Domingo, 22 de enero de 2017

| 1986/02/10 00:00

JUGANDO CON LA GUERRA MUNDIAL

Reagan y Kadhafi ladran, pero es poco probable que lleguen a morderse

JUGANDO CON LA GUERRA MUNDIAL

No es la primera vez que el gobierno norteamericano decreta sanciones económicas contra Libia. El 10 de marzo de 1982 Estados Unidos decidió no importar petróleo ni mantener relaciones comerciáles con ese país. Las represalias que el presidente norteamericano, Ronald Reagan, anunció este 7 de enero no afectaron por ello a Trípoli. Sin embargo, la gravedad de la situación radica en el conjunto de medidas adicionales que Washington parece estar-tomando en privado para ir más allá de la presión económica. Las patabras de Reagan durante la conferencia de prensa de ese martes, tienen el propósito de no dejar dudas al respecto. "Libia está comprometida en una agresión armada contra Estados Unidos como si estuviera: utilizando sus propias fuerzas armadas", ha dicho el Mandatario, luego de acusar al coronel Mohammed Kadhafi de ser "el cómplice del tristemente célebre grupo terrorista de Abu Nidal ", autor al parecer de los atentados en los aeropuertos de Roma y Viena del pasado 27 de diciembre, según las confesiones de los mismos comandos palestinos capturados allí. "Es por esto por lo que firmé hoy una orden estipulando que la política y los actos del gobierno de Libia constituyen una amenaza para la seguridad nacional y la política exterior de Estados Unidos. El Congreso ha sido informado de esta decisión".
Son palabras mayores. Y para mostrar hasta dónde puede llegar su encono, el jefe de la Casa Blanca ágregó: "Si estas medidas las sanciones económicas) no ponen fin al terrorismo de Kadhufi, yo les prometo que serán tomadas medidas suplementarias (...) Kadhafi merece ser tratado como un paria internacional ".
El boicot económico propuesto por el Presidente estadounidense consistía en dos cosas: prohibir todo comercio de importación y exportación con Libia, incluidos los menores contactos económicos y otras transacciones, como viajes a ese país, y pedir a los ciudadanos norteamericanos radicados en Libia salir de allí. Todo Estado tendría algún impacto si ya no hubiera sido probado desde 1981, cuando Exxon, la mayor compañía petrolera norteamericana, abandonó Libia, poco después de que cazas estadounidenses derribaran dos aviones de combate libios sobre el golfo de Sirte, en uno de los peores momentos de las relaciones entre los dos países.
Por ello es que la opción militar ha quedado abierta, en desarrollo de la cual el portaaviones Coral Sea, de la VI Flota norteamericana fue despachado desde Nápoles, y aviones estratégicos norteamericanos "equipados con aparatos electrónicos", según la agencia libia Jana, fueron enviados a la base de la OTAN en Sigonella, Sicilia.
Ronald Reagan es el primero en entender que un boicot económico es incapaz de intimidar a Kadhafi. La vacilación que los gobiernos europeos siempre han tenido ante el tema, fue confirmada una vez más la semana pasada cuando los aliados de Estados Unidos, incluido Japón, apenas respondieron con frases elusivas al llamado de Washington para "privar a -Libia de privilegios económicos y diplomáticos". El argumento de la "ineficacia" de las sanciones económicas, invocado cuando Estados Unidos propuso el boicot contra la URSS tras el golpe militar en Polonia, o cuando surgió la idea de aplicarlo a Suráfrica, volvió a ser empleado esta vez por el conjunto de integrantes de la "solidaridad" atlántica.
Las razones de fondo para esta actitud son varias. De una parte, la meta propuesta (luchar contra el terrorismo) no puede hacerse, según las capitales europeas, con simples presiones económicas. Además, miles de ciudadanos del Viejo Continente podrían verse convertidos de la noche a la mañana en rehenes en las manos de Kadhafi, en caso de una acción europea concertada contra él, sin tener en cuenta que la proximidad geográfica con el imprevisible Coronel inquieta indudablemente a muchos dirigentes.
