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| 1/12/2013 12:00:00 AM

La apuesta de Obama

Con su nuevo gabinete el presidente espera enrumbar su segundo periodo hacia una agenda más progresista y menos guerrerista.

En vísperas de su segunda toma de posesión como presidente de Estados Unidos el 21 de enero, Barack Obama empieza a dar pistas de cómo será su último gobierno. Lo que queda claro es que el inquilino de la Casa Blanca pretende impulsar una agenda más progresista, pisar el acelerador y enfrentarse, si le toca, a los republicanos que tienen la mayoría en la Cámara de Representantes. Todo ello rodeado de pesos pesados de Washington que le serán muy leales y no le van a armar problema. En inglés se definirían como safe bets, es decir, ‘apuestas seguras’, pero su designación ha desatado algunas críticas. Se trata de un gabinete con pocas mujeres y sin representantes de las minorías.

El primero de la cascada de nombramientos fue el de John Kerry como secretario de Estado. “John se ha preparado toda la vida para este cargo”, dijo Obama. Y es verdad. Kerry es uno de los siete senadores más antiguos y venía ocupando la Presidencia del Comité de Relaciones Exteriores. Eso explica por qué Obama aseguró que se trata de un hombre “involucrado en todos los debates importantes sobre política exterior de los últimos 30 años”.

Algunos creen que así Obama le pagó un favor a Kerry. Nadie puede olvidar que el hoy presidente saltó a la fama en la convención del Partido Demócrata que ungió a Kerry como candidato en 2004, cuando Obama fue escogido para presentar al senador por Massachusetts. Esa noche Obama pronunció el discurso que lo lanzó al estrellato de la política, cuando dijo “no existen unos Estados Unidos demócratas ni unos Estados Unidos republicanos; existen los Estados Unidos de América”. Al final, Kerry perdió las elecciones con George W. Bush.

Kerry no era la persona que Obama quería como jefe de la diplomacia. Le apuntaba a Susan Rice, la embajadora ante las Naciones Unidas, una afroamericana de 48 años que se vio forzada a retirar su nombre de la baraja de aspirantes a suceder a Hillary Clinton. ¿El motivo? Las críticas por el manejo que le dio a la muerte violenta del embajador en Libia, Christopher Stephens. Pero Obama se las arreglará como pueda. Kerry, cuya confirmación en el Senado se da por descontada, tiene una línea de pensamiento similar a la suya y no va a hacer locuras.

No pasará lo mismo con la confirmación del secretario de Defensa que quiere Obama, Chuck Hagel. Este antiguo senador republicano de 66 años y héroe de la guerra de Vietnam genera grandes dudas entre sus copartidarios. Le cuestionan su oposición a las sanciones por el programa nuclear de Irán y al emplazamiento de misiles dirigidos a Rusia, así como sus críticas al gobierno de Israel. Y, para rematar, un comentario que hizo hace 14 años sobre James Hormel, embajador designado en Luxemburgo, de quien dijo: “Es agresivamente gay”. Pero Hagel se retractó de eso hace mucho tiempo y Obama espera que este hombre con quien se la lleva de maravilla sea capaz de recortar los gastos del Pentágono. “Además, con Hagel se consolida una tradición reciente de presidentes demócratas que nombran en Defensa a gentes del Partido Republicano. Empezó con Clinton y volvió con Obama, que mantuvo al comienzo de su administración a Robert Gates, que venía de la Presidencia de George W. Bush”, dijo a SEMANA Héctor Schamis, profesor de Gobierno de la Universidad de Georgetown.

También serán interesantes las sesiones en el Senado para confirmar a John Brennan, de 59 años y 25 de servicio, como director de la CIA y a Jack Lew, hasta ahora jefe de gabinete de la Casa Blanca, como secretario del Tesoro. Brennan se ha opuesto a los métodos de tortura en el centro de detención de Guantánamo pero ha impulsado los polémicos ataques de los drones (aviones no tripulados). Y a Lew le tocará pelear en febrero, cuando Obama negociará con los republicanos el aumento del techo de la deuda.

Todo este equipo se sumará al vicepresidente Joe Biden, otro viejo zorro del Senado que salvó al país del abismo fiscal, y al secretario de Justicia, el afroamericano Eric Holder, que seguirá en el gabinete. Se espera, sí, que Obama designe al reemplazo de la secretaria de Trabajo, la hispana Hilda Solís, quien renunció. El lío es que si se decanta por un hombre blanco, con la salida de ella y de Hillary Clinton las mujeres habrán perdido dos puestos de primer nivel, y los hispanos uno. Y unas y otros llevaron con su voto el pasado 6 de noviembre a Obama a la Casa Blanca.
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