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| 9/20/2014 12:00:00 AM

Los perros de Europa comen mejor que niños africanos

El presidente Uruguayo José Mujica lamentó el desperdicio de comida en el mundo.

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EFE
A José Mujica, el atípico y experimentado presidente de Uruguay, le brillan los ojos de entusiasmo al hablar de los niños y del futuro que representan, pero se le nubla el semblante cuando denuncia que muchos mueren de hambre mientras una parte de la sociedad desperdicia la comida.

"Él, que ha visto casi todo en 79 años de una vida intensa y ajetreada, en la que antes de ser presidente fundó el Movimiento de Liberación Nacional Tupamaros y se hizo guerrillero, estuvo 14 años en la cárcel y fue diputado, senador y ministro, además de floricultor, analiza en una entrevista con Efe la situación de la infancia en un mundo lleno de contradicciones.

Mujica es una de las personalidades latinoamericanas que participan en un proyecto conjunto de la Oficina Regional de Unicef para América Latina y el Caribe y la Agencia Efe, llamado “25 líderes, 25 voces por la infancia” y dirigido a resaltar la importancia de la Convención sobre los Derechos del Niño, de la que se cumplen 25 años el próximo 20 de noviembre.

Al presidente uruguayo le indigna especialmente que todavía, como señala un estudio presentado por la FAO el 16 de septiembre, una de cada nueve personas en el mundo pase hambre, mientras se desperdicia un tercio de los alimentos producidos.

La guerra también es un motivo de preocupación para Mujica, que ha ofrecido acoger como refugiados en Uruguay a familias sirias desplazadas a Líbano por la guerra civil y ha dado prioridad a las que estén compuestas al menos por un 60 % de menores.

Pregunta: El 20 de noviembre se conmemorará el 25 aniversario de la Convención sobre los Derechos del Niño, ¿Cómo ve el futuro de ellos en un escenario conflictivo, con situaciones tan dramáticas como las de Siria o Gaza?

J.M:
Hay un circuito de guerras bastante irracionales donde naturalmente los que se llevan lo peor son la parte más débil de la población, empezando por los niños. Lo que pasa en Siria, lo que pasa en Medio Oriente, es una muestra palmaria de la importancia del problema (de la guerra) en el mundo contemporáneo.

Por otro lado, algunas cifras que se han establecido muestran un mundo que en los últimos cinco años tiene mucha más gente y mucha más comida, pero que está tirando cerca de un tercio de la que produce. Entonces, es muy probable que los perros de Europa coman mejor que los niños africanos, ¿verdad?, y de otras partes de América.

P: ¿Por qué es fundamental ocuparse de ellos desde que nacen?

J:M.: Hoy sabemos, por indicaciones de la ciencia, que el problema de fondo más grave del niño empieza en el vientre de la madre y tendríamos que empezar a hablar de los derechos de las parturientas, en función del fenómeno que están gestando, porque sabemos que lo que se pierde en los 2 ó 3 primeros años de vida es prácticamente irrecuperable a posteriori.

Pienso que estamos mandatados instintivamente para cumplir las funciones reproductivas que nos ha puesto la naturaleza, pero no necesariamente sabemos esas cosas. Y menos las saben las madres de los pobres en el mundo, lo que establece una doble responsabilidad de los gobiernos, en cuanto a difundir estos temas y proveer medios mínimos elementales que aseguren la marcha de esos primeros años de vida.

P: ¿Y qué papel juega la familia en todo esto?

J.M.:
La falta de tiempo, la presión de los hábitos sociales contemporáneos, los mal entendidos derechos por la igualdad del hombre y la mujer, la irresponsabilidad machista frecuente, crean enormes vacíos y si sabemos hoy la importancia que tiene la alimentación, también sabemos la que tienen los afectos en la primera etapa de la vida.

Este asunto no se arregla con bienes materiales. Los Estados, en el mejor de los casos, pueden proveer comida, abrigo, medicinas, pero no pueden dar cariño, no pueden dar afecto. Eso corresponde a la familia. El afecto es una cosa que solo pueden dar las personas y creo que estos fenómenos son graves. Hoy, más graves que antes, y están en el mundo contemporáneo en forma presente, en todas partes.

P: ¿Qué recuerdos guarda de su infancia, le gustaría volver a ser niño?

J.M.:
Si pudiera, volvería ser niño. De todos los valores, el más importante que hay es la vida, y eso no se compra. Y estar vivo es un milagro. Tenemos 40 millones de posibilidades en contra, de entrada, y después todas las que vienen.

Entonces, vale la pena cuidar la vida y recomendar de cuidar la vida porque es casi una estancia milagrosa. No se repite, no se puede comprar.
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