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| 6/4/2010 12:00:00 AM

"Israel nos trató como terroristas y criminales"

Edda Manga, la colombiana que iba en la flotilla humanitaria donde murieron entre 10 y 20 personas después de ser atacada por comandos especiales del Ejército de Israel el 31 de mayo pasado, le relató a Semana.com el drama que vivió.

“Estoy cansada, no he logrado dormir desde el domingo pasado cuando nos atacó el Ejército de Israel”, dice Edda Manga desde Suecia, donde llegó deportada de Israel el miércoles pasado. Es una de los pasajeros de la flotilla Ship to Gaza, que llevaba ayuda humanitaria a la Franja de Gaza, territorio palestino que padece un bloqueo asfixiante de Israel desde junio de 2007.

El 31 de mayo pasado en la madrugada, tropas de élite de la Marina de Israel atacaron la flotilla en aguas internacionales, argumentando que representaba un peligro para su país. El ataque sin embargo ha sido condenado por gran parte de la comunidad internacional e incluso ha generado polémica en la sociedad israelí.

Nathan Jaccard entrevistó a Edda Manga, que vive en Suecia desde 25 años.

Semana.com: ¿Cuándo se embarcó en la flotilla humanitaria?

Edda Manga: Yo salí el 17 de mayo de Turquía, del puerto de Antalya en el sur del país. Me embarqué con 478 personas más en el Mavi Marmara, un barco de pasajeros y nos encontramos con el resto de la flotilla en un punto de encuentro en alta mar.
La flotilla la componían seis organizaciones humanitarias, cada una llevó uno o dos barcos. Yo iba con la Ong Ship to Gaza Suecia.

Semana.com: ¿Cuál era el objetivo de la flotilla humanitaria?

E.M: Llevábamos un año planeando la operación. Primero queríamos llevar ayuda humanitaria de persona a persona, sin tener que pasar por partidos políticos o estados. También aspirábamos romper el bloqueo de la franja de Gaza, condenado por la Onu, y reactualizar la legislación internacional de una forma no violenta.

Semana.com: ¿Qué llevaban?

E.M: En nuestro barco, que compartíamos con otra Ong griega, llevábamos dos plantas de desalinización de agua, repuestos para el acueducto de Gaza, casas prefabricadas, cemento, sillas de ruedas. Israel sólo deja entrar a Gaza comida y algunas drogas, pero tiene vetado todos los materiales para reconstrucción. Un año y medio después de los bombardeos, Gaza todavía está completamente destruida, no hay acueducto.

Semana.com: ¿Cuál era su rol y el de su marido sueco?

E.M: Mi marido fue uno de los fundadores de Ship to Gaza Suecia, ha ido varias veces a Palestina y en los noventa también llevó ayuda humanitaria a Bosnia, en ex Yugoslavia.
Yo fui como reportera, informaba a la prensa sueca y nuestra organización sobre los pormenores del viaje.

Semana.com: ¿Cómo era el ambiente a bordo antes del ataque?

E.M: Fue una experiencia muy linda. Había gente de 32 países diferentes, de todas las religiones, musulmanes, judíos, cristianos, personas de todos los continentes. A pesar de no hablar la misma lengua, con diversas ideologías, religiones, coincidimos en llevar ayuda humanitaria, de una forma no violenta. Algunos lo hicieron por caridad, otros por creencia religiosa, otros por motivos políticos, pero juntos logramos algo concreto. De una multitud de razones y causas llegamos a un solo objetivo, eso me dio muchas esperanzas.

Semana.com: ¿Ustedes esperaban que los atacara Israel?

E.M: Nos habían anunciado que no nos iban a dejar pasar, tomamos con seriedad la amenaza, pero hay que responsabilizarse por el mundo en el que vivimos. Sin embargo, nunca pensamos que la respuesta iba a ser tan desproporcionada. Nos mandaron comandos élites, nos tiraron a matar, no era ningún juego, para ellos era una guerra, es absurdo.

Semana.com: ¿Dónde estaba cuando la Armada de Israel los atacó?

E.M: Yo estaba en la sala de prensa del barco, en el penúltimo piso. A las 10 y media de la noche nos amenazaron, nuestro capitán les dijo que no teníamos voluntad de atacarlos. A las pocas horas vimos en los radares que varios buques de guerra estaban al lado, se veían las luces, pero estábamos en aguas internacionales, jamás nos imaginamos que nos iban a atacar.

Semana.com: ¿En qué momento se dio cuenta de que los estaban atacando?

E.M: Desde barcos inflables buzos israelitas nos empezaron a tirar granadas que sonaban muy duro, no sé qué eran, había un estruendo terrible. Luego vino el helicóptero y se oyeron tiros, supimos que estábamos bajo ataque. Un compañero entró a la sala de prensa gritando que habían matado a dos personas, que les habían disparado de frente. Asesinaron a un fotógrafo, yo lo veía todos los días, lo mataron con un tiro en la frente, tiraron para matar. La gente estaba en pánico, lloraba, muy nerviosa, no se movía y esperaba con los brazos en alto. No sabíamos qué iba a pasar.

Semana.com: ¿Trataron de resistir? ¿Cómo fue la reacción a bordo?

E.M: No pensamos que nos iban a mandar un comando así, sino antimotines. Planeábamos hacer resistencia pasiva, no estábamos muy organizados. Hicimos un cordón de personas alrededor del barco, cortamos las escaleras de acceso para no facilitar la subida. Imagínense la llegada del grupo élite israelí, bajando de las sogas del helicóptero disparando, todos de negro, con masacras, con cascos, armas con miras láser, botas gigantescas como de película, era aterrorizante. La gente desarmada sacó cualquier cosa y trató de defenderse, pero eso era una locura. Lograron desarmar a dos soldados, es increíble, les botaron las armas al mar, pero no les hicieron nada.

