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| 10/3/2004 12:00:00 AM

Kerry se sacude; Bush, nervioso

La candidatura opositora recibió un nuevo aire tras el debate presidencial en Miami, Florida. Pero su victoria fue menos contundente de lo necesario.

El primer encuentro cara a cara entre los aspirantes a la presidencia de Estados Unidos consiguió lo que los demócratas esperaban y los republicanos temían: revivió a John Kerry. Aunque la mayoría de los comentaristas coinciden en afirmar que el senador por Massachussets no asestó un golpe demoledor a George W. Bush, al menos avanzó en nivelar un debate electoral que parecía perdido.

Al final, las reglas impuestas no le quitaron dramatismo al encuentro. La transgresión más importante fue protagonizada por las cadenas de televisión, que rehusaron aceptar las restricciones a las tomas simultáneas y mostraron a un Kerry firme y asertivo mientras Bush gesticulaba y se movía incómodamente ante los repetidos ataques.

"Hubo momentos, particularmente para el presidente Bush en los primeros 20 minutos, en los que sonó muy dubitativo en la forma en que habló; hubo varias pausas, parecía indeciso y eso puede dar una impresión negativa porque hace parecer como si no supiera de qué estaba hablando, equivocándose en palabras, confundiendo a Saddam Husssein con Osama Ben Laden, dijo a SEMANA Kathleen Kendall, profesora de la Universidad de Maryland y experta en comunicación política. " Kerry tenía más por ganar y gracias a su forma fuerte de hablar, además de toda la información que tenía, dio la impresión de que era muy conocedor y calificado".

El debate fue más sustancioso de lo que se esperaba porque le permitió a Kerry defenderse de las acusaciones de Bush, que en el encuentro se reveló preocupantemente monotemático. La afirmación de que "el mundo es más seguro sin Saddam Hussein" fue contrarrestada con la de que "Irak no está ni siquiera cerca de ser el centro de la guerra contra el terror". Kerry insistió una y otra vez en que la invasión de Irak había sido un "colosal error de juicio". Ante la afirmación de Bush de que Estados Unidos había iniciado la guerra porque "el enemigo nos atacó", Kerry respondió rápidamente: "Saddam Hussein no nos atacó: Osama Ben Laden lo hizo", para enfatizar que la guerra contra el terrorismo y la guerra en Irak no son la misma cosa.

Tal vez el valor más importante del debate para los demócratas fue que por primera vez parte del electorado tuvo la oportunidad de apreciar, durante 90 minutos ininterrumpidos, a un candidato que hasta ahora había sido definido por su oponente. Cuando Bush citó por enésima vez a Kerry -"de hecho voté en contra antes de votar a favor"- sobre la famosa apropiación de 87.000 millones de dólares para la guerra en Irak, el demócrata respondió con una de las frases más citadas del debate: "Yo me equivoqué en la forma como hablé sobre la guerra, pero el Presidente cometió un error al invadir a Irak: ¿cuál es peor?"

Bush se mantuvo invariable en su mensaje destinado a proyectar una imagen de fortaleza, convicción e idealismo, al mismo tiempo que acusaba a Kerry por su indecisión y su cambio de posición: "Lo único consistente sobre mi oponente es su inconsistencia", dijo. Una y otra vez el Presidente volvió sobre el mismo tema: mantenerse firme en Irak. Frases como "estamos progresando", "es un trabajo duro", "señales encontradas" fueron repetidas numerosas veces.

Al final, los comentaristas coincidieron en afirmar que Kerry logró parecer presidenciable y aplomado, mientras que la impresión de Bush fue la de estar incómodo con el debate, balbuceando en sus respuestas e irritable ante los desafíos . "La desventaja de ser monotemático es que se vuelve aburrido de escuchar. La ventaja es que es inevitable escucharlo, por eso tiene gran claridad y los medios sólo toman pequeños pedacitos para mostrar que ha dicho algo sobre las inconsistencias de Kerry. Pero nosotros vimos cada minuto y vimos esa repetición", dice Kendall.

El debate también fue notable por lo que no se dijo. Más de un comentarista se mostró sorprendido porque no fueran mencionados los ataques del 11 de septiembre, tal vez el punto dominante de la pasada Convención republicana en Nueva York. Tampoco se habló mucho de la Patriotic Act (Ley Patriótica), la norma marco aprobada poco después de los ataques en Nueva York y Washington, o sobre la inmigración ilegal o sobre la olvidada guerra contra las drogas. Y mucho menos sobre la política hemisférica, un tema que no ha figurado en ninguna de las intervenciones de los candidatos.

El debate del jueves por la noche fue un abrebocas a los que siguen. El martes 5 los candidatos a la vicepresidencia se enfrentarán en Columbus, Ohio; el viernes 8 se verán las caras por segunda vez en un formato de cabildo abierto en Saint Louis, Missouri. El último debate, el 13 de octubre en Tempe, Arizona, está reservado para los temas domésticos, que son precisamente los que la campaña de Kerry ha tratado de enfatizar.

Las encuestas confirman el efecto que los debates puedan tener en la contienda. Esta semana saldrán resultados nuevos, especialmente para tratar de medir el efecto que el debate haya podido tener entre el 15 por ciento de los votantes indecisos. Mientras tanto se espera que George W. Bush y su equipo traten de recuperar en la plaza pública el terreno cedido en el debate televisado a Kerry, que a su vez tratará de capitalizar el renovado impulso conseguido en su primera salida contra el actual Presidente de Estados Unidos. La pelea toma impulso, y todo indica que se va a poner como para alquilar balcón.
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