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| 5/30/2004 12:00:00 AM

Islam a la francesa

El país galo se debate en una contradicción: para defender sus valores laicos se ve obligado a restringir las libertades que tanto defiende.

El iman de Vernissieux, Abdelkader Bouziane, ha sido el quinto clérigo musulmán expulsado de Francia este año. Como a los otros, lo acusan de difundir una versión de islamismo radical que podría fomentar el terrorismo y que es contraria a los derechos humanos y las leyes francesas. Bouziane había defendido prácticas como la poligamia y las golpizas a las mujeres infieles en una entrevista para una revista. Con anterioridad había lanzado un edicto religioso que promovía la guerra santa contra intereses estadounidenses en suelo francés. La semana pasada Bouziane apeló el fallo y pudo regresar al país, pero se esperaba que fuera expulsado de nuevo, pues el Ministerio del Interior tiene pruebas que lo relacionan con organizaciones que apoyan a terroristas.

"El gobierno no puede tolerar predicamentos de opiniones que son contrarias a los derechos humanos, atacan la dignidad de las mujeres y apelan a la violencia y el odio", explicó el ministro del Interior Dominique de Villepin. Éste aprovechó el incidente para destacar el problema que representan los imanes educados en el extranjero en una República laica. Sólo el 10 por ciento de los 1.500 imanes de Francia son ciudadanos franceses y sólo la mitad sabe hablar francés. Muchos tienen una formación muy pobre en sus países de origen y llegan a Francia con ideas fundamentalistas y predican un resentimiento contra los valores occidentales que las jóvenes generaciones de musulmanes suelen encontrar atractivo.

Tras los atentados del 11 de septiembre de 2001 y el 11 de marzo pasado en Madrid las autoridades francesas son menos tolerantes con estas manifestaciones. Para varios musulmanes la expulsión de imanes es un insulto, una violación de la libertad de expresión y una especie de persecución religiosa. No obstante, sucede que en Francia, más que en cualquier otro país de Europa, cualquier incitación al fundamentalismo islámico podría tener consecuencias explosivas. Tras varios años de inmigraciones de ex colonias y de los países del Norte de África, los musulmanes de Francia han pasado de ser una simple mano de obra barata, a la minoría religiosa más grande del país. Suman cinco millones, es decir, el 8 por ciento de la población. El Islam es hoy la segunda religión después del catolicismo y la comunidad musulmana de Francia es la más grande de toda Europa. Desde los años 60 Francia ha tenido que vérselas con atentados de terroristas argelinos y más tarde en 1995 con varias bombas de diversos grupos islámicos.

Por todo esto la cuestión del fundamentalismo islámico se ha convertido en uno de los principales retos de la nación. Tanto, que en las últimas elecciones presidenciales el candidato de la ultraderecha xenófoba Jean Marie Le Pen ganó la primera vuelta con un discurso antimusulmán que cautivó a miles de ciudadanos.. Era algo increíble en el país de la "liberté, égalité et fraternité", pero los electores no veían que ningún otro candidato respondiera al problema que presentaba la minoría. Al final, los franceses se sintieron avergonzados del resultado y votaron en contra de Le Pen, pero los políticos entendieron que tenían que atender la preocupación popular por el fundamentalismo islámico en suelo francés. La respuesta ha sido una serie de políticas para una integración exitosa de los musulmanes a los valores de la República. Y la política de expulsión de los imanes radicales es una de estas.

Al mismo tiempo se piensa impulsar la creación de escuelas para educar a los imanes en suelo francés, para que prediquen un discurso moderado y acorde con los

valores democráticos. El consejo musulmán, una entidad oficial creada el año pasado está detrás de esta iniciativa que aún no se hace realidad por falta de fondos.

Otras medidas que buscan la integración de los musulmanes a la sociedad también han sido polémicas. Así, desde 2003 la ley de la laicidad francesa prohíbe el uso de la hijab o velo islámico en los colegios públicos. La idea vino de un comité independiente de rectores de colegios, académicos, políticos, expertos en asuntos religiosos, intelectuales. etc. La justificación de la prohibición es proteger a las niñas islámicas que no desean usar el velo (según los cálculos son la gran mayoría) de la presión de grupo y los insultos. Si el velo es prohibido para todas, no tienen por qué justificarse ante sus pares, aseguran los expertos.

Es cierto que la medida atenta contra la libertad individual de las niñas que desearían usar el velo, pero ellas pueden hacerlo por fuera del colegio. Esta decisión está basada en un pilar de la República francesa según el cual se debe defender al individuo de la presión de cualquier grupo. El principio de laicidad del Estado francés fue el resultado de varios siglos de lucha contra el poderío de la Iglesia católica sobre los asuntos públicos, especialmente en la educación.

Desde que esta medida se puso en rigor decenas de niñas han sido expulsadas de los colegios por negarse a quitarse el hijab y cientos de musulmanes han salido a las calles a protestar. Según los críticos la medida no ha traído la integración deseada y, al contrario, ha abonado el sentimiento de resentimiento de los musulmanes franceses. Un reciente informe de The Economist exponía varias fallas en este proceso e indicaba que los musulmanes estaban cada vez más marginados en suburbios con problemas de violencia donde la Policía prefería no patrullar. Un informe muy diferente del periódico Le Monde mostraba que la mayoría de musulmanes aprobaban la prohibición del hijab y que las nuevas generaciones estaban mejor integradas a la cultura francesa.

Otra recomendación de la comisión de sabios fue que el Estado francés ayudara en la construcción de mezquitas y de escuelas de imanes franceses. Las investigaciones por el rastro del dinero de los atentados del 11 de septiembre han llevado a desconfiar de las donaciones de caridad del gobierno saudí y de otros países del Medio Oriente. Se ha comprobado que el grupo terrorista Al Qaeda está relacionado con miles de fundaciones de caridad islámicas en el mundo, y que algunos terroristas franceses han sido adoctrinados por medio de éstas. Pero en este terreno aún no se ha hecho mucho.

Es claro que el fundamentalismo islámico es un problema para Francia y que lo ideal sería lograr la integración de unos musulmanes demócratas y moderados a los valores liberales franceses. El otro escenario, mucho menos alentador, sería montarse en la política antiinmigración de Le Pen, y cerrarle las puertas a esta comunidad por miedo al terrorismo. Aún no es claro si las políticas de laicidad actuales son las apropiadas para evitar ese resultado.
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