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| 10/27/1997 12:00:00 AM

HASTA SIEMPRE COMANDANTE

En medio de un renacimiento de su figura mítica, odiado por unos y venerado por otros, el Che Guevara cumple 30 años de muerto.

El 8 de octubre de 1967, hace 30 años, el guerrillero más famoso del siglo XX fue ejecutado en el poblado de La Higuera por sus captores del ejército de Bolivia. Terminaba así su aventura más utópica, que pretendía desencadenar la revolución en América Latina. Por una coincidencia del destino, sus restos fueron hallados hace apenas algunos meses enterrados bajo una pista de aviación cercana al lugar de su muerte. Una cosa y otra se confabulan para convertir el próximo 8 de octubre en una fecha especialmente significativa porque ese día, en medio de una ceremonia solemne, el cadáver de Ernesto Che Guevara será sepultado en un mausoleo de la ciudad de Santa Clara, la misma que fue tomada por el cubano-argentino en diciembre de 1958 en una acción que partió en dos la geografía isleña y resultó crucial para el triunfo de la revolución poco más tarde. Han pasado 30 años desde su muerte y el curso de la historia parece haberle negado al Che la razón de su lucha. La caída del bloque soviético y las dificultades de Cuba para mantener su proyecto socialista le dan a la vida del Che el aura de un aventurero incomprendido e idealista que entregó su vida por una causa perdida. Tal vez por eso su figura de rebelde anacrónico sigue siendo objeto de culto por parte de millones de personas, comunistas y no, en el mundo entero. Tanta es la atracción que la figura del Che sigue proyectando sobre las nuevas generaciones que los comerciantes de todas partes, en un acto de absoluta irreverencia, han explotado al máximo la legendaria imagen tomada por el fotógrafo cubano Alberto Díaz (Korda) el 5 de marzo de 1960, la que por sus propios méritos ya era la fotografía más reproducida de la historia en el mundo entero y que, por lo demás, adorna el fondo de este artículo. Hoy en día es posible comprar una camiseta con la imagen del Che en Manila, o un reloj Swatch en Nueva York, y hasta hace poco el empresario londinense Joe Grahame todavía vendía la cerveza Che, pero el gobierno cubano, en un ataque de mal humor, protestó y consiguió que la sacaran del mercado. En la cultura Otros homenajes son menos comerciales y más emocionales, como el que semana a semana le brindan los hinchas del club argentino de fútbol Newell's Old Boys, que despliegan en sus partidos una inmensa bandera con su rostro. O el que representan los centenares de páginas de Internet dedicadas a exaltar su figura en los idiomas más variados del mundo entero. Pero aparte de lo que ocurre muy explicablemente en Cuba, donde casi todo lo que sucede este año está dedicado al Che, desde la zafra azucarera hasta el V Congreso del Partido Comunista Cubano, los homenajes al 'Guerrillero heroico' trascienden las líneas ideológicas y las fronteras políticas. Lo cierto es que, desde que comenzó el presente año, existe una especie de 'chemanía'. Sus biografías recientes son un enorme éxito entre los lectores. La vida en rojo, del politólogo mexicano Jorge G. Castañeda, desapareció muy pronto de los estantes en la Feria del Libro de Buenos Aires. En París es un éxito Che Ernesto Guevara, una leyenda del siglo, de Pierre Kalfon; Che Guevara, a revolutionary life, del periodista norteamericano John Lee Anderson, es un best seller en Estados Unidos. Ernesto Guevara, mejor conocido como el Che, del escritor mexicano Paco Ignacio Taibo II, lleva nueve ediciones y cerca de 100.000 ejemplares vendidos en México, Colombia, Argentina, España e Italia. Otro libro, más cuestionado, es el del francés Jean Cornier, escrito en colaboración con la recientemente fallecida Hilda Guevara, hija del Che y su primera mujer, la peruana Hilda Gadea. Eso sin contar con el éxito abrumador de los diarios de viaje redactados por el propio Ernesto Guevara cuando todavía no soñaba con ser el Che, un libro que en Italia lleva más de 450.000 ejemplares vendidos. En las artesLos discos no se quedan atrás. En Chile el sello local Alerce lanzó en julio una compilación de 14 canciones dedicadas a Guevara, interpretadas por los chilenos Víctor Jara, Quilapayún, Inti Illimani, los cubanos Carlos Puebla y Noel Nicola y el argentino Atahualpa Yupanqui. En Francia el disco El Che vive, con el sello Last Call Music, presenta una antología en la que están varios cantantes cubanos de las nuevas generaciones, como Gerardo Alfonso o Frank Delgado. Por otra parte, al cierre de esta edición se esperaba con gran expectativa un concierto multitudinario en la capital chilena que reuniría, con boletería completamente vendida, a artistas como el cubano Silvio Rodríguez, de la vieja guardia de la Trova Cubana, y Santiago Feliú, de la nueva, al lado de una figura que, como el español Ismael Serrano, de 23 años, representa una nueva generación que considera al luchador cubano-argentino, en sus propias palabras, como "un referente obligado de mucha gente joven, gente que no se conforma con lo que tiene, que piensa que el mundo tiene que cambiar". Y en Buenos Aires el concierto tendrá figuras de la talla del brasileño Chico Buarque de Holanda y el argentino Fito Páez.
El final
Probablemente el Che nunca hubiera imaginado que su figura de guerrillero sobreviviría a la vigencia de sus sueños revolucionarios. De esos sueños que le llevaron dejar sus cargos en Cuba para correr el máximo riesgo de adentrarse en un país extraño, poblado por campesinos indígenas de sicología tan diferente a la cubana, en busca de la utopía de incendiar a Suramérica a partir de un foco insurreccional en su centro geográfico. Allí su minúsculo grupo encontró lo contrario de Cuba: una población hostil, que no rodeó a los expedicionarios internacionales, y un ejército profesional, muy diferente al cuerpo en disolución que era el ejército de Batista. Capturado vivo, su supervivencia era un problema político que el gobierno boliviano no podía asumir. El periodista peruano Mario Castro Arenas, quien probablemente sabe más de la muerte del Che que nadie en el mundo, describe así su final: "Guevara no fue torturado, ni sometido a interrogatorios afrentosos, ni vejado. Los bolivianos respetaron el valor de un combatiente abandonado en la selva cuyo coraje se sobrepuso a la pobreza de medios materiales. Cumplieron sus órdenes como soldados, como él se ciñó a su deber como revolucionario. En su mensaje de despedida Ernesto Guevara habló de su sacrificio inminente: 'Sépase que lo hago con una mezcla de alegría y dolor; aquí dejo lo más puro de mis sueños de constructor'. Murió en su ley".
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