Martes, 21 de febrero de 2017

| 2007/01/20 00:00

Juntos son dinamita

¿Qué hay detrás de la visita del presidente iraní, Mahmud Ahmadineyad, el amigo de Hugo Chávez, a Latinoamérica?

“Tenemos intereses y enemigos comunes”, dijo Ahmadineyad durante su encuentro con el presidente de Nicaragua, Daniel Ortega

Mahmud Ahmadineyad y Hugo Chávez, los presidentes de Irán y Venezuela, respectivamente, son camaradas. Y si quedaba alguna duda, se encargaron de pregonarlo con sus declaraciones durante la gira del iraní por Caracas, Managua y Quito, la semana pasada. Chávez lo recibió como un "combatiente de causas justas, hermano y revolucionario". "Compañero de lucha", le contestó Ahmadineyad. Con su tono desafiante, los dos se han convertido en los voceros más ruidosos e influyentes del antiimperialismo que los une. "La revolución islámica y la bolivariana son una sola", asegura el venezolano.

Los dos países comparten unos 30 acuerdos de cooperación, que van desde exploración petrolera a la producción de automóviles y tractores, y los mandatarios anunciaron la creación de un fondo de 2.000 millones de dólares para financiar proyectos en países de Latinoamérica y África. Según Chávez, es "sólo el preludio de lo que haremos".

La altanería de los dos frente a Washington se explica, en gran medida, por su papel en el mercado petrolero. Irán es el cuarto productor mundial, y Venezuela, el quinto. La visita de Ahmadineyad le apuntaba a romper el bloqueo diplomático causado por su programa atómico, cuyas consecuencias incluyen las sanciones del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, y tratar de obtener un liderazgo internacional frente a gobiernos latinoamericanos cercanos a Caracas y críticos de Washington. Sin duda, Chávez es su padrino político en el continente.

Una larga historia

Las relaciones entre Venezuela e Irán se remontan a tiempos anteriores a Chávez y Ahmadineyad, pues ningún otro país latinoamericano tiene vínculos tan estrechos con Oriente Medio. Para empezar, tienen en común que desde 1960 están agrupados en la Organización de Países Exportadores de Petróleo (Opep). También desde entonces comienzan los lazos entre la izquierda radical venezolana y el mundo islámico. La Fuerza Armada de Liberación Nacional (Faln), una extinta guerrilla venezolana, y su brazo político, el Partido Revolución Venezolana (PNV), llegaron a crear una relación muy fluida no con Irán, pero sí con Irak y Siria.

El estudio de la figura de Mahoma fue clave en la maduración del proyecto bolivariano que años después influiría el discurso de Chávez, pues les permitió descubrir la figura del dios-héroe que después trasladaron al Libertador, a quien le dedican altares en Venezuela. "La guerrilla planteaba una nueva civilización. El bolivarianismo y la tesis del petróleo como arma geoestratégica contra las potencias occidentales nacieron con ella", explicó a SEMANA el analista Alberto Garrido, autor de una docena de libros sobre la revolución de Chávez. La guerrilla, que veía a la Opep como un instrumento para sus propósitos, incluía a varias figuras que después se unieron al chavismo. Entre otros, Alí Rodríguez, actual embajador en Cuba y ex ministro de Relaciones Exteriores.

Todo ese bagaje ideológico llegó al autoproclamado "socialista del siglo XXI". Ya en 1999, recién instalado en el gobierno y con el precio del crudo por el piso, Chávez les dio un nuevo impulso a las tesis petroleras de la guerrilla y con el objetivo de "refundar" la Opep, impulsó la cumbre de 2000 en Caracas. Hasta la oposición reconoció el éxito de la reunión. Una de las delegaciones más numerosas fue la iraní, en ese entonces presidida por Mohamed Jatami, que prolongó su estadía para discutir convenios.

Allí comenzó la relación especial de Caracas y Teherán, pero con la llegada de Ahmadineyad se profundizó. Chávez ha sido el principal defensor del derecho iraní a la energía nuclear. Venezuela, Cuba y Siria fueron los únicos países que respaldaron el programa nuclear iraní (que según los ayatolas tiene fines pacíficos, y según Occidente, objetivos militares) en la Organización Internacional para la Energía Atómica (Oiea). El año pasado los dos Presidentes intercambiaron visitas y en la cumbre de los No Alineados, en La Habana, consiguieron una declaración favorable a Teherán. "Ideologizar las política exterior es negativo. Venezuela siempre tuvo una relación particular con Irán, pero en la época de Jatami era más económica", dijo a SEMANA Julio César Pineda, ex embajador venezolano en Kuwait y Libia.

Los dos mandatarios han prometido que compartirán su suerte si alguno es agredido por Washington. Así, la cercanía entre Chávez y Ahmadineyad, que califican de "alianza estratégica", no es nueva, pero sí la llegada del iraní a otros países que solían hacer parte del 'patio trasero' de Estados Unidos.

¿Un nuevo frente?

Además de Caracas, Ahmadineyad visitó Managua y Quito, con ocasión de las posesiones de Daniel Ortega y Rafael Correa. Adicionalmente, Teherán tiene excelentes relaciones con Cuba y cuando Evo Morales ganó, Ahmadineyad habló de la posibilidad de un eje energético entre Bolivia, Venezuela e Irán. "Si no visitó Cuba fue por la salud de Fidel, y Bolivia, por su situación actual (ver artículo), asegura Garrido. "Irán le estaba devolviendo el gesto a Washington. Si tú estás en Oriente Medio, yo estoy en América", complementa. En plata blanca, Ahmadineyad ha tratado de acercarse a los gobiernos con algún grado de antagonismo con Washington, entre los que Chávez tiene una fuerte influencia.

Sin embargo, el alcance de la visita de Ahmadineyad, más allá de Caracas, es más bien modesto. "Tenemos intereses y enemigos comunes", le dijo Ahmadineyad al ex guerrillero Ortega, en alusión al imperialismo norteamericano, durante su visita a los barrios pobres de Managua. Pero es bien sabido que el Ortega modelo 2007 quiere el equilibrio entre Washington y Caracas, y aunque está dispuesto a aceptar ayuda de donde provenga para reducir la pobreza en Nicaragua, el único anuncio importante fue que los dos países restablecerían las relaciones diplomáticas. En Ecuador, la visita del iraní también se enmarcaba en la intención de Correa de que su país regrese a la Opep, donde la relación podría ser más funcional. Pero a duras penas era posible conseguir una foto donde estuvieran juntos los dos mandatarios. "Es fácil exagerar la visita de Ahmadineyad, pero el verdadero motor en América Latina va a ser China. Irán no tiene ese tipo de recursos", dijo a SEMANA Larry Birns, director del Center on Hemisferic Affairs.

A eso se suma que los dos promotores del desembarco iraní en Latinoamérica atraviesan momentos muy distintos. Mientras Chávez salió fortalecido de las elecciones en diciembre y ha anunciado la profundización de su revolución, Ahmadineyad atraviesa su peor momento. Más que hablar de su gira, la prensa internacional se ha dedicado a reseñar su debilidad interna por no haber cumplido sus promesas populistas en un país donde es bien sabido que el verdadero poder reposa en los ayatolas. En la prensa local, por su parte, su gira recibió duras críticas y fue considerada innecesaria.

Posiblemente los tractores producidos en Venezuela con tecnología iraní llegarán a varios países de América Latina, como prometió Chávez, pero en pocos recibirán a los dirigentes persas con el entusiasmo del ex militar golpista. Y sólo si estalla una crisis se podrá saber hasta dónde llega la alianza estratégica entre Teherán y Caracas.

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