Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

×

| 5/13/2006 12:00:00 AM

Imparables

Las elecciones británicas fueron apenas el más reciente ejemplo del crecimiento de la ultraderecha local en Europa.

Gran Bretaña acaba de integrarse a la lista negra de los países donde vienen creciendo a ritmo exponencial los partidos de ultraderecha. El Reino Unido fue la excepción de este fenómeno en Europa, hasta las recientes elecciones municipales de principios de mayo, cuando el neonazi Partido Nacional Británico (BNP, por su sigla en inglés) consiguió 44 concejales, 11 de ellos en un distrito pobre de Londres, lo que desató las alarmas en toda Europa.

El miedo a la globalización y a la inseguridad, el aumento de la inmigración y la creciente 'islamización' de Europa son las causas de este aumento, al parecer imparable, de la ultraderecha. El BNP logró sus votos entre los blancos pobres con una campaña para que el Estado les dé prioridad en el acceso a escuelas y viviendas a los 'británicos nativos'. Su líder, Nick Griffin, quien ha calificado el Islam como una "fe malvada y viciosa" y está pendiente de un juicio por incitar al odio racial, es popular en los barrios pobres del norte de Londres, la misma zona donde vivían los cuatro autores de los atentados de julio de 2005.

El mismo día del triunfo de Griffin, el primer ministro de Polonia, Kazimierz Marcinkiewicz, invitó a entrar en su gobierno a la Liga de las Familias (extrema derecha católica) y a la Autodefensa de la República de Polonia, un partido ultraderechista conocido como 'Samoobrona'.

En los últimos años, la ultraderecha no ha cesado de expandirse en Europa. En Austria, el partido FPÖ, de Jörg Haider, gobierna el país desde 2000, en compañía de los conservadores católicos. Haider llegó al poder con el 30 por ciento de los votos y es el político más representativo de la extrema derecha europea. Le sigue en Suiza el partido SVP-UDC (Schweizerische Volkspartei-Union Démocratique du Centre) que desde 1999 es la principal fuerza política del país.

En Noruega, el Partido del Progreso (Fremskrittspartiet) obtuvo en 2001 el 15 por ciento de los votos y se constituyó en el tercer grupo en importancia, y en Dinamarca, el Partido del Pueblo (Dansk Folkeparti), que obtuvo el 12 por ciento de los votos en 2001, compite con el Partido Socialdemócrata como segunda fuerza política.

En Italia, la extrema derecha tiene dos partidos importantes, Alianza Nacional y la Liga del Norte, liderada por Umberto Bossi, quien fue ministro del gobierno Berlusconi. En Holanda, el grupo LPF (Lista Pim Fortuyn) logró el 17 por ciento de los votos, a pesar de que su líder, Pim Fortuyn, fue asesinado antes de los comicios de 2002. Por su parte, el partido ultraderechista belga Vlaams Blok cuenta con el 15 por ciento de los votos en Flandes y aglutina el 10 por ciento de los votos del país. Y en Francia, al Frente Nacional de Jean-Marie Le Pen los sondeos le auguran el 10 por ciento de los votos en las próximas presidenciales de 2007, y el 34 por ciento de los franceses se siente representado por sus ideas.

"Estos votos expresan el miedo de un sector atacado por la pobreza y la precariedad laboral, que no ve un futuro claro para sus hijos ni cree ya en los partidos tradicionales de izquierda y derecha", dijo a SEMANA Reinhold König, analista de la Universidad de Bremen.

Algunos intelectuales conservadores consideran la ultraderecha como una buena noticia. El historiador español José Luis Orella asegura que estos partidos "tienen numerosos respaldos (…) y pueden convertirse en la tercera fuerza política europea".
¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

EDICIÓN 1825

PORTADA

Venezuela: la calle contra el dictador

Un trino de Santos indigna a Maduro y él amenaza con revelar los secretos del proceso de paz. Invocar el anti-colombianismo no cambia el hecho de que la crisis venezolana está llegando a un punto de inflexión.