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| 12/19/2004 12:00:00 AM

Irak hacia la guerra civil

La invasión de Estados Unidos tiene al país sumido en el caos y nada garantiza que las elecciones de enero eviten una conflagración de grandes dimensiones

El sentido común sugiere que si las tropas norteamericanas se retirasen de Irak, el país se sumiría en la guerra civil, como ocurrió con el Líbano a finales de los 70. Sin embargo, tal apreciación omite una pregunta planteada en las recientes semanas: ¿no ha empezado ya la guerra civil?

Irak no se ha convertido en un Líbano; sin embargo se acumula evidencia de que el país se encontraría al menos en las etapas incipientes de un conflicto étnico y sectario. Grupos armados iraquíes han perpetrado asaltos cada vez más mortíferos contra sus conciudadanos, en un esfuerzo por afirmar su dominación. Esta lucha se está definiendo en términos de divisiones étnicas y religiosas: árabes sunitas revoltosos que entran en colisión contra árabes chiítas y contra kurdos. (...)

Algunos analistas dicen que las líneas de batalla han sido fortalecidas por la política norteamericana de limitar el poder de la minoría sunita, la cual dominó a Irak durante la era de Saddam Hussein.

Los norteamericanos les han entregado la mayor parte de la autoridad a los chiítas, quienes representan a la mayoría de los iraquíes y en una porción menor a los kurdos, que son la quinta parte de la población. Esto ha aumentado la influencia de los dos grupos principales que fueron suprimidos por Saddam y generó temores entre los sunitas por la posibilidad de tener que compartir el poder con dichos grupos en situación minoritaria.

Algunos de los más prominentes líderes sunitas están expresando oposición a participar en las elecciones para una asamblea constituyente, mientras que los chiítas y kurdos están interesados en hacerlo. Los funcionarios electorales iraquíes y el presidente George W. Bush insisten en que la votación se hará como está previsto, a pesar de los llamados de los líderes sunitas para que se posponga. De este modo, el espectro de la guerra civil podría crecer a medida que se acerca el 30 de enero, día de las elecciones.

Los norteamericanos han aumentado la hostilidad de los sunitas al apoyarse en los reclutas chiítas y kurdos para derrotar la insurgencia sunita. La guerrilla, a su vez, refuerza la animosidad sectaria al atacar reclutas o funcionarios del gobierno acusándolos de colaboración con el enemigo. Muchos de ellos son chiítas o kurdos.

En recientes semanas se ha formado cuando menos una nueva milicia chiita, y no para oponerse a los norteamericanos sino para vengarse de los sunitas.

Los norteamericanos fincan sus esperanzas de traer la paz a Irak en las elecciones y en la conformación de un gobierno elegido. No piensan que sea inevitable una guerra civil. Argumentan que la sociedad iraquí es un mosaico de grupos que han coexistido siempre. Señalan que no todos los sunitas se encuentran en plan de rebelión.

Tan solo la semana pasada el Sheik Ghazi al-Yawar, presidente de Irak y líder de una poderosa tribu sunita, dijo que su partido competiría en las elecciones. Algunos norteamericanos predicen que tan pronto los sunitas vean que las elecciones salen adelante, participarán.

Con todo, la violencia caldea los ánimos. Los asaltos de iraquíes contra otros iraquíes han adquirido proporciones horrendas. En octubre, insurgentes vestidos de policías detuvieron tres buses que llevaban 49 soldados iraquíes recién entrenados, en su mayoría chiítas, y los asesinaron.

En respuesta, líderes chiítas de la ciudad de Basora comenzaron a decirles a los jóvenes que había llegado la hora de la venganza. Organizaron a cientos de chiítas en Brigadas de la Ira, la última expresión de los grupos armados que han anunciado su conformación en medio de la anarquía. El objetivo consiste en asesinar sunitas extremistas en el área norteña de Babil, conocida como el Triángulo de la Muerte, en donde numerosos funcionarios de seguridad chiítas y peregrinos han sido asesinados.

