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| 6/17/2013 12:00:00 AM

Irán: los grandes desafíos de Rohani

Súbitamente, Hassan Rohani se convirtió en el nuevo depositario de las esperanzas de la sociedad iraní.

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DW
Los iraníes aman las sorpresas. El Estado sorprende a la sociedad; la sociedad sorprende al Estado, y ambos sorprenden a la comunidad internacional. Una y otra vez. También ahora, en las elecciones presidenciales.

Después de que el Consejo de Guardianes de la revolución excluyera a casi el 99 por ciento de los candidatos de las elecciones, dejando así el menor lugar posible a las sorpresas, sólo quedaron seis postulantes al cargo: el moderado Rohani y cinco conservadores
 
Entre estos últimos no había un verdadero favorito y Rohani era considerado relativamente desconocido. En consecuencia, se partía del supuesto de que habría una segunda vuelta electoral, probablemente entre dos candidatos conservadores. Pero todo ocurrió de manera diferente.

Las elecciones presidenciales iraníes se definieron en la primera vuelta. El recuento de votos duró más de lo previsto inicialmente, por lo cual la tensión aumentó de hora en hora, hasta que el Ministerio del Interior iraní dio a conocer el resultado en forma oficial. Nadie había contado con un triunfo tan repentino y claro de Rohani. ¿Qué fue lo que lo hizo posible?

Esperanzas en un tiempo desconsolado

La situación en Irán es miserable. Un alto desempleo, una inflación desatada, una economía que se estanca, agobiantes sanciones y mucho más marcan la vida cotidiana en este Estado teocrático. A ello se suman las cicatrices políticas que dejó la violenta represión del movimiento de protesta tras las elecciones de 2009. Semejante situación no es a la larga sostenible y desemboca indefectiblemente en un profundo descontento, que se refleja en el resultado electoral.

El desenlace de las elecciones presidenciales fue un nítido rechazo a la política atómica y exterior de los conservadores y, al mismo tiempo, representa una clara derrota del líder religioso del país, el ayatolla Ali Jamenei.

En el lapso de pocas semanas, Rohani se ha convertido ahora en el depositario de las esperanzas de la población, en una época más bien desconsolada. Desde el primer día se verá confrontado con grandes desafíos. Por una parte, tendrá que encontrar rápidamente una salida al estancamiento de las conversaciones sobre el programa atómico. Solo así podrá esperar que se atenúen los conflictos y se flexibilicen las sanciones, con el consiguiente alivio de los problemas sociales.

Por otro lado, tendrá que buscar la reconciliación con el pueblo. Ella solo será posible si se acaba con las medidas represivas, se deja en libertad a los presos políticos, se levanta de inmediato el arresto domiciliario de los reformistas Mussawi y Karoubi y, no en último término, se garantiza la libertad de prensa y el libre acceso a la información.

En Rohani se cifran, sin duda, grandes esperanzas, aunque sabemos que el camino hacia tales objetivos es tortuoso y empinado. Por un lado, el líder religioso es quien tiene la última palabra en los asuntos más importantes, como la pugna por el programa atómico.

De otra parte, los conservadores tienen mayoría en el Congreso. En consecuencia, el triunfo de Rohani en las elecciones presidenciales es solo un primer paso. Los iraníes ya han visto con frecuencia que las grandes expectativas pueden derivar en grandes decepciones. Pero esta vez el tiempo apremia y el precio de otra decepción es muy alto.
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