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| 5/10/2014 2:00:00 AM

Panamá, nuevo presidente o gerente

El nuevo mandatario de Panamá anunció que han terminado los días en que su país era manejado como un negocio personal. Con grandes inversiones colombianas en el istmo, muchos se preguntan qué implica esa afirmación.

En la misma avenida donde en 1989 los panameños celebraron la captura del dictador Manuel Antonio Noriega, cientos de simpatizantes del vicepresidente y opositor Juan Carlos Varela se reunieron una semana antes de las elecciones a cerrar una campaña que parecía perdida. Los ánimos no eran de fiesta, pues el enemigo número uno del magnate-presidente Ricardo Martinelli aparecía de tercero en la lista de posibles ganadores. Pocos apostaban por la victoria del cambio frente a la continuidad. Pero el domingo 4 de mayo los habitantes del istmo protagonizaron una sorpresa electoral que dejó mal paradas a todas las encuestas. Panamá eligió la ruptura y Varela se convirtió en el protagonista de esa promesa.

Con el 39 por ciento de la votación, siete puntos por encima del candidato oficial de Cambio Democrático (CD), Juan Domingo Arias y más de diez por arriba del opositor Juan Carlos Navarro, del Partido Revolucionario Democrático (PRD), Varela confirmó que los panameños son impredecibles a la hora de votar. Nadie imaginó que Varela fuera la verdadera amenaza de Arias, el candidato oficialista respaldado por la maquinaria de Martinelli. Por eso en los últimos días esta se concentró en manchar a Navarro mientras Varela aprovechaba su imagen de vicepresidente rebelde, que abandonó el barco de Martinelli desde 2011, y supo crear un discurso antigobierno que lo llevó a la Presidencia contra todos los pronósticos.

Quítate tu pa’ ponerme yo

Varela comenzó muy pronto a sentenciar el fin de una era, la de su examigo. “Mi gobierno será honesto, al servicio del pueblo y no un negocio, como ha sido hasta ahora”. Martinelli era el hombre de los negocios y de los récords. En solo tres años entregó el metro, inaugurado el 5 de abril, así como otras obras públicas y rascacielos que parecían demostrar que todo iba bien y, de hecho, el país creció el 8,4 por ciento el año pasado. Pero los escándalos de corrupción, la inflación desatada, la idea de que el presidente estaba gobernando el país como si fuera su finca y el afán de amarrar su permanencia en el poder al poner a su esposa Marta Linares como fórmula vicepresidencial de Arias hicieron llegar la tormenta más temprano que tarde. Ante la derrota, el magnate caído no tuvo otra salida que atacar. “Conozco lo que está del otro lado y verdaderamente, que Dios nos coja confesados.”

Martinelli olvidó que en Panamá no hay peor fantasma que el de la dictadura. El miedo está tan presente que, desde la caída de Noriega en 1989, los panameños mantienen la tradición de no elegir a un partido por dos periodos consecutivos. “El temor por la dictadura también frena esos intentos de reelección” le dijo a SEMANA la periodista Elizabeth Garrido. Por eso el de Varela fue un voto factura para Martinelli, que salió del poder con una deuda social inmensa, pues Panamá es un paraíso fiscal pero sus habitantes no están propiamente en el cielo. De sus casi 4 millones de habitantes, más de la mitad no tienen agua potable y el 28 por ciento vive en la miseria. Por eso caló el mensaje de “Varela te pone plata en el bolsillo”. En esencia, se trataba de decirle al país que de aquí en adelante el dinero será para todos y no para unos pocos.

