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| 9/30/2017 10:15:00 PM

Un país que no existe

Mientras en Europa la integridad de España preocupa a sus aliados, en Oriente Medio otro proceso separatista amenaza con más violencia a una región ya martirizada: el de los kurdos de Irak.

Después de un siglo de soñar con un país propio, los kurdos han dado el primer paso hacia lo que esperan conduzca a su independencia de Irak. Pero como es una constante en la historia de esta etnia repartida entre cuatro países de Oriente Medio, el camino está lejos de ser fácil. El rechazo a la realización del referéndum independentista que llegaba desde todas las esquinas del mundo, incluido aliados como Estados Unidos o poderosos vecinos como Turquía e Irán, ha dado paso a una serie de amenazas que podrían dejar aislada a esta región del norte de Irak y desembocar en una guerra que pueda desestabilizar aún más a Oriente Medio. ¿Lograrán finalmente su objetivo de ser independientes? Ese será el interrogante para despejar en los próximos años.

La historia empezó cuando el presidente kurdo, Masoud Barzani, cansado de los incumplimientos de Bagdad que en los últimos años le ha recortado los aportes económicos y le ha causado aprietos, anunció que el Kurdistán llevaría a cabo un referéndum para preguntarle a la población si quería la independencia. Los kurdos de Irak ganaron un estatus especial con la nueva Constitución iraquí, que surgió después de la invasión liderada por Estados Unidos en 2003, que terminaría con el derrocamiento del dictador Sadam Huseín. Este, en la década de los noventa, libró una campaña de exterminio contra los kurdos iraquíes que dejó más de 100.000 muertos, muchos de ellos con armas químicas.

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En esta nueva etapa de Irak, la región de mayoría kurda pasó a convertirse en una zona semiautónoma donde sus propias fuerzas controlan la seguridad, las fronteras y aeropuertos, entre otros. Pero estos derechos podrían desaparecer en esta nueva etapa si ambas partes no llegan a un acuerdo, que actualmente parece lejano. El jueves, Bagdad canceló el permiso de las aerolíneas internacionales para operar en los aeropuertos de las dos principales ciudades kurdas, Erbil y Suleimani, en un acto muy hostil que no augura nada bueno.

Desde el viernes pasado solo es posible salir o entrar a la región por las fronteras con Turquía e Irán o viajando por Bagdad. Esta medida no solo pone en aprietos a la debilitada economía local, que depende de las exportaciones, sino también a la coalición internacional que da apoyo en la lucha contra Estado Islámico. Por estos aeropuertos entra gran parte de la ayuda militar y humanitaria.

Los kurdos no habían terminado de anunciar el resultado del referéndum del 25 de septiembre, en el que el Sí ganó con un 92 por ciento, cuando comenzaron a llegar las amenazas. Desde Bagdad, el primer ministro, Haider al Abadi, cerraba todas las puertas al asegurar que no habría diálogo si no se anulaba el resultado. Contestaba así a Barzani, que desde un comienzo advirtió que este referéndum no era vinculante y que solo daría carta blanca para que los kurdos pudieran empezar un largo proceso de negociación que eventualmente desembocara en la independencia.

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Y desde Turquía, que con Irán alberga la mayoría de los kurdos que se contabilizan en alrededor de 30 millones, el gobierno de Ankara se hizo sentir. Ambos países temen que la independencia de los kurdos iraquíes tenga efecto en sus comunidades locales y por esa razón han respondido de inmediato. El referéndum kurdo se convirtió para ellos en un asunto de seguridad nacional. Ambos países realizaron maniobras militares en la frontera en los últimos días e incluso celebraron múltiples encuentros al más alto nivel militar para discutir las consecuencias de la consulta. El presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, ha ido más allá y ha anunciado que podrían enviar fuerzas a través de la frontera en cualquier momento.