Semana.com: ¿Qué pasó cuando los comandos llegaron a la sala de prensa?

E.M: Como dos horas después de las primeras granadas los soldados llegaron. Las tropas israelíes se robaron todas las cámaras, los celulares, las películas, cualquier cosa que documentara el ataque. Nos revisaron la ropa, las medias, todo. Buscaban memorias USB, ‘chips’, querían monopolizar la información, las imágenes del ataque. Nos trataron como terroristas y criminales.

Semana.com: ¿Adónde los llevaron?

E.M: Después nos sacaron de la sala de prensa y nos sentaron en la cubierta. Cómo yo tengo pasaporte sueco y además era de prensa no me molestaron demasiado, me pusieron en una silla y ya. A los que no tenían nacionalidad europea los trataron mal, los humillaron, los tenían maniatados en la espalda, sentados de rodillas en el piso mojado. Si alguien decía algo le tapaban la cara.

Semana.com: ¿En qué momento llegaron a Israel?

E.M: Nuestro capitán se negó a manejar el barco y lo encerraron. Al segundo oficial lo amenazaron, le dijeron que si no llevaba el barco hasta Israel le hacían algo a su hijo. Llegamos como a las ocho de la noche a Ashdod, en Israel. Allí nos tuvieron horas parqueados, con un calor terrible, sin nada de comer, sólo agua.

Semana.com: ¿Cuándo los sacaron del barco?

E.M: A las 11 de la noche sacaron a las mujeres. Nos llevaron a una carpa gigante donde habían diferentes estaciones. La primera fue donde nos identificaron. Después me dijeron que estaba acusada de entrada ilegal al país y que tenía que firmar una deportación voluntaria para que me sacaran del país. Yo me negué y les dije que cuando nos atacaron estábamos en aguas internacionales, a 80 millas náuticas de la costa de Israel y a 105 de Gaza. Me dijeron que si firmaba en 72 horas estaba en mi casa, y que si no firmaba me iba a podrir en una cárcel en Israel. Firmé. Después nos dieron comida, pero yo no tenía hambre.

Semana.com: ¿Qué pasó después?

E.M: Me metieron en un furgón para llevar presos. Llegamos como a las tres de la mañana a una cárcel, 24 horas después del ataque a nuestra flotilla. Les di los números de teléfono de mis familiares para que les informaran que yo estaba viva. Al otro día nos volvieron a meter a los furgones. Después de unas horas de espera nos llevaron al aeropuerto, nos llamaron uno por uno y nos volvieron a requisar minuciosamente. Ahí nos esperaban tres aviones enviados por el Gobierno turco. Yo no tenía ningún sentimiento, estaba muy concentrada, pero cuando subí las escaleras y vi a un tripulante turco, que me miró a los ojos y me dijo: “Bienvenida”. Ahí me puse a llorar.

Semana.com: ¿Sabe si todavía hay gente retenida?

E.M: Sí, con nosotros iban ciudadanos israelíes y palestinos. A ellos no los sacaron de las cárceles, los están acusando de traición. Hay una mujer llamada Janin, parlamentaria de Israel, a quien le quitaron la inmunidad. También está aún retenida Lukma, una periodista, que acusaron de robarse las armas de los soldados. No sabemos tampoco cuántos desaparecidos hay. No sabemos si tienen gente en cárceles, en sitios de interrogatorio secretos.

Semana.com: ¿Qué pasó con los barcos, con la mercancía?

E.M: La Onu dijo que lo tenían que devolver. Israel contestó que iba a llevar la carga a Gaza, pero no sé qué va a pasar.

Semana.com: ¿Sabe si hay un proceso contra ustedes?

E.M: No sé, no creo. Los que firmamos el papel fuimos oficialmente deportados. Israel se dio cuenta de que no iba a lograr un proceso por un crimen imaginado, todo el mundo vio qué pasó.

Semana.com: ¿Usted qué va a hacer? ¿Emprendió acciones legales?

E.M: Fui a una estación de Policía acá, en Suecia, y les conté lo que me pasó. Los policías me dijeron que nunca habían escuchado algo así. No sabían cómo calificar el delito. Llegaron a la conclusión de que fue una retención ilegal y robo a mano armada.

Semana.com: ¿Qué cree que va a pasar con Israel frente a la comunidad internacional?

E.M: Es importante hacer los procesos judiciales por los crímenes que cometieron, restablecer la legalidad. Uno de los objetivos de la flotilla era reafirmar el derecho internacional, no podemos seguir funcionando así, que países violen la ley sin ningún problema.

Semana.com: ¿Por qué cree que Israel atacó la flotilla?

E.M: No creo que sea racional, esa actuación es en contra de sus propios intereses, creo que Israel ha sido una potencia militar tanto tiempo que no sabe reaccionar de otra manera, las armas son lo único que tienen para imponerse. Trataron de disuadir a la gente de seguir haciendo eso, pero creo que les salió el tiro por la culata.

Semana.com: ¿Volvería a embarcarse en una flotilla a Gaza o en un operativo así?

E.M: Yo voy para Gaza, estoy en camino. Yo le prometí a la gente de Gaza que los voy a ir a ver, porque para los palestinos todos los días son como los que me tocaron vivir esta semana.

Semana.com: ¿Qué sentimiento la dominó esta semana?

E.M: La esperanza. Vivo en un mundo que va de mal en peor. Los días antes del ataque había una fe que siento que puede cambiar la historia y se me renovó la esperanza en el poder de los ciudadanos.
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