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| 3/3/2012 12:00:00 AM

Homs, ciudad muerta

El mundo mira indiferente a Siria adentrarse en el infierno. La incapacidad de la comunidad internacional resulta obscena ante la dimensión del horror.

El silencio al fin llegó a Homs. Después de un asedio de 27 días de bombardeos, en la ciudad que se obstinó en enfrentarse al dictador Bashar al-Assad, no se volvió a escuchar un tiro. El miércoles, el régimen retomó la ciudad rebelde, el símbolo de la revuelta que empezó hace un año y, según cifras de la ONU, ya cobró más de 7.500 vidas.

Ahora hay una carrera contra la muerte en Homs. Los hombres del Ejército Libre de Siria (ELS), compuesto por desertores de las fuerzas regulares, abandonaron las ruinas de la ciudad dejando miles de civiles en la trampa de Al-Assad, temerosos de la venganza gubernamental. En las calles patrullan los soldados, apoyados por tanques y francotiradores, buscando rebeldes casa por casa o, en su defecto, supuestos colaboradores. El miedo es lo único que queda en la ciudad arrasada.

Escapar es imposible. La ciudad está rodeada por la temida Cuarta División de Maher al-Assad, el hermano del presidente. La semana pasada, en un caótico operativo de rescate, los últimos periodistas occidentales lograron ser evacuados. Después del bombardeo de un centro de prensa el 22 de febrero, que cobró la vida de la estadounidense Marie Colvin y del fotógrafo francés Rémi Ochlik, la situación se había vuelto insostenible.

El domingo un convoy con cuatro reporteros, varios con heridas graves, trató de llegar al Líbano, a solo 30 kilómetros. El grupo fue bombardeado y solo el británico Paul Conroy llegó a Beirut, en una trágica evacuación que duró 26 horas y en la que murieron tres activistas sirios. El resto de los reporteros, dos franceses y un español, solo lograron cruzar la frontera unos días después.

Sin periodistas independientes es casi imposible saber qué está pasando en Homs. Sin embargo, algunos testimonios e imágenes borrosas han logrado esquivar el cerco. Ya no hay agua ni luz y la gente sobrevive con los pocos enlatados que les quedan. Jacques Bérès, un cirujano de Médicos Sin Fronteras, contó que ?“las condiciones para las operaciones son muy difíciles por los cortes de electricidad. Las clínicas están instaladas en apartamentos, la gente no quiere ir a los hospitales, donde pueden ser arrestados o torturados”.

Con la ofensiva contra Homs la oposición no solo pierde un símbolo, sino que por su proximidad a la frontera libanesa la ciudad se había vuelto una retaguardia. Aunque el ELS insiste en que es un “retiro táctico”, va a ser muy difícil que regresen. Además, hay preocupantes divisiones entre el Consejo Nacional Sirio, compuesto por opositores en el exilio y los comandantes del ELS, que no reconocen su legitimidad. Sin contar con la presencia de grupos autónomos que combaten contra Al-Assad, formados por islamistas sirios, iraquíes y de otras nacionalidades.

Sin embargo, Al-Assad actúa como si el país estuviera en paz. El domingo, mientras su tropas aplastaban Homs, organizó un referendo para una nueva Constitución, con un sistema multipartidista que limita los periodos presidenciales y da más libertades políticas. La consulta, aprobada por 89 por ciento, fue calificada por Occidente como “una farsa”, mientras el régimen afirmó que el resultado “mostraba las debilidades de la oposición”.

Entre tanto, la ONU emitió, una vez más, una resolución para condenar las violaciones de los derechos humanos y pidió al régimen permitir la entrada de agencias humanitarias. Pero Al-Assad sabe que, gracias a China y Rusia, la ONU no pasará de estos inútiles comunicados. A casi un año del operativo de la Otan en Libia, es increíble cómo el concepto de “intervención humanitaria” puede cambiar tan pronto.

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