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| 11/9/1992 12:00:00 AM

JAQUE A CUBA

Una ley aprobada por el Congreso norteamericano vuelve a poner en la cuerda floja al régimen cubano


A PROVECHANDO LA EPOCA electoral estadounidense, los más radicales oponentes del gobierno de Fidel Castro se han propuesto, desde el exilio, tumbar al dictador y revivir la guerra fría entre Cuba y los Estados Unidos.
La hábil maniobra anticastrista, patrocinada por la Fundación Cubano Americana, lleva como motor propulsor el Proyecto de Ley para la Democracia Cubana conocido como Ley Torricelli que fue presentado ante el Congreso por el demócrata Robert Torricelli, uno de los mayores beneficiarios de las donaciones electorales de la fundación. El proyecto, que fue recientemente aprobado por las dos cámaras del Congreso, formaliza e intensifica el bloqueo económico que Estados Unidos ha ejercido sobre la isla desde 1962, para así forzar a Castro a que introduzca reformas democráticas en Cuba.
Uno de los aspectos de la ley que mayor oposición ha generado es que, una vez ratificada por el mandatario estadounidense, le otorgaría al presidente la autoridad para excluir de la asistencia económica, de la venta de armas o del perdón de la deuda externa a todo país que comercie o que facilite algún tipo de ayuda a Cuba. México, Gran Bretaña, Canadá, Venezuela y Argentina, entre otros, ya se han pronunciado rotundamente en contra de esta cláusula, calificándola como un atentado a los principios básicos de cooperación internacional y como violadora de las cartas de la ONU, de la OEA y de las reglas de libre comercio establecidas por el Acuerdo General sobre Aranceles y Comercio (GATT).
Por otra parte, la ley prohibiría las subsidiarias de firmas norteamericanas negociar con Cuba, y esto no sólo limitaria la adquisición de alimentos, medicinas y otros bienes básicos necesarios para la supervivencia del pueblo cubano, sino que causaría multimillonarias pérdidas a un sinnúmero de multinacionales. Los opositores de la ley opinan, además, que ésta le quitaría a Castro la responsabilidad de afrontar la aguda crisis económica por la que atraviesa la isla, y simplemente lo elevaría al nivel de un victimizado caudillo.
Sin embargo, a pesar de estas y otras críticas de las que la ley ha sido objeto desde su presentación ante el Congreso en febrero, las posibilidades de que sea ratificada a mediados de esta semana son bastante favorables. El "sí" de Bush se convertiría en un magneto de votos provenientes de la población cubano norteamericana, cuyo peso es muy considerable en vista del bajonazo en el que su campaña se encuentra.
Pero todo parece indicar que la Fundación Cubano Americana no se ha conformado con que la ley sea ratificada por Bush. Para curarse en salud, y mediante una donación de la no despreciable suma de 125.000 dólares a la campaña de Bill Clinton, miembros de la organización anticastrista han asegurado que la Ley Torricelli también sea cortejada por este candidato, a quien las encuestas de opinión pública favorecen como futuro jefe de la Casa Blanca.
Así, frente a la inminencia de que sea adoptada e implementada, sólo queda por verse si, como a una reliquia celosamente guardada en el antiguo baúl del comunismo, a Cuba se la comerán, mordisco a mordisco, las polillas del capitalismo.
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