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| 5/2/2004 12:00:00 AM

Incertidumbre mortal

En Israel nadie sabe qué va a ocurrir en los próximos días. Pero algo pasará. ¿Será Arafat el siguiente asesinado? ¿Se retirará Israel de Gaza? Crónica desde Ramala.

En el centro de Ramala, las paredes hablan. En esas calles estrechas y congestionadas por las que caminan mujeres con sus cabezas cubiertas por respeto a Alá hay un muro que es testimonio de sucesos ocurridos en los últimos días. En él se ven fotografías del jeque Ahmed Yassin, líder de Hamas asesinado por Israel el 22 de marzo. A su lado hay un afiche de Abdel Assis Rantisi, su sucesor muerto el 17 de abril, alcanzado en su carro por dos misiles lanzados por un avión israelí. También hay fotos de jóvenes que han muerto en enfrentamientos o se han inmolado criminalmente en ciudades israelíes. En un extremo está la imagen de Yasser Arafat, presidente de la Autoridad Nacional Palestina. Las miradas volvieron a centrarse en él el 23 de abril, cuando el primer ministro israelí Ariel Sharon dijo sentirse liberado del compromiso que adquirió con Estados Unidos de no atacarlo físicamente. Mahmud Khalidi, un hombre de bigote y piel oscura, mira esta pared y dice sentir temor por su líder: "Él es símbolo de la lucha palestina. Israel no tiene derecho a matarlo y si lo hace, correría mucha sangre", dice. Y de eso están conscientes el Ejército y la gente en las calles de Israel. Según cifras del gobierno, desde septiembre de 2000, cuando comenzó la segunda Intifada o levantamiento palestino, han muerto 959 personas en actos terroristas. Las amenazas de Hamas son reales y más ahora, tras la muerte de sus líderes. Por esto, para cualquier palestino ahora es casi imposible salir de Ramala y recorrer los 20 kilómetros que la separan de Jerusalén. A pesar de las amenazas contra su inquilino, en la Mukata, la residencia de Arafat, en Ramala, no se ve movimiento. Unos guardias vigilan la entrada. Hay un par de edificios en ruinas, algunos vehículos convertidos en chatarra y dos banderas pequeñas. Pero esta tranquilidad es aparente, como dicen los vigilantes. Algunos ministros israelíes como Ehud Olmert y Guideon Ezra negaron que las declaraciones de Sharon fueran una amenaza real. Pero la gente en Israel y en los territorios palestinos considera que el asesinato podría ocurrir en cualquier momento. Después de la muerte de los líderes del Hamas, nadie duda de que el gobierno israelí siga cumpliendo su política de asesinar los dirigentes que considera están involucrados en terrorismo. Sin embargo, para algunos analistas de periódicos como Haaretz, con Arafat es distinto. Creen que matar a este líder democráticamente elegido, con miles de seguidores en el mundo árabe, produciría una catástrofe. Shimon Peres, ex primer ministro israelí, líder de la oposición laborista, afirmó que atacar a Arafat uniría a los palestinos en su odio hacia Israel. La discusión se produce en un momento en que Sharon busca fortalecer su posición frente a los miembros del Likud, su partido, que al cierre de esta edición decidían si apoyar o no el plan de evacuación de la franja de Gaza presentado por el primer ministro y respaldado por el presidente estadounidense George W. Bush en Washington. Según esta propuesta, Israel evacuaría Gaza y parte de Cisjordania, y conservaría sólo los grandes asentamientos: Hebron, Kyriat Arba, Gush Etzion, Ariel y Givat Zeev. Se calcula que unos 7.500 colonos judíos viven en Gaza junto a 1,5 millones de palestinos. Para Sharon, el asunto no es fácil. El pasado 28 de abril, 60.000 colonos se concentraron en Gush Etzion en Gaza para protestar contra la medida. Y los palestinos tampoco están contentos, porque detrás de la salida parcial está la confirmación del derecho a permanecer en el territorio. Saeb Erekat, uno de los hombres que participó en los Acuerdos de Oslo, dijo a SEMANA que "es lamentable que un presidente norteamericano legitime asentamientos ilegales". Está seguro de que en los próximos días algo ocurrirá que cambiará la vida en este lugar. No se sabe con certeza si Arafat será el siguiente en la lista, pero está claro que la posibilidad ya no hace parte de la ficción.
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