"Los wahhabitas y los salafistas se han unido para perjudicar a sus hermanos musulmanes y han comenzado a matar a cualquiera que esté afiliado a los chiítas", dijo Dhía al-Mahdi, líder de las Brigadas de la Ira, en un comunicado."Las Brigadas de la Ira serán despachadas a esas áreas donde se encuentran esos miserables bacilos y habrá pelea".

No está claro si las Brigadas de la Ira han cumplido ya con sus amenazas; pero su sola conformación muestra cuánto ha variado la dinámica de la violencia en Irak.

James Fearon, profesor de ciencia política de la Universidad de Stanford, señaló la creación de dichos grupos como "parte de la guerra civil incipiente que estamos presenciando ahora". También dijo que la historia del dominio colonial enseña que el conflicto civil puede resultar de la tendencia de un poder ocupante de favorecer a grupos locales para utilizarlos como combatientes en su lugar.

En el seno de las nuevas fuerzas de seguridad, los kurdos y, en un grado menor, los chiítas han demostrado ser los combatientes más efectivos contra la insurgencia de los sunitas y los militares norteamericanos y el gobierno provisional iraquí están aprovechando la actividad de las milicias que operan para los partidos políticos kurdos y chiítas.

La estrategia salió a la luz en Mosul, una ciudad del norte de Irak en donde la violencia estalló mientras los norteamericanos realizaban su asalto contra los insurrectos del bastión sunita de Faluya. En Mosul, el gobernador hizo entrar en la ciudad 2.000 milicianos kurdos, y la lucha se produjo en los barrios sunitas de la ciudad, allí donde son atacados ahora diariamente los convoyes estadounidenses.

Mosul es un exponente de los problemas de Irak, y la guerra civil está en aumento aquí. La insurgencia es organizada por ex funcionarios del partido baathista empeñados en arrebatarles el poder a sus paisanos iraquíes. No se trata entonces de jihadistas que tratan de fomentar la anarquía, según lo manifestó el brigadier general Carter F. Ham, comandante de una fuerza de operaciones en el norte del país. La guerrilla ha ejecutado a 90 iraquíes en días recientes, pertenecientes a las nacientes fuerzas oficiales.

En el pasado, el comando norteamericano enfatizó el papel de los muyahidines extranjeros en la rebelión. Sin embargo, recientemente reconoció que la gran mayoría de los insurgentes está compuesta por iraquíes, aunque sigue usando el término "fuerzas antiiraquíes" para referirse a los rebeldes. Aunque el término describe su oposición al gobierno provisional iraquí, de todas maneras oscurece el desplazamiento gradual de esta guerra externa hacia un conflicto civil. Menos del 5 por ciento de los primeros 1.000 capturados en los combates de Faluya eran extranjeros.

Un síntoma de la división entre iraquíes fue que los chiítas no protestaron por la ofensiva de Faluya.

En abril, cuando los marines lanzaron su primera y fracasada invasión de Faluya, Muqtada al-Sadr, un clérigo chiita, condujo una sublevación para formar un frente contra la ocupación. La segunda vez, su principal asistente hizo una declaración en la que criticaba el nuevo asalto norteamericano, más violento que el anterior. En cuanto al gran ayatola Ali al-Sistani, el más poderoso de los religiosos chiítas de Irak, no condenó de inmediato la invasión.

"Ha habido tantas víctimas chiítas en esta revuelta, especialmente entre los reclutas y los oficiales asesinados en grandes números por lo menos una o dos veces por semana", escribió, Mark Levine, profesor de historia moderna del Medio Oriente en la Universidad de California. Dichos ataques, así como el ingreso de combatientes sunitas extranjeros en Irak, "han resucitado la ira de los chiítas por sus sufrimientos durante la etapa de Saddam en el poder".

El mayor detonante de un conflicto civil podrían ser las propias elecciones, cuando la controversia sobre participar o no en ellas conduzca a enfrentamientos armados.

Contra ese telón de fondo, el Pentágono anunció que aumentaría el número de hombres en Irak a 150.000, partiendo del actual nivel de 138.000, para ayudar a prevenir la violencia dirigida, presumiblemente por insurgentes sunitas contra candidatos y votantes, los más entusiastas de los cuales serán sin duda alguna los chiítas y los kurdos.

*Periodista. Distribuido por The New York Times News Syndicate
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