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| 1/13/1997 12:00:00 AM

HISTORICO O FUNESTO

El canciller (primer ministro) alemán Helmut Kohl alcanzó el récord de permanencia en el cargo al igualar a Konrad Adenauer (1949-1963). Esa circunstancia, y el que le haya correspondido el momento histórico de la unificación de Alemania, hacen que hablen ya de Kohl como el Bismarck del siglo XX. Sin embargo el corpulento canciller enfrenta dificultades que amenazan quitarle brillo a su gloria. El enorme costo de la unificación y las exigencias de la internacionalización de la economía presionan sobre los altos beneficios sociales de una nación acostumbrada hoy al ocio. Eso plantea un enfrentamiento con los sindicatos, que resisten los intentos gubernamentales de bajar los costos laborales y evitar que las industrias se sigan estableciendo en el extranjero. Por otra parte, el descubrimiento de las oscuras maniobras del funcionario Schmidbauer en temas como el plutonio de Rusia y la guerrilla, el narcotráfico y la corrupción en Colombia puede que no lo tumben, pero proyectan sobre el de Kohl la imagen de un gobierno dispuesto a cualquier cosa por sus objetivos. Algo que particularmente en Alemania produce pésimas asociaciones de ideas.
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