soldados, 40 mil tanques de guerra, 10 mil aviones de combate y algo asi como 15 mil proyectiles balísticos nucleares que podrían destruir el planeta varias veces. Esta presencia militar le cuesta a EE.UU. más del 50% del presupuesto anual del Departamento de Defensa (alrededor de 400 millones de dólares al día), y el 60% del mismo rublo a los soviéticos.
Cifras como estas han puesto a pensar a buena parte de la opinión publica europea. Muchos consideran demasiado remota la posibilidad de una acción soviética para ganar territorio en el Viejo Continente. Otros por el contrario, viven obsesionados con la idea y prefieren estar a la defensiva. De hecho, varios líderes europeos han contraído fuertes lazos económicos con países como Polonia Alemania Oriental, Checoeslovaquia y con la misma URSS, para crear asi un frente de mutua dependencia y responsabilidad, que comprometa en forma creciente a esos paises y produzca un inmenso riesgo de pérdidas económicas en caso de ir a una guerra. Como dice Christopher Coocker, profesor de derecho internacional de la Universidad de Londres, "tenemos que hacer un frente común de entendimiento político y económico Este-Oeste, para que el uso de armas entre nosotros llegue a ser una idea imposible".
Pero hasta ahora, esta concepción ha contado con la oposición del presidente Reagan, quien se opone a negociaciones regulares con Moscú y sus aliados porque, según él, "esto significa subsidiar la maquinaria de guerra soviética".
En la discusión de principios como este y muchos más se han evidenciado recientemente los conflictos internos con la OTAN, al no existir hoy la obediencia casi servil que caracterizaba antes a los europeos frente a los dictados de Washington. Contra el querer de EE.UU., la Comunidad Económica Europea ha entablado conversaciones con su contraparte comunista, la Comecon, para acelerar un mejor y más intenso intercambio comercial.
Los soviéticos saben de estas discrepancias. El Kremlin piensa que, independientemente del acuerdo al que se pueda llegar con Reagan, se puede negociar con Europa Occidental sin intervención norteamericana. Resultado de este planteamiento soviético parece ser la posición de la primera ministra Thatcher, quien viajó a Moscú hace apenas tres semanas, después de intensas consultas con sus colegas de Francia y Alemania Occidental, lo que permite presumir que Inglaterra y estos dos países están de acuerdo en este punto.
Todo lo anterior permite entender los problemas que tiene Estados Unidos para legitimar su fuerza negociadora a nombre propio y de sus aliados. Como si fuera poco en este marco, España, miembro reciente de la OTAN, parece querer que los norteamericanos desmantelen las bases militares que tienen en territorio ibérico. Y para terminar, el escándalo de la venta de armas a Irán ha hecho peligrar aún más la posición de liderazgo de Washington Está claro entonces que Estados Unidos no solo está librando la batalla en la mesa de negociaciones con los soviéticos, sino también, en las oficinas de los líderes y jefes militares de los aliados, tratando de unificar una sólida posición negociadora.

