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| 6/11/1990 12:00:00 AM

Juegos de guerra

Las relaciones Cuba-Estados Unidos bajan a su peor nivel por las maniobras gringas en Guantánamo.

Si en otras partes del mundo las tensiones ideológicas parecen cosa del pasado, en el Caribe las relaciones entre Estados Unidos y Cuba se deterioran cada vez más. Lo que resulta preocupante es que desde hace un par de meses el intercambio de agresiones verbales va en alza, y lo que comenzó como un asunto de menor importancia relativa (el problema de TV Marti) amenaza convertirse en un conflicto de grandes proporciones.
El nuevo foco de tensión es, al mismo tiempo, uno de los más viejos. Se trata de la base naval de Guantánamo, un anacrónico enclave norteamericano en el extremo oriental de la isla. Desde finales del mes de abril los cubanos comenzaron a denunciar un movimiento inusual de tropas y equipos en el interior del complejo militar, a tiempo que señalaban la incorporación por lo menos de 16 nuevos navios de guerra aprovisionados con los equipos bélicos mas sofisticados.
Las denuncias cubanas indicaban que los movimientos en Guantánamo formaban parte del ejercicio "ocean venture" (aventura oceánica) destinado, según La Habana, a preparar la ocupación de varios países del área del Caribe, en el contexto de una maniobra estratégica de mayor envergadura denominada "Global Shied" (Escudo Mundial), acompañados además, por un ejercicio tipo "Defex", dirigido a practicar la evacuación del personal civil de la base de Guantánamo. Todo ello significó, según los cubanos, la presencia en su territorio de por lo menos 5.000 soldados, mientras que habitualmente se mantienen allí menos de 3.000. Para el gobierno de Fidel Castro la coincidencia de ejercicios de esas dimensiones, efectuados en el momento de mayores dificultades para su régimen, no son más que la amenaza de una invasión inminente contra la isla. El general Ramón Espinosa Martín, jefe del ejército de la zona oriental, a la que corresponde Guantánamo, afirmó que esos ejercicios "incluyen el ensayo de un golpe aéreo masivo contra el país, simulacros de lanzamiento desde sus cruceros y otras maniobras de técnica estratégica".
Que todo haya sido un ensayo de invasión a Cuba lo ha desmentido reiteradamente Washington. Adam Shub, vocero de prensa del departamento de Estado, expresó que las maniobras emprendidas por sus fuerzas armadas son "rutinarias", que la denuncia cubana busca "desviar la atención de sus serios problemas internos" y que "Estados Unidos está en su derecho de utilizar su base naval para los ejercicios militares".
Como era de esperarse, los ejercicios navales norteamericanos, cualquiera que sea su verdadera intención, lograron el efecto de inflamar la vena nacionalista y "antiimperialista" del gobierno cubano. El fin de semana anterior el gobierno de Fidel Castro lanzó una gigantesca operación de prácticas militares denominada "Escudo Cubano", en la cual participaron más de tres millones de personas, entre las que se contaban no sólo soldados regulares de las Fuerzas Armadas sino también miembros civiles de las Brigadas de Defensa.
Tanto el gobierno de Washington como la mayoría de los medios informativos de ese país han tendido un manto de silencio que contrasta con la estridencia de los alegatos cubanos. En La Habana no se ha dudado en comparar la situación con la crisis de los misiles de 1961, y en esas condiciones no es de extrañar que el tema haya sido llevado ya al seno del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, donde el embajador Ricardo Alarcón informó "extraoficialmente" sobre los hechos mientras se reservaba el derecho a solicitar algún pronunciamiento por parte de ese cuerpo.
En Cuba no faltaron quienes atribuyeron la actitud de los norteamericanos al fracaso de la operación de TV Marti (una estación basada en los Estados Unidos y destinada a la penetración ideológica en la isla) que inició sus transmisiones el 27 de marzo pasado y sólo pudo ser vista en los televisores de la isla durante unos diez minutos, antes que los técnicos cubanos interceptaran la señal. Esa interpretación, que fue calificada en otros medios de "superficial", no soslaya el hecho de que, por lo menos, haya regresado a primer plano la base de Guantánamo en territorio de Cuba. Ese enclave, que es en realidad el último remanente de los años en que Cuba permaneció bajo dominio estadounidense tras la guerra de independencia, representa, desde su establecimiento en 1902, un ingreso anual de 2 mil dólares por concepto de arrendamiento y un duro golpe al orgullo nacional isleño.
Nadie sabe por ahora cuáles eran las verdaderas intenciones del despliegue militar norteamericano ni si se trataba en realidad de maniobras rutinarias. Pero lo que nadie duda es que le hicieron el mejor favor al régimen de La Habana. Cada vez se abre paso con más fuerza la idea de que el gran sostén de Fidel en la isla es su hábil manejo de la amenaza norteamericana, que une a los cubanos por encima de cualquiera otra consideración. Por eso, es difícil pensar en un mejor favor para Castro, en una época en la que Cuba es mirada desde ambos lados del océano como un bastión anacrónico de un comunismo de capa caída.
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