Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

×

| 10/26/1992 12:00:00 AM

¿HASTA CUANDO?

A pesar de múltiples argucias jurídicas del presidente Fernando Collor de Mello, todo indica que Itamar Franco asumirá la presidencia.


LOS BRASILEÑOS ESTAN acostumbrados a ser gobernados por personajes secundarios, que llegaron al poder por la renuncia o la muerte de quienes recibieron el mandato popular. Ese fue el caso de Joao Cáfe Filho, encargado entre 1954 y 1955 como vicepresidente tras el suicidio de Getulio Vargas. También llegó así al poder Joao Goulart, quien asumió en 1961 tras la renuncia de Janio Quadros y José Sarney, quien fue presidente en reemplazo de Tancredo Neves, quien falleció antes de poder convertirse en el primer presidente elegido popularmente luego del intervalo militaren 1985.
Esa tendencia parece a punto de repetirse ante las dificultades que atraviesa el presidente Fernando Collor de Mello para mantenerse en el poder, luego de que desde mayo las denuncias de su hermano pusieron sobre el tapete un enorme esquema de tráfico de influencias dirigido por el tesorero de su campana Julio César Farías. Aunque los testimonios le senalaban como participe de la corrupción, Collor dejó pasar todas las oportunidades para demostrar su inocencia. Paralelamente, el presidente y sus allegados iniciaron la compra de los diputados indecisos, mediante el otorgamiento de enormes cantidades de dinero a las regiones respectivas.
Todos esos extremos han llevado a los brasilenos a la convicción de que Collor debe salir. No es por otra razón que los estudiantes comenzaron desde hace varias semanas a salir en forma multitudinaria a las calles para corear el himno del día: ¡Fora Collor! El jueves pasado se completaba el plazo para que el Presidente presentara sus descargos ante la Cámara de Diputados, y cuando el país entero esperaba una argumentación razonada, el abogado del presidente José Guilherme Vilela se presentó 15 minutos antes de la expiración.
El alegato cuestionó las reglas establecidas por la Cámara de Diputados para aprobar el envío del juicio al Senado y el informe de la Comisión Parlamentaria Investigadora. Para corregir esas fallas. decia el litigante, sería preciso covocar a 20 testigos, confirmar algunas pruebas documentales y nuevas averiguacines.
Esas argucias, en la opinión de los analistas, estaban dirigidas a demorar el proceso de tal forma, que la acusación fuera considerada por la Cámara después de las elecciones municipales que gravitan sobre todo el proceso. Un incidente adicional pareció confirmarlo, cuando el presidente de la Comisión, Gastone Righi, uno de los defensores de Collor, recibió oficialmente el documento y desapareció con él hasta el día siguiente, con el argumento de tener que ir a consulta con el dentista.
Pero ni esa burda maniobra logró impedir la derrota. Un fallo de Corte Suprema echó abajo esos argumentos cuando decidió que el caso debería ser tramitado según los procedimientos establecidos por la Cámara, que obligan a que los diputados voten en forma abierta, lo que pondria en evidencia su responsabilidad política. Según los cálculos del senador oposicionista Orestes Jobim, relator de la Comisión Investigadora, la oposición contaba al cierre de esta edición con 360 votos, lo que aseguraría las dos terceras partes del total de 503. Si ese cálculo es correcto, Collor estaría a punto de ser suspendido de su cargo por 180 días, mientras el Senado lleva a cabo la investigación. Pero dado el nivel del rechazo popular, existe consenso de que si Collor es suspendido, no regresará al Palacio de Planalto.
En esas condiciones, todos los ojos se dirigen hacia el vicepresidente Itamar Franco, quien debería seguir la tradición brasilena de asumir el cargo sin votos. Al contrario de Collor, Franco es un político tradicionalista y conservador que, a sus 62 años, pertenece a una generación diferente no sólo en terrninos cronológicos. Nacionalista a la vieja usanza, Itamar no mira con buenos ojos las exigencias de los organismos internacionales de crédito y pertenece a la escuela que sostiene que "la deuda externa brasilena no debe pagarse a costa de la miseria de la población". Es favorable a un Estado grande e intervencionista y por lo tanto es contrario a las privatizaciones a ultranza. A pesar de su naturaleza introvertida y prudente, Franco no perdió oportunidad, cuando fue presidente interino en julio durante la cumbre iberoamericana en Madrid, para condenar la venta de la Empresa Brasileña de Aeronáutica (Embraer), que fabrica aviones pequeños y medianos. Por eso, se considera imposible que el ministro de Economía Marcilio Marquez Moreira continue en su puesto bajo un gobierno de Franco.
La vida privada de Itamar se ha visto salpicada en las últimas semanas por rumores "malintencionados" de los partidarios de Collor, que apuntan a que el vicepresidente se separó hace más de 20 años de su esposa y vive solo en el "Palacio Jaburu", en Brasilia, donde también vive su secretario privado Geraldo Farías. "No traten de arrastrarme al lodazal en que se metieron ustedes ", fue su enérgica respuesta.
Hombre taciturno, como corresponde a alguien nacido en el estado de Minas Gerais, Franco ha adelantado sin ruido sus contactos políticos para su eventual gobierno. El respaldo militar está asegurado, pero no el del sector empresarial, que aplaudió la semana pasada la firma de un convenio para el pago de la deuda externa privada, en un proceso que se aceleró varios meses ante el temor de la ascención del vicepresidente. Pero si no ocurre nada extraordinario. ese oscuro político tradicional podía convertirse, muy a la brasileña, en un presidente que nadie esperaba.
¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

EDICIÓN 1861

PORTADA

Prieto en la mira

La imputación de cargos al exgerente de la campaña de Santos sorprendió. Pero esta no tiene que ver con el escándalo de Odebrecht ni con la financiación de las campañas. ¿Por qué?