Domingo, 4 de diciembre de 2016

| 2016/08/04 19:45

¿Hay radicales islámicos en Latinoamérica?

Tras los recientes ataques perpetrados por el terrorismo islamista en Europa, el mundo vuelve su mirada hacia las Olimpiadas de Río 2016. Pero ¿conseguirán llegar los radicales a los diversos países América Latina?

Si se producen ataques, Marzoughi cree que vendrían de la mano de “células armadas procedentes del exterior”. Foto: BBC.

Las autoridades brasileñas arrestaron en las últimas semanas a varias personas por exaltar a extremistas islámicos en las redes sociales. Luis Almagro, director de la Organización de Estados Americanos, alertaba en los primeros meses de 2016 de que un número indeterminado de jóvenes latinoamericanos había sido captado por Estado Islámico a través de redes sociales para viajar a Siria. Almagro expresaba entonces su temor a que pudieran producirse ataques en cualquier momento en la región.

En los Juegos Olímpicos de Río, el gran reto es la seguridad. El evento contará con un despliegue de seguridad de unos 85.000 efectivos, más del doble que Londres 2012. Las fuerzas militares brasileñas patrullan desde hace días en la calles y las autoridades han inaugurado un centro de vigilancia policial que contará con el apoyo de 250 agentes de 55 países. El Centro de Cooperación Policial Internacional empezó a operar el lunes (01.08.206) en Brasilia y cuenta desde hoy (04.08.2016) también con una oficina en Río de Janeiro. “El objetivo será combatir la criminalidad y el terrorismo de forma integral", dijo el ministro de Justicia, Alexandre de Moraes.

Además, Brasil ha reforzado sus controles fronterizos. Desde hace tiempo, funcionarios de inteligencia han señalado la región de la frontera con Paraguay y Argentina, donde reside una considerable comunidad musulmana, como un punto débil de la seguridad de Brasil. La enorme tarea de vigilar la triple frontera está en el centro de atención.

“El mismo riesgo que en el resto del mundo”

“América Latina está en el mismo mundo que el resto y podría sufrir los mismos ataques que otros países”, dice a Deutsche Welle Sheikh Lyes Marzougui, director del Centro de Estudios Islámicos Al-Qurtubi de Bogotá. Sin embargo, Marzoughi no cree que esos ataques pudieran proceder de los musulmanes allí asentados: “En Sudamérica, las comunidades musulmanas están totalmente integradas en el paisaje social, no viven la problemática de los musulmanes de Europa, por ejemplo. Aquí están integrados, tienen un nivel económico muy elevado, para nada están considerados como marginales de la sociedad, al contrario. Son motores de la sociedad. En el mismo Brasil hay más de 10 millones de musulmanes, muchos libaneses, la mayoría empresarios que mueven la economía del Brasil. No son la oveja negra de la sociedad”, asegura.

Si se producen ataques, Marzoughi cree que vendrían de la mano de “células armadas procedentes del exterior”. Sin embargo, ve difícil que haya riesgo de radicalización por parte del flujo de migrantes asiáticos y africanos que tratan de llegar a EE.UU. cruzando varios países latinoamericanos. “Quienes llegan, lo hacen de la mano de grupos mafiosos, que los llevan hasta EE.UU. Muchos son familias con mujeres e hijos. No tengo constancia de ello, pero dudo que se queden aquí formando grupos organizados. Además, el grupo de migrantes que llega no sería suficiente para que se produjera una radicalización. Los musulmanes asentados aquí son alérgicos a movimientos violentos, porque están muy integrados y son respetados. Algo así afectaría mucho a estas comunidades, que tienen sus mezquitas, sus asociaciones, sus centros de enseñanza… Si alguien llegara con intenciones de radicalizar, aquí sería mucho más fácil de reconocer que en Europa”, asegura.

Chiitas en los Andes

Alertada por las noticias de la televisión peruana de que un grupo de musulmanes de Abancay, en los andes peruanos, tenía intención de unirse a la yihad, la periodista alemana Hildegard Willer hizo desde Lima un viaje de 16 horas en autobús para conocer de primera mano a estas personas. “En la televisión peruana no distinguieron entre chiitas y sunitas. Mientras que los miembros del Estado Islámico son sunitas radicalizados, el grupo que encontré en Abancay son chiitas que nada tienen que ver con el EI”, explica Willer a Deutsche Welle.

Además de practicar y propagar la religión musulmana, también llevan a cabo actividades políticas. “Quieren formar un estado teocrático, como en Irán, y están metidos en varios movimientos de izquierda. Políticamente se inscriben en el Perú de la izquierda, de tendencia chavista. Además, azuzan protestas y promueven un discurso antiimperialista”, continúa Willer. Pero ¿cabría esperar de ellos ataques contra instituciones de EE.UU. o israelíes en Latinoamérica? “Se trata de grupos muy chiquitos que no amenazan con atentados terroristas”, explica Willer. “Si quisieran aprovecharse del entusiasmo de los jóvenes, tal vez pudieran llegar a ser violentos, pero, de momento, no he encontrado indicio alguno para ese tipo de actividades. Como máximo, una cierta justificación de Hizbolá”, concluye la periodista.

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