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| 11/11/2016 10:03:00 PM

Trump: ¿Una amenaza para la comunidad LGBTI?

El magnate definirá las mayorías de la Corte Suprema y así, probablemente la adopción por parte de parejas del mismo sexo. El nuevo presidente es un conservador moderado, pero su ‘vice’ es abiertamente homofóbico.

En toda elección presidencial, siempre hay ganadores y perdedores. Sin embargo, pocas veces la lista de estos últimos se había visto tan abultada como el pasado martes cuando Donald Trump se hizo a la presidencia de los Estados Unidos. Todo el establecimiento salió derrotado: los Clinton, los Obama, los medios de comunicación, las encuestadoras, la clase política, los empresarios. Sin embargo, entre ese grupo de descontentos hay unos que han pasado desapercibidos y que tal vez puedan estar entre quienes sufrirán más: la comunidad LGBTI. 

Lo dice el artículo de portada de la revista The Economist: “América está a punto de dar un radical giro a la derecha”. El semanario británico asegura que de la presidencia del magnate hay que esperar una mezcla del gobierno de Reagan y del Frente Nacional francés. Trump no solo es conservador en lo económico (no cree por ejemplo en los tratados de libre comercio) o en los temas migratorios (uno de sus propuestas de campaña era deportar 11 millones de inmigrantes ilegales), sino que también es conservador en todos los temas morales: rechaza el aborto y, aunque no es homofóbico, no apoya las causas de la comunidad LGBT.

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Hay quienes intentan explicar en esto último una de las razones de su éxito electoral. El magnate era el candidato de la mayoría de iglesias protestantes y evangélicas de los Estados Unidos. Y había una razón de fondo para este apoyo en bloque: la elección de magistrados de la Corte Suprema.

El tema es de vital importancia en ese país. Al igual que la Corte Constitucional en Colombia –o incluso mucho más- ese organismo ha logrado imponer una agenda en los Estados Unidos. El Alto Tribunal ha tomado decisiones que el Congreso nunca se ha atrevido y en un sistema federal como el de ese país, es quizás la mayor autoridad para todos los estados de la unión.

El organismo tomó gran protagonismo en junio del año pasado. En una histórica decisión, sus magistrados aprobaron el matrimonio de parejas del mismo sexo. El tema no era nada fácil porque significaba pasar por encima de la autoridad que tienen los estados para regular los asuntos internos. La Corte en ese fallo les prohibió vetar esas uniones.

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El presidente Obama fue el gran aliado de esa causa. Desde la Casa Blanca se convirtió en 2012 en el primer mandatario en ejercicio en apoyar la igualdad del matrimonio. En junio de 2015, Obama calificó el fallo de la Corte Suprema como “una victoria para Estados Unidos” y en un histórico discurso aseguró que “cuando todos los americanos son tratados como iguales, todos somos más libres”. La misma línea tenía Hillary Clinton.

La sentencia tuvo su origen en el drama de una pareja: Jim Obergefell y John Arthur. Ambos se enamoraron en 1992, pero decidieron casarse cuando este último fue diagnosticado con Esclerosis Lateral Amiotrófica (ELA). Ambos vivían en Ohio donde el matrimonio entre parejas del mismo sexo no era legal y por eso, en 2013, viajaron en un avión hospital hasta Maryland para poder realizar la boda.

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La historia conmovió a miles de norteamericanos pues en su estado de origen nunca les reconocieron su condición de casados y Arthur finalmente murió tiempo después. Su caso desembocó en la sentencia de la Corte Suprema.

El fallo del Alto Tribunal es uno de los documentos más importantes de la causa por la igualdad de derechos de las personas del mismo sexo. El juez Kennedy, ponente de la decisión dejó incluso unas frases que compartieron muchísimas personas en redes sociales. “No hay ninguna unión más profunda que el matrimonio, que representa los más altos ideales de amor, fidelidad, devoción, sacrificio y familia. Al formar una unión en matrimonio, dos personas se convierten en algo más grandioso que lo que eran antes”, escribió en su fallo.

La sentencia es tan importante que solo puede compararse con la ilegalización de la segregación racial en 1954 o la despenalización del aborto en 1973, ambas decisiones tomadas por ese alto tribunal. Pero su votación no fue unánime. El resultado quedó en un apretado 5-4.

Meses después del fallo, falleció el juez Antonin Scallia, la principal voz de la derecha en ese alto tribunal. En ese país, los jueces son nombrados de manera vitalicia por el presidente, por lo cual cada elección tiene una enorme importancia política. Esa escasa mayoría y la posibilidad de reemplazar al juez Scallia generaron gran expectativa en las comunidades protestantes y evangélicas que apoyaron a Trump esperando poder recomponer la composición de la Corte Suprema a su favor. Y así, la religión se convirtió en uno de los ejes importantes de la campaña electoral.

No es la primera vez que sucede este escenario. El factor religioso también tuvo un especial peso en los años 70 después de otra histórica sentencia: Roe vs. Wade, que despenalizó el aborto en 1973. La decisión desató en su momento el malestar de millones de cristianos y evangélicos que terminaron canalizando su inconformidad en el Partido Republicano. Así, en los años ochenta los grupos conservadores se convirtieron en un apoyo clave para la presidencia de Ronald Reagan, uno de los presidentes más conservadores de los que Estados Unidos tenga memoria y quien postuló en su momento al juez Antonin Scallia, a quien hoy Trump tiene que reemplazar.

