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| 3/27/1989 12:00:00 AM

HISTORIA OFICIAL

Se revelan asesinatos y desapariciones ordenadas por el ejército.

Los prisioneros, esposados y encapuchados, eran introducidos en un vehículo militar y transportados a un polígono de tiro situado en las afueras de Ciudad de México. Allí, luego de ser puestos en fila, eran fusilados "hasta que sus cuerpos quedaran irreconocibles".
Con la frialdad del deber cumplido, los tres efectivos militares que habían hecho el trabajo regresaban a dar parte a sus superiores. Por increíble que parezca, la anterior es la declaración que un desertor del ejército mexicano ha hecho a las autoridades canadienses de inmigración, dentro de su proceso para obtener el status de refugiado político en el país del norte. De ser cierta, constituiría la primera ocasión en que se denuncia, con nombres y fechas, el terrorismo de estado que habría imperado en México durante varias décadas.
El ex paracaidista Zacarías Osorio Cruz, un hombre de 32 años, afirmó en declaraciones registradas por el periódico The New York Times, que formó parte de una unidad secreta del ejército mexicano que ejecutó al menos 60 personas, en operaciones ordenadas directamente por altos oficiales del ejército y la Fuerza Aérea Mexicana, algunos de los cuales están aún en servicio activo. Según Osorio Cruz, las ejecuciones eran respaldadas por documentos oficiales del Ministerio de Defensa, que expedía esas órdenes como cosa rutinaria entre 1977 y 1982.
"Las órdenes que yo recibía eran hacer desaparecer esas personas", declaró bajo juramento el aspirante a refugiado. "Eso significaba que eran problemáticas para el alto mando". Según el mexicano, tuvo que hacer al menos 5 viajes para recoger prisioneros que luego serían trasladados en aviones militares al Campo Número Uno, en Ciudad de México. En una ocasión, los 25 ó 30 prisioneros que transportó eran campesinos que estaban envueltos en una disputa de tierras con el comandante del área.
Aunque el declarante afirmó no haber tomado parte en esta ejecución en particular, aseguró entender que "todos deben estar muertos".
Las denuncias de Osorio Cruz, de ser ciertas, serían la primera ocasión en que se ha sacado a la superficie algo que es un secreto a voces en México, con el agravante de que, a diferencia de lo que ha ocurrido en otros países, no se trataría propiamente de un escuadrón de la muerte, formado por miembros del ejército que actuaran por su propia iniciativa individual, sino de acciones militares, efectuadas por hombres en servicio y en cumplimiento de órdenes secretas aunque oficiales.
La noticia ha caído como un baldado de agua fría en medios gubernamentales mexicanos, que bajo la dirección del nuevo presidente Carlos Salinas de Gortari, están empeñados en una campaña para borrar la mala imagen que el régimen del Partido Revolucionario Institucional ha venido acumulando internacionalmente a través de sus años en el poder. Implacable en sus criticas contra países en donde se violan los derechos humanos, como El Salvador o Chile, el gobierno mexicano siempre ha negado que en el interior de sus fronteras se produzcan violaciones semejantes.
Pero lo cierto es que en la primera parte de la década pasada, el país se vio infestado por brotes de insurgencia rural y urbana que fue violentamente reprimida por todos los medios al menos, según un informe de la ONU, hasta el final del gobierno de José López Portillo, en 1982. Las desapariciones y asesinatos políticos, aunque nunca comprobados, se convirtieron en el tema de las denuncias de grupos de derechos humanos -en el interior del país como a nivel internacional-, que explicaban de esa forma que tales brotes revolucionarios jamás hubieran trascendido.
El gobierno mexicano no ha hecho declaración alguna sobre las denuncias de Osorio Cruz, pero lo cierto es que los funcionarios responsables de la seguridad interna en la época en que ocurrieron los hechos, no sólo siguen en funciones, sino que han sido promovidos. Fernando Gutiérrez Barrios, quien era viceministro del Interior, hoy es ministro en propiedad, y Miguel Nazar Haro, perteneciente entonces al Directorio de Seguridad Federal, hoy en día es jefe de Inteligencia Policial de la capital del país.-
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