Finalmente está el punto central: los millonarios beneficios que deja el inlercambio comercial con Libia. Italia literalmente depende, por ejemplo, de sus importaciones del excelente petróleo libio (importa 2.400 millones de dólares y exporta a ese país 600), y tiene una colonia de 12 mil ciudadanos en Libia. En 1984 las importaciones globales de la Comunidad Económica Europea ascendieron a los 8 mil millones de dólares, contra 4 mil millones de exportaciones hacia ese país. Italia, en su flujo comercial con Trípoli, es seguida por Alemania Federal (1.900 millones); España (969 millones); Francia (753 millones) y Suiza (402 millones). Importan gas y petróleo y le venden a Kadhafi maquinaria agrícola, material de transporte y armas, muchas armas (aviones, helicópteros, misiles y carros artillados) Sin embargo, hasta ahora ha sido el gobierno italiano el único que ha cedido a los consejos de Reagan, anunciando que limitará paulatinamente la venta de armas al coronel Kadhafi .
Desde luego que la salida eventual de las cinco compañías petroleras norteamericanas que aún están activas en Libia, con cerca de 1.500 empleados estadounidenses lúnicos ciudadanos del mundo que pueden entrar a Libia sin visa previa) y la congelación de los 400 millones de dolares en activos que posee Libia en Estados Unidos, afectarán un poco las cuentas de Trípoli, aunque el personal técnico norteamericano será reemplazado por europeos.
Menos manejable sería una confrontación direcla con la Vl Flota norteamericana y el gobierno israelí.
Esto explica la rápida movilización ordenada por Kadhafi de sus 600 aviones de combate-Libia posee la aviación militar más fuerte del mundo árabe-y de los 40 mil hombres de las "milicias populares", que unidas al Ejercito regular puede constituir una fuerza de 73 mil soldados. Este cuadro bélico, potencialmente duro para los partidarios del "castigo" militar al líder libio, hace pensar dos veces a Washington. Además cuenta la fuerte presencia soviética y de Europa oriental en Libia: entre 6 u 8 mil consejeros soviéticos, más casi 50 mil "cooperadores civiles" del este. Los analistas del Pentágono en ese sentido no ignoran que podría ser riesgoso forzar al nuevo liderato soviético a mostrar sus capacidades militares ante un golpe serio a su aliado libio.
Este conjunto de factores, más el cerrado respaldo de las capitales árabes y de la conferencia islámica reunida en Fez (hasta Arafat declaró que respaldaría a su enemigo Kadhafi en caso de agresión "imperialista") han obligado a Washington a archivar por ahora sus amenazas de intervención directa. Es obvio que una confrontación militar desataría una ola de antiamericanismo en la región y fomentaria el integrismo en todas sus lormas; el round, por lo tanto, lo ha ganado Kadhafi, quien en estos días se paseaba en un tractor, en ropas de beduino, durante una extraña rueda de prensa, especialmente concedida para telegrafiar a la Casa Blanca un mensaje: no hay campos de entrenamiento palestinos en Libia y el Coronel no ha estado directamente envuelto en los ataques de Roma y Viena. Bajo la protección de un olivo, el líder libio advertia a Estados Unidos que una retaliación norteamericana contra su pais podría desatar la Tercera Guerra Mundial, porque "cuando respondemos lo hacemos violentamente y de forma total"
Para contestar a Shimon Peres, quien horas antes sostuvo que el terrorista palestino Abu Nidal se encontraba actualmente en territorio libio, Kadhafi negó que Nidal, quien "visita de vez en cuando el país, dependiera de él. ¿Por qué tantas explicaciones? El momento en realidad era de mucha tensión. Según el Washington Post del 6 de enero, los jefes del Pentágono habían considerado "el envío de bombarderos B-52 norteamericanos para atacar blancos libios" pero "rechazaron esa opción a cambio de ataques con aviones de la Marina y bombarderos F111 de largo alcance estacionados en Inglaterra bajo una orden para golpear del señor Reagan ".
La guerra, pues, estuvo de un hilo.
Ronald Reagan, finalmente, eligió el camino de la prudencia, enrumbando su decisión hacia las sanciones económicas, coctel mucho menos explosivo que la arremetida militar. --

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