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| 10/29/2001 12:00:00 AM

Juicio al terror

Se inicia en Buenos Aires el proceso por el atentado de la Amia en 1994. Los responsables son un misterio.

Antes de los ataques contra las Torres Gemelas de Nueva York, Buenos Aires había sufrido lo suyo. El lunes pasado en la capital argentina se inició el juicio por la bomba que destruyó la sede de la Asociación Mutual Israelita Argentina (Amia), el 18 de julio de 1994, con un saldo de 85 personas muertas y varios centenares de heridas.

Realizado en medio de rigurosas medidas de seguridad este juicio revive fantasmas y abre interrogantes sobre los posibles puntos en común entre los atentados de Nueva York y el de Buenos Aires. Siete años después de la tremenda explosión no se sabe quiénes fueron sus autores materiales e intelectuales. En el juicio sólo se acusa a 20 personas de haber actuado como cómplices o la ‘conexión local’.

El principal acusado es Carlos Telleldín, un informante policial a quien la Fiscalía le atribuye haber provisto la camioneta o coche bomba para explotar la Amia. Hay 19 acusados más, entre ellos 15 ex policías de la provincia de Buenos Aires en actividad al momento de la explosión, muchos de ellos con antecedentes de haber actuado durante la dictadura militar que rigió los destinos del país entre 1976 y 1982.

Uno de los policías acusados es Juan José Ribelli. Su padre, un trabajador ferroviario jubilado, recibió 2,5 millones de dólares días antes del estallido de la Amia. Un día después, el 19 de julio, la suma fue repartida entre sus cuatro hijos como un adelanto de la herencia. Los investigadores creen que ese dinero fue parte del pago por haber ayudado a los terroristas, aunque Ribelli ya era millonario antes del atentado gracias a su larga práctica de corrupción policial.

El juez José Galeano, quien investigó la causa, cree que la autoría del atentado pertenece al grupo libanés Hezbollah, que habría actuado por cuenta de Irán. La evidencia en este sentido es que el agregado cultural de la embajada de Irán, Moshen Rabbani, que está en libertad en su país, habría sido filmado por los servicios de inteligencia argentinos en noviembre de 1993 buscando en negocios de carros usados una camioneta Traffic, a lo que se sumarían testimonios recogidos por la CIA sobre arrepentidos iraníes que implicarían al gobierno de su país.

Otra pista conduciría a la ‘conexión siria’, que nunca se investigó a fondo, según dicen, por ser el entonces presidente Carlos Menem de origen sirio. La pista existente es una llamada a Telleldín el 10 de julio, cuando entregó la Traffic a los policías, de un empresario sirio libanés hijo de un amigo de Menem.

Pero mientras Galeano intenta dilucidar la pista internacional sus ojos siguen puestos en la triple frontera de Paraguay, Brasil y Argentina, por donde se cree que grupos islámicos ayudaron a ingresar a los autores del atentado.

En Buenos Aires existen dudas sobre la efectividad del juicio. La periodista Irina Hauser dijo a SEMANA que “los cañones apuntan al cierre de la causa Amia. Mientras se realiza el juicio oral el juez Juan José Galeano prepara una resolución para darle un marco casi definitivo a la llamada conexión internacional. De esa manera, con el juicio cubriendo el aspecto local y la resolución internacional, prácticamente se lograría aparentar que no hay nada más por investigar”.

Sin embargo es posible que, a la luz de los atentados de Nueva York, las investigaciones que se vienen realizando en distintos puntos del globo puedan traer nuevas pistas sobre los autores del atentado de Buenos Aires. Si bien se trata de actos atribuidos a dos corrientes fundamentalistas distintas —el terrorismo de Ben Laden, que pertenece a la rama sunnita, mayoritaria, del Islam, y el terrorismo de la rama chiíta y minoritaria del Islam, cuya cabeza visible es Irán—, en ambos casos se trató de atentados con numerosas víctimas civiles inocentes, realizados con carros bomba y aviones bomba contra la comunidad judía en Argentina y contra Estados Unidos, el principal aliado de Israel. Las investigaciones en la triple frontera revelan que hay más de una coincidencia entre los distintos grupos terroristas islamistas.
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