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| 8/13/2011 12:00:00 AM

“Hay un descontento instalado en la sociedad”

Camila Vallejo, de 23 años, es el símbolo de las protestas en Chile. La llaman la Pasionaria, como la famosa dirigente comunista española. SEMANA habló con ella.

Camila Vallejo ha pasado a ser, en menos de tres meses, el personaje más creíble de la actualidad política chilena. Su figura se ha transformado en el dolor de cabeza del gobierno de Sebastián Piñera, que la culpa de enrarecer la atmósfera política y sepultar las simpatías que había logrado con el rescate de los mineros, llevándolo a la peor evaluación ciudadana en más de veinte años.

Nació en 1988, justo cuando el pueblo de Chile le decía No a la dictadura de Pinochet. Hoy lidera las protestas más multitudinarias del siglo XXI por la educación pública en Chile, su rostro aparece en las portadas y noticieros del mundo y es la figura política más atractiva de América Latina. Con su voz suave, se define como marxista-leninista y le brillan los ojos al defender el espacio que deben tener los jóvenes en la política. No les da importancia a los piropos que políticos y periodistas lanzan sobre su belleza, aunque recalca que le gustaría más que resaltaran su inteligencia.

SEMANA: A pesar de las protestas, Chile es visto con admiración por sus logros económicos en América Latina.

Camila Vallejo: Chile se vanagloria de haber crecido, de estar entrando en la OCDE, pero es un país que año tras año aumenta la brecha de desigualdad. Es ahí donde la democratización de la educación se hace necesaria. Para eso queremos una educación que sea en función de las necesidades del país.

SEMANA: ¿Por qué ahora? La crisis de la educación en Chile es tan extensa como la transición política.

C.V.:
Sí, claro. Durante la dictadura militar el Estado cambia, deja de ser garante y le delega los derechos al mercado. Ese modelo de educación fue votado entre cuatro paredes y no ha sido modificado durante la transición. La Concertación no hizo cambios estructurales, solo fueron cambios cosméticos que no afectaban al modelo. Hoy se ha demostrado que eso no sirve porque ha fomentado la segmentación económica y ha debilitado la educación pública.

SEMANA: ¿Es un movimiento antisistema y la educación es la excusa o es simplemente un movimiento sectorial que va a desaparecer una vez logrado el objetivo?

C.V.: Partimos con la educación porque ese es nuestro propósito, pero hay un descontento instalado en la sociedad que es más profundo y está relacionado con el sistema. Esto tiene que ver con la participación de la gente en la toma de decisiones. Por ejemplo, comenzaron las grandes movilizaciones en defensa del medio ambiente y el gobierno no escuchó, no tuvo en cuenta a la ciudadanía. La pregunta que cabe es: ¿qué democracia es aquella en la que los ciudadanos no son escuchados? Y ahí está la cuestión, es la democracia la que se pone en juego.

SEMANA: ¿Se ha dado cuenta de que ha internacionalizado su protesta y en varios países hay marchas a favor de la educación pública en Chile?

C.V.: Entre las demandas del movimiento chileno por la educación hay muchas de las demandas del movimiento latinoamericano por la educación, eso hace que la gente se interese.

SEMANA: Algo que se destaca es la creatividad y la organización. ¿Cómo lo lograron?

C.V.:
Bueno, ahora todo es más fácil con Facebook y Twitter, las redes sociales. En un día se puede movilizar mucha gente. Por ejemplo, el día de la movilización no autorizada, a las cinco de la tarde se nos ocurrió un caceroleo y mandamos por todas las redes sociales la convocatoria para las 21 horas. El resultado fue impresionante: en todo Chile hubo caceroleos durante horas.

SEMANA: ¿Ha recibido amenazas?

C.V.: Sí, la mayoría a través de las redes sociales, de grupos de ultraderecha que dicen que me van a golpear y me amenazan de muerte. Lo terrible es que eso les pasa a otras personas menos públicas y por eso no se da a conocer. Esto es preocupante, porque no lo veíamos desde la dictadura.

SEMANA: Ustedes rechazan al gobierno y a la Concertación. ¿Cómo y quiénes resuelven el problema de la educación si hay rechazo a los políticos?

C.V.:
Nosotros no rechazamos la política, porque la educación es un tema político. El problema está en las cúpulas partidarias. La salida a esto es compleja, más ahora que la Concertación no se logra poner de acuerdo. Nosotros pensamos que si no hay una lectura a las demandas sociales en la propuesta de legislación, tenemos que impulsar algo nuevo, que sería un plebiscito. Eso abriría espacio a la resolución de otros conflictos sociales para que no tengan que movilizarse por meses.

SEMANA: Si hoy se presentara a cualquier cargo de representación popular, sería elegida. ¿Va a seguir una carrera política en el Parlamento?

C.V.:
Por ahora, tengo que terminar mi tesis para graduarme de geógrafa. Luego lo pensaré, si me lo proponen.
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