La gran pregunta es si esto se quedará en promesa. Varela dijo que el negocio se acabó, pero puede que solo el de Martinelli. El ahora presidente también es un ingeniero adinerado, dueño de una empresa de licores y como Martinelli, un reconocido negociante. No es coincidencia que Varela haya sido su vicepresidente y que durante su paso como canciller fuera duramente criticado por ‘vender Panamá’ a empresas extranjeras. Para muchos expertos, su discurso no es tan opositor como se piensa y más bien se trata de un “quítate tu pa’ ponerme yo”. Como le dijo a SEMANA Miguel Antonio Bernal, catedrático y constitucionalista de la Universidad de Panamá: “Nosotros no tenemos ninguna garantía de que Varela no va a hacer martinellismo sin Martinelli.”

¿La reconquista?

Los destinos políticos de Panamá son particularmente sensibles para Colombia. En su plan de expansión a Centroamérica, el país ha penetrado varios sectores de la economía panameña en áreas como los bancos y la cerveza, pero sobre todo en la construcción y más teniendo en cuenta que Panamá vive de sus grandes obras, entre ellas la ampliación del Canal. Con el auge empresarial de la ‘era Martinelli’, Colombia entró a hacer parte de sus grandes aliados, lo que generó incomodidad y en algunos sectores despertó la sensación de una especie de “reconquista camuflada”. Algo así como el retorno de la Gran Colombia.

Por eso el nuevo presidente entra al poder en un momento donde la relación es fuerte, pero al mismo tiempo difícil. “Para los panameños lo que más afecta de los colombianos es el delito organizado” le dijo a esta revista el autor del artículo ‘Panamá colombianizada’, José Chen Barría. Además, como Panamá es una zona libre para el tránsito de mercancías, muchos productos entran a Colombia a muy bajo precio y esto afecta enormemente sectores productivos como el calzado y los textiles. Esto llevó al gobierno de Juan Manuel Santos a aplicar salvaguardias para estos productos, es decir, mayores impuestos, lo que molestó a Martinelli, que en diversas oportunidades le pidió al gobierno eliminarlas, aunque siguen vigentes. También está en veremos la posible entrada de Panamá a la Alianza del Pacífico, un bloque económico del que hace parte Colombia junto a México, Perú y Chile.

Y Varela tendrá que desenredar otro par de nudos. El primero es un secreto a voces en Panamá, la supuesta presencia militar colombiana. “El gobierno de Colombia ha empezado a mandar bases militares para combatir el narcotráfico, pero todos sabemos que esto es más un tema de los gringos” agregó el constitucionalista Bernal. El segundo es qué va a pasar con la exdirectora del DAS, María del Pilar Hurtado, a quien Martinelli le brindó asilo cuando Varela era canciller durante el escándalo de las chuzadas del gobierno de Álvaro Uribe en 2010. Por ahora el presidente electo solo ha dicho que revisará la solicitud de extradición y esto abriría un nuevo capítulo a las ya de por sí agridulces relaciones.

Lo difícil: cumplir


Lo más fácil de ser presidente es ganar las elecciones. Es un hecho que Panamá votó por el cambio pero todavía está por verse si Varela lo encarna. Desde el miércoles 7 de mayo, día de la posesión oficial, recibió un velero que, aunque va por buen camino, no tiene el viento a su favor. La gran pregunta es cómo hará para gobernar con una asamblea en contra y además con la sombra de Martinelli.

El mandatario saliente le deja un país muy bien parado en términos de desarrollo económico y el reto será mantener el crecimiento pero hacer que la prosperidad le llegue a todos los panameños. El presidente electo llega a gobernar un país endeudado por las obras de infraestructura y si a esto se le suma que su discurso de equidad y de congelamiento de precios lo llevó al poder, hay quienes se preguntan cómo va a seguir siendo la envidia de América Latina sin apretarle el cinturón a los ciudadanos y subir los impuestos. Pero sin duda lo más difícil será lograr el apoyo de la Asamblea Constituyente, una promesa difícil de cumplir. Casi tan imposible como la que le hizo Martinelli al papá de su entonces amigo Varela en su lecho de muerte: “No te preocupes, yo voy a cuidar a Juan Carlos.”.
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