Trump ha señalado que el nuevo miembro y los que le toque elegir después deberán tener el molde del Juez Scallia, quien junto a los jueces Roberts, Tomas y Alito se opusieron a la decisión del matrimonio de parejas del mismo sexo.

El líder republicano no está de acuerdo con el aborto y aunque dice que apoya a la comunidad LGBT frente a la discriminación -de hecho fue una de las voces más críticas frente al atentado terrorista en la discoteca gay en Orlando- también ha dicho que él cree en el “matrimonio tradicional”.

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Muchos creen que la llegada de Trump es una amenaza para todas las libertades civiles que ese grupo ha conquistad. Con él en la Casa Blanca se ve más difícil que la Corte Suprema pueda dar el paso siguiente: aprobar la adopción por parte de parejas del mismo sexo. También se cree que Trump podría revivir la política de “Don’t ask, don’t tell” que prohibía a los miembros del ejército a revelar su orientación sexual. Otro punto que genera inquietud es lo que pasará con el ObamaCare, el ambicioso plan de salud del actual presidente que Trump pretende desmontar. Allí estaban incluidas numerosas garantías para esa comunidad, por ejemplo los procedimientos médicos de cambio de sexo.

El New York Times registró esa alarma. “Pánico entre la comunidad lesbiana, gay, bisexual, y transgénero que por primera vez en ocho años se enfrentará a una administración hostil frente a los derechos civiles y a un presidente electo que ha expresado su deseo de reversar muchos de sus triunfos políticos”, escribió en un análisis esta semana. “El triunfo de Trump es una perdida devastadora para nuestra comunidad” le dijo Jay Brown, el vocero de Human Rights Campaign a ese diario en ese reportaje.

Y el problema ni siquiera es Trump, sino su vicepresidente Mike Pence. El ex gobernador de Indiana es uno de los políticos más intolerantes con la comunidad LGBT. Se define a sí mismo como un “cristiano, conservador y republicano, en ese orden”. Sus frases homofóbicas han hecho carrera en los Estados Unidos. Aseguró que si se aprobaba el matrimonio gay se viviría un “colapso social”, se opuso una ley antidiscriminación, a la política de respeto a la diversidad sexual en las Fuerzas Armadas y a la directriz presidencial sobre los baños mixtos. Trump lo ha descrito como su “perro de ataque”.

Pocos imaginarían que Trump, un hombre acusado de todo tipo de escándalos, quisiera mostrarse como un estandarte de “moral” religiosa. Sin embargo, todo parece indicar que así lo ven muchos en Estados Unidos. Habrá que ver si sus promesas a los grupos religiosos serán verdaderamente el eje de su gobierno o eran simples coqueteos de campaña.

Trump ha señalado que el nuevo miembro y los que se elijan si es el elegido deberá tener el molde del Juez Scallia, quien tenía una tendencia conservadora y junto a los jueces Roberts, Tomas y Alito se opusieron a la decisión.

“El poder del presidente para nominar a los magistrados de la Corte Suprema, y así influir en la ley sobre el matrimonio, el aborto y la libertad religiosa, supera todo lo demás”, señala la revista Economist.

El diario The New York Times ha hecho varios editoriales denunciando este efecto secundario de las elecciones presidenciales. “Los republicanos quieren mantener esa mayoría (en la Corte Suprema), incluso si eso significa arrojar fuera todas las normas políticas”, señaló el tradicional diario, uno de los mayores críticos de la candidatura de Trump. Agregó que un tribunal ideológicamente controlado por ese partido “podría utilizar una severa interpretación de la Constitución para asegurar que la política estadounidense pueda ser inundada con dinero ilimitado, que las restricciones de armas razonables sean derribadas, que los intereses corporativos prevalezcan sobre los de los consumidores y que las regulaciones ambientales básicas sean rechazadas”.

Irónicamente Trump está a punto de perder el apoyo de un estado que en los últimos 50 años siempre ha votado por el Partido Republicano. Utah es un estado vinculado estrechamente con los mormones, en su capital Salt Lake City se encuentra su sede principal y más del 60 por ciento de sus habitantes son miembros de esa asociación religiosa.

Es tal la influencia de este grupo que el candidato independiente mormón Evan McMullin (22 por ciento) está casi empatado en las encuestas con Clinton y Trump (26 por ciento ambos), lo cual está a punto de quitarle la nominación por este estado a este último, pues dividió los votos que han sido tradicionalmente republicanos.

La influencia del partido del presidente nominador en la tendencia ideológica de la Corte se hizo evidente en la decisión de la aprobación de parejas del mismo sexo. Los 4 nominados por presidentes demócratas votaron a favor de la decisión: Ruth Ginsburg y Steplen Breyer fueron nominados por Bill Clinton y Sonia Sotomayor y Elena Kagan por Barack Obama. Por su parte 4 de los 5 nominados por los republicanos votaron en contra: John Roberts por George Bush, Clarence Thomas y Samuel Alito por George H. W. Bush y Antonin Scallia por Ronald Reagan.

Los grupos religiosos han dado especial relevancia al nombramiento del reemplazo de Scallia, pues saben que pronto la Corte Suprema tendrá en sus manos un tema aún más relevante que el matrimonio de parejas del mismo sexo: la adopción.

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