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| 7/18/2009 12:00:00 AM

Hijos de papi

La inminente sucesión del norcoreano Kim Jong Il es apenas uno de los casos en que las dictaduras se convierten en un asunto hereditario.

Kin Jong Il tiene sus días contados. Según la televisión de la vecina Corea del sur, el dictador norcoreano de 67 años padece un cáncer de páncreas terminal, una noticia que volvió a poner a los expertos a especular sobre el futuro del régimen más hermético del planeta. Desde hace algún tiempo se rumora que el sucesor del "querido líder" sería Kim Jong Un, el tercero de sus hijos, del que sólo se conoce una foto de cuando tenía 11 años y hoy debería estar alrededor de 25. Aunque poco se sabe de su vida, la sucesión familiar tiene sentido, pues Kim Jong Il heredó el poder tras la muerte en 1994 de su padre, el fundador de la República Democrática de Corea, Kim Il Sung.

Muchas veces se ha dicho que Corea del Norte es la primera dictadura dinástica en un país comunista. Esa afirmación es cierta, pero el caso de los Kim no es tan singular como parece. En las autocracias, la idea de que un hijo releve al líder absoluto ha sido recurrente. Y de hecho, en este momento hay por los menos otros dos países en los que ese proceso estaría en marcha.

En Egipto, los rumores sobre la frágil salud del presidente Hosni Mubarak, que se evidenció en la reciente visita de su colega estadounidense Barack Obama, ha desatado las especulaciones. Mubarak llegó al poder como vicepresidente en 1981 (después del asesinato del titular Anwar Sadat) y ganó sus quintas elecciones consecutivas en 2005, aunque esas fueron las primeras en las que enfrentó otros candidatos. En cualquier caso, la libertad de expresión está restringida y la Hermandad Islámica, la única organización opositora con verdadero apoyo, está prohibida. Su hijo Gamal Mubarak se ha posicionado dentro del gobernante Partido Nacional Democrático desde hace 10 años y hoy es considerado el favorito absoluto para cuando expire el actual período presidencial en 2011, aunque algunos observadores creen que la sucesión se podría precipitar.

Otro líder interesado en su relevo es el libio Muammar Gadafi, quien se acerca a los 70 años. El pintoresco coronel llegó al poder después de un incruento golpe de Estado en 1969 y desde entonces reinventó el sistema de gobierno con las ideas de su libro verde, que supuestamente son una alternativa tanto al comunismo como al capitalismo. En lugar de partidos, en Libia hay asambleas populares, aunque en realidad su poder es absoluto. En los 80 era considerado un paria internacional que patrocinaba el terrorismo, y Estados Unidos llegó a bombardear Trípoli. Pero después de renunciar a las armas de destrucción masiva y pagar indemnizaciones, Gadafi ha comenzado a ser aceptado en Occidente. Según los observadores, uno de sus siete hijos, Sayf al Islam Gadafi, educado en la London School of Economics, está detrás de ese impulso renovador. Aunque muchas fuentes lo señalan como el elegido, Sayf ha negado los rumores e incluso anunció el año pasado que se retiraba de la política.

Kim, Mubarak y Gadafi siguen los pasos de otro puñado de presidentes en ejercicio que llegaron al poder tras una sucesión hereditaria. Quizás el caso más recordado es el de Siria, donde un golpe de Estado instaló a Hafez al-Assad en 1970. Por 30 años gobernó el país con puño de hierro, al punto de que en 1982 el Ejército masacró a 10.000 personas en la ciudad de Hama para reprimir un levantamiento en su contra. Su hijo Bashar al-Assad, el actual presidente, sería un simple oftalmólogo de no haber sido porque su hermano Basil, quien había sido elegido como sucesor, murió en un accidente automovilístico en 1994. El hermano menor lo reemplazó y cuando el padre murió, en 2000, el Parlamento rebajó la edad requerida de 40 a 34 años para permitir a Bashar convertirse en Presidente. Cientos de presos políticos fueron liberados y Bashar trató de relajar el régimen, pero después se vio forzado a volver a los viejos tiempos. En 2007 un referendo sin ningún otro candidato lo confirmó por otros siete años.

En Azerbaiyán, Heydar Aliyeb, quien se convirtió en el hombre fuerte del país después de que se desmembró de la Unión Soviética en los 90, había dicho que su hijo Ilham era su "sucesor político". En 2003 su vástago ya era primer ministro y el segundo a bordo tanto en el gobernante Nuevo Partido de Azerbaiyán como en la petrolera estatal. Por supuesto, ganó de manera aplastante las dudosas elecciones de ese año, a pocas semanas de la muerte de Heydar, y después fue reelegido en 2008. A comienzos de este año se apuntó una nueva conquista, cuando un referendo derribó los límites a la reelección.

Algo similar ocurrió en Singapur, donde Lee Hsien Long se convirtió en Primer ministro en 2004 como parte del plan para suceder a Lee Kuan Yew, y en Togo, donde Faure Gnassingbe asumió el poder en 2005 tras la muerte de su padre. También está Cuba, donde los problemas de salud de Fidel Castro motivaron el ascenso de su hermano Raúl, aunque en este caso el régimen no se renovó, pues el poder quedó en manos de la misma generación.

"En un país no democrático, cuando una elite gobernante no tiene experiencia para escoger un sucesor y hay algún hijo disponible, esta apoyará la sucesión hereditaria para preservar sus propios intereses", explicó a SEMANA Jason Brownlee, quien estudió la sucesión en 258 autocracias modernas, entre ellas nueve 'exitosas' transacciones familiares. Con su tercera generación, los Kim pueden llevar esta práctica a un nuevo nivel, pero ciertamente no es una idea original.
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