Martes, 24 de enero de 2017

| 1987/06/22 00:00

JUEGOS DE GUERRA

Un "errorcito" de la aviación iraquí deja 37 marinos norteamericanos muertos

JUEGOS DE GUERRA

JUEGOS DE GUERRA
Oí la alarma y no supe al principio de dónde venía... Oí algo que silbaba y luego no hubo nada más que fuego". Estas palabras del tripulante James Wheeler, de la fragata norteamericana Stark, ilustran el momento crucial de uno de los episodios más absurdos y dramáticos de la guerra naval que, como consecuencia del conflicto Irán-lrak, se está dando en las aguas del golfo Pérsico: el ataque en la noche del domingo 17, de un avión Mirage F-l de la Fuerza Aérea iraquí a un buque de la Marina norteamericana. Absurdo episodio por cuanto Irak y Estados Unidos no se encuentran en guerra. Y dramático por el saldo dejado: 37 marinos muertos, 2 desaparecidos y decenas de heridos.
El incidente, el más sangriento entre los que han involucrado a personal militar norteamericano desde el ataque terrorista a la embajada de Estados Unidos en Beirut, se produjo, según el presidente iraquí Saddam Hussein, "por un accidente sin intención" que "no deberá afectar las relaciones entre Irak y Estados Unidos de América". Y, aunque parezca increible, es posible que no las afecte o al menos no demasiado. De hecho, el vocero de la Casa Blanca, Marlin Fitzwater, dijo a los periodistas el lunes que el mensaje de Hussein dirigido al presidente Ronald Reagan era interpretado por Washington como la presentación de excusas por lo sucedido. El ambiente de las relaciones se relajó aún más, con el anuncio del gobierno iraquí de que permitiría la participación de los norteamericanos en la investigación que llevará a cabo sobre los hechos.
Lo que si parece haber desencadenado el sangriento episodio es un debate en Estados Unidos sobre las capacidades defensivas de los buques de la Marina. La prensa norteamericana le ha gastado casi tanta tinta a este aspecto, como al incidente mismo. Y es que la verdad pocos se explican qué fue lo que pasó. "El sistema de combate de este buque está preparado para enfrentar una amenaza así", declaró a los periodistas el vicealmirante Henry Mustin de la oficina de operaciones navales en Washington. "Por qué no utilizó ese sistema--agregó--, eso no lo sabemos. Tendremos que averiguarlo cuando el capitán (del Stark) resuelva sus problemas inmediatos". Problemas nada sencillos, que se estaban terminando de arreglar al cierre de esta edición, cuando el capitán del navio, el comandante Glenn Brindel, concluía con éxito su operación de llevar su buque a puerto seguro, y se limitaba a declarar que él tampoco entendía porqué habían fallado los sistemas de defensa del buque.
MOMENTO DE DECISION
Según fuentes del Pentágono citadas por el New York Times, la fragata Stark tuvo entre un minuto y noventa segundos para reaccionar ante el ataque. La discusión se centra entonces en lo que pasó en este lapso.
Para empezar, hay que decir que noventa segundos o incluso un solo mlnuto eran tiempo suficiente para poner en marcha las armas de defensa antiaérea del buque.
La Stark está equipada, según explicaron fuentes de la Marina al Miami Herald, con defensas antiaéreas convencionales que pueden destruir aviones que se acerquen en 75 millas a la redonda. El F-l iraquí llegó a estar a menos de doce millas de la Stark, sin que la tripulación de esta hiciera nada diferente de tratar de comunicarse con el piloto, en un intento que resultó infructuoso, pues la respuesta del iraquí fue confusa y el ataque no se detuvo.
Todo parece indicar que la tripulación de la Stark no reaccionó, por una situación que bien podría compararse a la del pastorcito mentiroso. En efecto, según relató al Herald un veterano marino del golfo Pérsico quien regresó de prestar allí sus servicios hace algunos meses, los capitanes de los navíos norteamericanos asignados a esa zona, terminan por aburrirse de las constantes falsas alarmas que se desencadenan cuando, varias veces por semana, aviones iraníes o iraquíes se acercan a los buques en posición de ataque y luego cambiar de rumbo. Es decir, que de tanto pensar que "ahí viene el lobo" sin que este finalmente llegue, las tripulacione acaban por pensar que nunca va a venir y por esa razón se confían y bajan la guardia.
Pero lo anterior solamente explica que la Stark no haya disparado contra el avión que se acercaba en forma peligrosa. No aclara, en cambio, por qué no operaron otros sistemas de de fensa antimisiles que se activan automáticamente. La fragata está equipada con un ultramoderno sistema computadorizado, conocido como Phalanx, que actúa como respuesta de corto alcance para los ataques de misil. El Phalanx es definido por los expertos como "lo último en materia de defensas antiaéreas". Se trata de un ametralladora que, una vez el cerebro computadorizado detecta la aproximación de un misil, envía al aire una carga de señuelos metálicos, con el fin de confundir el radar-guía del misil y hacer que este, en vez de dirigirse al buque, busque los señuelos.
Desde 1984, la Marina norteamericana decidió que todos los buques que fueran enviados al golfo Pérsico, debían ir equipados con el sistema Phalanx. Pero, desde entonces, este nunca había sido probado en combate. Lo que todos se preguntan en Washington es por qué el sistema no operó.
Existen dos teorias. La primera de ellas plantea la posibilidad de que el Phalanx haya actuado, pero por ser un misil del tipo Exocet el disparado por el avión iraquí, el engaño no haya surtido efecto. Según un experto de la Marina, el problema es el Exocet es que en un momento dado, pocos segundos después de ser disparado, empieza a volar rozando la superficie del mar, lo que hace muy difícil que se sienta atraído por un señuelo que se encuentra algunos metros arriba de esa superficie. Un especialista en la materia anotó a SEMANA que lo anterior revela un hecho cada vez más evidente en materia de armamento: que los misiles han tenido en los últimos años un progreso tecnológico muy superior al del resto de las armas. En el caso del Exocet, estos avances han sido vertiginosos como había quedado demostrado ya en la guerra de Las Malvinas.
La segunda teoría tiene que ver más con la sicología de la tripulación de la fragata que cón progresos tecnológicos. A pesar de tratarse de un mecanismo automático, el sistema Phalanx puede, si así se lo ordenan sus controladores, operarse en forma manual. Y teniendo en cuenta la misma hipótesis citada anteriormente sobre el exceso de falsas alarmas, es muy probable que el mecanismo automático hubiera sido desactivado.

