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| 1/29/2011 12:00:00 AM

Hezbolá al poder

Líbano vive momentos de tensión por el nombramiento de Najib Mikati como primer ministro. Hay temor de que regrese la violencia que afectó al país durante 15 años.

Que la organización chitai  Hezbolá, considerada terrorista por Estados Unidos y otros países occidentales, llegara al corazón del poder en Líbano era un extremo que durante años pocos querían imaginar. Pero ese es el escenario que se vive ahora en el país del cedro, pues Najib Mikati se posesionará como primer ministro de Líbano con el apoyo, precisamente, de ese grupo extremista chiita. Como era de esperarse, el nombramiento desencadenó fuertes protestas en un país marcado por las diferencias religiosas y perseguido por el fantasma de una sangrienta guerra civil que aún no se olvida.

Líbano se había quedado sin su gobierno de unidad nacional el 12 de enero, cuando renunciaron los diez ministros que representaban a Hezbolá. Su intención era presionar al primer ministro, Saad Hariri, para que se alejara del tribunal de la Organización de Naciones Unidas que investiga la muerte de su padre en un atentado en 2005. Hezbolá se ha empeñado en desacreditar a este tribunal, que según todos los indicios culpará del magnicidio a miembros de la organización chiita, y ha dicho que el juicio es un montaje organizado por Estados Unidos para atacar a su movimiento.

Aunque Mikati se declara moderado y afirma que no pretende romper el equilibrio político y religioso que se consiguió con el gobierno de unidad nacional, su llegada ha empezado a desestabilizar al país. Saad Hariri lo acusó de traidor y afirmó que se trató de un golpe de Estado, mientras sus seguidores convocaron a un 'día de la ira' para protestar por la cercanía de Mikati con Hezbolá.

Muchos temen que esta situación pueda volver a abrir las heridas de la guerra civil que sufrió el país entre 1975 y 1990, que enfrentó a cristianos, chiitas y sunitas y que solo llegó a su fin por la imposición del Ejército sirio. Para buscar el equilibrio, la Constitución libanesa estableció que el presidente del país debe ser cristiano; el primer ministro sunita y el presidente del Parlamento, chiita. Las protestas surgieron porque Mikati es, curiosamente, un sunita moderado que llegó al poder gracias al apoyo de Hezbolá, organización chiita.

Además de las tensiones internas, la llegada de Hezbolá al poder también altera la región. Hariri es prooccidental y contaba con el apoyo de Estados Unidos, mientras Hezbolá y Mikati son prosirios y tienen el respaldo de Irán. La secretaria de Estado norteamericana, Hillary Clinton, declaró que la llegada de Mikati tendrá, sin duda, un impacto en las relaciones entre los dos países, lo que podría afectar la ayuda militar que Estados Unidos le presta a Líbano desde 2008.

Otro que mira con cuidado el nombramiento de Mikati es Israel, pues para ese país Hezbolá, que nació como movimiento de resistencia contra ese Estado, es en realidad una organización controlada por su gran enemigo: Irán. En 2006, Israel invadió el sur de Líbano y se encontró con una fuerte respuesta militar de Hezbolá, que logró convertir esa operación en un desastre militar para Israel. El enfrentamiento terminó con una tregua, pero le dio a Hezbolá mayor prestigio en la región árabe y le permitió acceder a un rol más decisivo dentro del gobierno libanés. Con el apoyo a Mikati, las alarmas de Tel Aviv se vuelven a encender. Por ahora, Mikati se ha querido mostrar como un primer ministro independiente. En sus primeras declaraciones aseguró que espera mantener las buenas relaciones con Estados Unidos y que no piensa intervenir con el tribunal internacional que investiga la muerte de Rafik Hariri. Pero es poco probable que Hezbolá, después de que tumbó el gobierno de unidad nacional para impedir que se publicara la investigación, vaya a permitir ahora que los resultados que inculparían a varios de sus líderes salgan a la luz. De ahí que los ojos del mundo árabe estén puestos en Beirut, esa bella ciudad que alguna vez recibió el nombre de París del Oriente Medio.
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