EL DEBATE DE LA PROPUESTA
Como se puede deducir del cuadro que acompaña este artículo son muchos los puntos de acercamiento. Además, las circunstancias parecen particularmente propicias. Por el lado norteamericano, es evidente que Reagan necesita un acuerdo para recuperar su destrozado prestigio. Por el lado soviético, Gorbachov, convencido de que su pueblo se siente particularmente atemorizado ante la posibilidad de una hecatombe nuclear (en especial después del Chernobyl), parece decidido a demostrar a la rígida burocracia civil y militar de su país que un acuerdo es imperioso para evitar una catástrofe económica. En varias declaraciones y discursos así lo ha insinuado .
Pero los obstáculos radican en el temor por la superioridad de fuerzas convencionales que tendrían los soviéticos al eliminar la compensación en armamento nuclear. El ex presidente Nixon y su ex secretario de Estado, Henry Kissinger, han aconsejado públicamente a Reagan que no debe negociar si no se eliminan también los cien misiles que piden retener los soviéticos para instalar seguramente en Asia, y si no se consigue además un equiparamiento de las fuerzas convencionales.
En cierto modo, lo que ha sucedido es que los norteamericanos, que habían planteado la necesidad de equilibrar las fuerzas en materia de misiles de corto alcance, se asustaron cuando Gorbachov propuso equiparar esas fuerzas simple y llanamente eliminándolas, de tal manera que sin armamento nuclear en Europa, el problema pasara a ser el del desequilibrio en armas convencionales.
Este desbalance en fuerzas, según la administración Reagan, conllevaría una tremenda inversión económica por parte de los países aliados para incrementar el poderío de sus fuerzas convencionales. El general Bernard Rogers, comandante supremo de las fuerzas aliadas, manifestó a este respecto que, "será una decisión política que entendemos, entre otras cosas para satisfacer el clamor popular, pero igualmente será una pérdida militar. La fuerza convencional de la OTAN está quemada, sus arsenales son inadecuados, sus instalaciones logísticas son muy pobres, sus depósitos y campos aéreos están indefensos, su sistema de comunicaciones no es muy bueno y el poderío físico humano no es el mejor".
Igualmente, existen teorías que insisten en que no por la falta de armas nucleares la guerra será menos letal. Seguramente saldrán a relucir las armas químicas y las municiones demoledoras, y esto también es preocupante. De otra parte, mientras las armas militares están bajo el control directo de militares de alto rango que usan sofisticados métodos de comunicación, las convencionales, en cambio, pueden ser operadas por soldados y pueden estallar por error en las propias filas o en centros poblados del mismo ejército.
Como se observa, la controversia es intensa y existen puntos válidos en cada lado. Pero hay un ambiente mundial favorable al acuerdo. Gorbachov ha dado muestras de querer negociar. Reagan sabe que sería un acto histórico, ya al final de su mandato, el poder firmar un acuerdo en este sentido. Gorbachov ha dicho que sólo irá a Washington si tiene un tratado definitivo para firmar. Reagan quiere el tratado y desea tener a Gorbachov en casa. Las cartas están sobre la mesa, pero el juego no es sencillo.

ARMAS NUCLEARES EN EUROPA
MISILES DE ALCANCE MEDIO (1.600 A 4.800 KMS.)
-ESTADOS UNIDOS:316 cabezas atómicas:
.208 misiles Crucero
.108 misiles Pershing-2 (los aliados de EE.UU. tienen 226 cabezas, que no se están negociando)
-LA NEGOCIACION: La URSS propone eliminar los misiles en Europa, conservando ella 100 fuera del viejo continente. EE.UU. preferiría total eliminación, pero está dispuesto a aceptar la oferta soviética.
-URSS: 922 cabezas atómicas:
.810 en misiles SS-20
.112 misiles SS-4 (Datos de la OTAN; los soviéticos
aseguran tener solo 729 cabezas)

MISILES DE CORTO ALCANCE (480 A 960 KMS.)
-ESTADOS UNIDOS: EE.UU controla 72 lanza-misiles ubicados en Alemania Occidental, que no entrarían en la negociación.
-LA NEGOCIACION: La URSS propone eliminar sus lanza-misiles. EE.UU desea tener los mismos 80 que tiene la URSS, pero está estudiando la oferta soviética.
-URSS: Alrededor de 80 lanza-misiles en Europa.

MISILES DE BATALLA (MENOS DE 480 KMS)
-ESTADOS UNIDOS: 108 lanza-misiles (Los aliados europeos poseen 99 más, que no se negocian)
-LA NEGOCIACION: La URSS propone eliminación total de estos lanza-misiles. EE.UU. considera que esto debe quedar para negociaciones futuras.
-URSS: Alrededor de 1.100 lanza-misiles.

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