JUEGO DE MANOS
De cualquier manera, las explicaciones que el capitán Brindel dé esta semana a sus superiores, y que son esperadas por toda la opinión pública norteamericana, serán definitivas para aclarar el misterio.
Si no el que tiene que ver con las razones que movieron al piloto iraquí a disparar, por lo menos las que más preocupan a los norteamericanos, o sea, las que tienen que ver con las fallas defensivas de la fragata Stark. Un dato adicional, que no cambia mucho las cosas, se conoció al final de la semana: un segundo misil hizo impacto en el costado del buque, pero no detonó, lo que significaría que, ya que cada F-1 puede llevar solo un Exocet, un segundo avión debió haber participado en el episodio.
Una de las razones por las cuales es tan importante para los norteamericanos que todo se aclare, está relacionada, ni más ni menos, con el Sistema de Defensa Estratégica (Guerra de Galaxias), pues este es, como su nombre lo indica, un sistema de defensa. Sistema que en caso de fallar tendría consecuencias catastróficas. Son muchos los científicos que ante él se han mostrado escépticos, afirmando que es imposible que el sistema que se diseñe y que alguna vez el presidente Reagan definió como un paraguas antimisiles sea infalible. Como tampoco fue infalible el Phalanx.
Son los juegos de la guerra. Juegos que, como en el caso de la fragata Stark, ni Siquiera necesitan que haya una guerra para desatarse. Basta nada más con una buena concentración de armamento, mucho de tensión y la mil veces demostrada capacidad de error de hombres y de máquinas, para que corra la sangre, aunque sea accidentalmente.

LOS ISRAELIES TAMBIEN SE EQUIVOCARON
El "errorcito" cometido por los pilotos iraquíes, en la noche del domingo 17, no es el primero de este tipo que deja como saldo más de treinta muertos norteamericanos. Hace exactamente veinte años, el 8 de junio de 1967, los tripulantes del buque de la Marina de Estados Unidos Liberty vivieron un infierno igual o incluso peor, al de la fragata Stark.
En medio de la confusión de la Guerra de los Seis Días entre Israel y los países árabes, jets y torpederas israelíes sometieron durante cerca de dos horas al Liberty, a un ataque feroz que dejó como saldo 34 personas muertas y 171 heridos.
El Liberty se encontraba estacionado en aguas internacionales del Mediterráneo, frente a la costa norte de la península de Sinaí, recogiendo información de inteligencia. Los israelíes creyeron (y lo creyeron durante dos horas) que se trataba de un barco egipcio, a pesar de que el incidente ocurrió a plena luz del día y con un clima inmejorable. Después de presentar las respectivas excusas y de aceptar la participación norteamericana en la investigación, Israel pagó 6.7 millones de dólares como indemnizacion por los muertos y heridos y por los daños al barco.
Como si fuera poco, años después las memorias del entonces presidente norteamericano Lyndon B. Johnson revelaron que ese incidente había estado a punto de desencadenar una guerra con los soviéticos, pues Johnson y sus asesores estuvieron convencidos de que aquellos habían sido los culpables. Al enterarse del ataque, Johnson ordenó el despegue de todos los aviones transportados por la sexta flota para enfrentar a los soviéticos, en un dramático episodio que solo se pudo detener por una comunicación Moscú-Washington a través del teléfono rojo.

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