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| 8/6/2011 12:00:00 AM

¿Hasta cuándo?

El régimen sirio sigue asesinando a sus ciudadanos ante la indiferencia de la comunidad internacional, mientras muchos se preguntan qué tanto durará la tragedia.

"Ramadán es el mes clave", llevaban semanas diciendo los sirios sin importar su posición respecto a las protestas que surgieron hace cinco meses, que hasta el momento han dejado unos 1.800 muertos. Para nadie era un secreto que este mes de agosto, el primer Ramadán desde que comenzó la primavera árabe, no sería tranquilo en absoluto. Los fieles musulmanes, especialmente la mayoría sunita, el principal bastión opositor, se reunirán en la mezquita cada noche después de romper el ayuno. Era así como el fantasma de los viernes, ese día sagrado en el que se han realizado las principales manifestaciones desde el 25 de marzo, aparecería durante treinta días seguidos después de ocultarse el sol. No habría descanso.

Y eso lo tenía claro el régimen de Bashar Al Assad, el presidente cuya imagen seguía siendo respetada entre un sector importante de las dos grandes ciudades, Damasco y Alepo. “Bashar, tú eres el único”, dicen pancartas colgadas en estos bastiones del régimen. “Los sunitas de Alepo sabemos que nuestra comunidad está atenta para tomar partido cuando sea necesario. Por ahora observamos porque no queremos caos”, contó a SEMANA en esa ciudad un sunita con contactos con los jefes religiosos, pero que pidió no ser identificado.

Se decía entre voces en Siria, antes del Ramadán, que el objetivo del régimen alawita (una minoría musulmana que representa el 10 por ciento de la población) era evitar que se multiplicaran las manifestaciones a cualquier precio. Sin embargo, la estrategia utilizada por Al Assad y su círculo –muchos de ellos dinosaurios sanguinarios aliados a su padre– superó las expectativas del peor pesimista. El domingo 31 de julio, un día antes de Ramadán, el ejército entró disparando con sus tanques a las ciudades enclaves de la oposición, Homs, Deir al Zor y especialmente Hama.

Esta ciudad, la cuarta del país, ubicada a 120 kilómetros al norte de Damasco y de mayoría sunita, es tan radical en su oposición, que el gobierno decidió retirarse de sus calles hace unas semanas para controlarla desde la periferia. Como consecuencia, Hama se convirtió en un fortín de barricadas que crearon por unos días una sensación de independencia.

Pero desde el domingo la ciudad está sitiada, incomunicada y algunos barrios sin comida. Los testimonios eran trágicos y se hablaba de que los muertos, que se contaron por centenares, estaban siendo enterrados en los jardines y parques. La tragedia hizo recordar la brutalidad de Hafez al Asad, el padre del actual presidente, cuyo ejército asesinó en 1982 entre 10.000 y 20.000 manifestantes en Hamas; nadie sabe la cifra correcta, pues solo se supo de la matanza meses después. Lo mismo puede estar pasando ahora.

Por eso, los ataques despertaron reacciones en la comunidad internacional, que hasta ahora no ha sabido cómo responder a lo que sucede en Siria. Mientras en Egipto, Túnez y Libia tomaron posición pronto, en Siria ha pasado lo contrario, a pesar de que ningún otro régimen ha sido tan sanguinario.

En occidente han asegurado que la intervención militar no es una opción porque quieren evitar a toda costa que se desate una guerra civil como en Irak tras la invasión. Este proceder solo complicaría la situación en una región donde Siria desempeña un papel estratégico. Para nadie es un secreto que el régimen ha mantenido una relación pragmática con toda la región, incluidos actores antagónicos como Irán, Irak y hasta los sunitas de Arabia Saudita que silenciosamente estarían apoyando a la oposición. El caos derrumbaría uno de los pilares de la precaria estabilidad de Oriente Medio.

Después de muchas discusiones el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas aprobó una resolución, que muchos analistas han considerado de vergonzosa, para condenar la violencia en Siria. Esta laxitud se debe, en parte, a que países como China pero especialmente Rusia, entonces gran aliado de Damasco, están en contra de medidas radicales.

Pero lo interesante es que incluso Rusia y los otros países árabes empiezan a ver un final para Assad. El incidente de Hama que ha significado un antes y un después. Después de cinco meses en que los que ha hablado varias veces de reformas, Assad no ha concretado sus promesas. El último anuncio de cambio llegó el jueves cuando expresó la intención de legalizar los partidos políticos y celebrar elecciones. “La única reforma posible es el cambio de la Constitución, el resto de promesas no tienen fundamento, nadie cree en ellas”, aseguraron opositores sirios en Beirut que pidieron no ser identificados. Los mismos que se preguntan ¿Hasta cuándo? ¿Hasta cuándo Al Assad va a seguir matando y hasta cuándo la comunidad internacional va a dejar al régimen sirio continuar con este atropello?
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