“Es nuestro derecho”, había dicho Barzani, a quien algunos sectores en Kurdistán acusan de haber realizado el referéndum para su beneficio político y el de su partido PDK. Desde que se planteó esta consulta, Barzani ha hablado de buscar una política de buenos vecinos con Bagdad, que se niega rotundamente a la posibilidad de dividir el país. En Irak temen, entre otras cosas, que esta iniciativa de los kurdos despierte el deseo de independencia de otras comunidades de Irak, especialmente la sunita, que se siente excluida de las políticas del gobierno central, en manos de los chiitas, rama del islam mayoritaria en el país.
Pero más allá de realizar un referéndum independentista, lo que más le molestaba al gobierno del primer ministro Al Abadi era el desafío de los kurdos de llevar a cabo esta consulta en las llamadas zonas en disputa. Estos son territorios ubicados por fuera de la región autónoma, sobre los que los kurdos reclaman un derecho histórico y que sus fuerzas, conocidas como peshmergas, ocuparon cuando el Ejército iraquí abandonó sus posiciones ante el avance de Estado Islámico. Estas zonas en disputa incluyen la multiétnica ciudad de Kirkuk, que además de ser una de las ciudades más importantes del país, es una de las más ricas.

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Durante los días previos a la consulta, la tensión en la ciudad era evidente, sobre todo en los sectores habitados por árabes, cristianos o turcomanos, quienes también reclaman a Kirkuk como centro de su cultura. “La decisión de los kurdos nos dejó al resto de los habitantes por fuera”, aseguraban. Ali Mehdi, uno de los líderes turcomanos en la ciudad, decía que ellos no querían guerra, pero que si los kurdos querían, ellos no tendrían mayor remedio.
Después del referéndum el Parlamento iraquí le ordenó al primer ministro enviar el Ejército a Kirkuk, hasta ahora controlado por las fuerzas kurdas y la Policía nacional. Hasta el cierre de esta edición no había tomado ninguna medida, y analistas locales creían que no lo hará, al menos por el momento, pues ello tendría consecuencias en la lucha contra Estado Islámico. Las fuerzas iraquíes, con la ayuda de la coalición internacional y los peshmergas, llevan a cabo actualmente una de las últimas operaciones contra Isis en Irak en una región vecina de Kirkuk. Pocos creen que el gobierno central vaya a boicotear esta batalla enviando tropas a esta ciudad, acción que solo beneficiaría a Isis. Por esa razón, Estados Unidos y la mayoría de los países de la coalición, aliados de los kurdos, habían rechazado este referendo, pues temían consecuencias negativas en la hasta ahora exitosa lucha contra ese grupo terrorista.

En las vías que conducen a Kirkuk se observan varias llamaradas a la distancia. Provienen de pozos petroleros más grandes del país, que de no haber sido por los kurdos habrían caído en manos de Estado Islámico, como sucedió en otras zonas de Irak. Desde entonces, los kurdos explotan este petróleo que exportan a través de Turquía, que por años fue uno de sus mayores socios comerciales. Pero esto también puede terminar. Turquía lleva días anunciando que en adelante negociará con el gobierno de Bagdad y que detendrá los negocios con el Kurdistán.

A poco de cumplirse una semana del referéndum, las posiciones de Bagdad y Erbil, la capital kurda, siguen siendo inamovibles. Pero analistas locales esperan que con la intermediación internacional, carta que los kurdos siempre han contado, estas empiecen a ceder. Al fin y al cabo, desde Erbil siguen advirtiendo que la independencia, de concretarse, solo sucederá en algunos años. Los kurdos sueñan con tener esa patria que los vencedores de la Primera Guerra Mundial les negaron al repartirse los despojos del Imperio otomano. Un sueño que les ha representado penalidades y represión en Siria, Irak, Irán y, sobre todo, Turquía, para la cual la sola mención de un Estado kurdo es motivo para movilizar las tropas.

Esta vez han dado un paso en Irak, pero nada garantiza que el camino haya comenzado. Por ahora, la violencia es una salida posible. La gran pregunta es si en Bagdad el primer ministro, Haider al Abadi, cederá a la presión de muchos grupos chiitas, que claman porque intervenga militarmente en Kirkuk y territorios de disputa. Irak tiene planeado celebrar elecciones para el próximo abril y el futuro de Al Abadi está en juego. Lo mismo que la estabilidad de Irak y el resto de la región.

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