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| 2/27/1989 12:00:00 AM

LA BATALLA DE LA TABLADA

Con ataque suicida a una guarnición militar, renace la guerrilla ultraizquierdista en Argentina.

En la madrugada del lunes 23 de enero, los centinelas del regimiento de Infantería Mecanizada Número Tres -situado en La Tablada, cerca de Buenos Aires esperaban la llegada masiva de sus compañeros que, como de costumbre, habían salido para disfrutar del permiso reglamentario de fin de semana. No eran ni las seis de la mañana y no había comenzado a amanecer, cuando los sorprendíó la muerte. Fueron las dos primeras bajas de un sangriento episodio que terminó 27 horas más tarde con 36 muertos, 63 heridos y una democracia amenazada por todos los costados.

Lo que los centinelas tal vez no alcanzaron a observar era que unos desconocidos, tan jóvenes como ellos, les atacaban desde un camión repartidor de Coca-Cola y seis camionetas particulares. Ganado a sangre y fuego el acceso, los intrusos, fuertemente armados, tomaron varias de las edificaciones del cuartel, encontrando a su paso la sorprendida resistencia de un pequeño grupo de oficiales. El ruido de las explosiones de granadas y de armas pesadas, reveló a los vecinos que lo que estaba teniendo lugar en el interior era una verdadera batalla.
Las primeras autoridades que llegaron fueron efectivos policiales de la provincía de Buenos Aires, que, por lo visto, jugaron un papel crucial en el resultado del episodio. Entre una y dos horas más tarde, unidades de la Décima Brigada de la Infantería, que tienen su base a unos 50 kilómetros al sur, hicieron su aparición con tanques y vehiculos blindados. El combate adquirió una violencia inusitada, mientras el país entero se preguntaba cuál era el origen de una acción que, a los ojos del observador más desprevenido, parecía absurdo.
Hacia el comienzo de la tarde, cuando la refriega estaba en su punto más violento, comenzaron a circular versiones en el sentido de que los asaltantes eran miembros retirados de las Fuerzas Armadas, simpatizantes del coronel Mohamed Ali Seineldin y del teniente coronel Aldo Rico, protagonistas de los últimos alzamientos armados del propio ejército. Esa versión surgió de los volantes que los asaltantes dejaron caer, en los cuales se decía que el ataque era responsabilidad de "un nuevo ejército nacional", y se elogiaba a esos militares sediciosos.

Que los atacantes del cuartel eran "carapintadas" (el nombre que se les da en Argentina a los militares sediciosos), fue una versión que tomó fuerza ante la renuencia del gobierno a intentar una identificación oficial del grupo, y ante el hecho, calificado de sospechoso, de que los primeros que asumieran el contraataque fueran policías, miembros de un órgano civil dependiente de la provincia de Buenos Aires, que a su vez está dominada por el partido de gobierno Unión Radical.

Esa posibilidad, sin embargo, fue desvaneciéndose por momentos, pues fuentes allegadas al coronel Seineldin desmintieron cualquier vinculación suya con la toma, mientras aparecían entre los atacantes muertos cuatro mujeres, algo impensable en organizaciones de derecha. Pero además, los observadores apuntaron rápidamente a la furia con que el ejército contraatacó con tanques y cañones de 90 milímetros, en una acción que contrastaba con los levantamientos anteriores, en los que los efectivos leales no llegaron a disparar contra sus compañeros rebeldes.

Pero como si hiciera falta alguna prueba adicional, el presidente Raúl Alfonsín reveló al dirigirse a la nación a través de la T.V., un documento encontrado entre las ruinas, que demostraba no sólo el origen ultraizquierdista del grupo insurgente, sino el carácter demencial de su acción. El texto pareció ser un comunicado que presumiblemente debía ser leído luego de que la toma terminara en forma exitosa. Un llamado "Frente de Resistencia Popular" proclamaba allí que los civiles de los barrios vecinos a la guarnición habían tomado la base en respuesta a una rebelión de oficiales derechistas. "Hastiados de la arrogancia de los militares", decía el papel, la muchedumbre los atacó "con revólveres, rifles, piedras y palos. Confrontados con tal heroismo, algunos soldados y oficiales voltearon sus armas y, uniéndose al pueblo, participaron en la ejecución de los oficiales traidores". Al final, el documento llamaba a la insurrección popular, para "imponer el gobierno del pueblo ".

Aunque el hallazgo sugirió en primera instancia de que los revoltosos querian era desencadenar inmediatamente la confusión necesaria para que sus planes de insurrección les permitieran acceder al poder, la escasa preparación que llevaban para resistir un asedio prolongado, llevó a concluir que su objetivo inmediato era la consecución de armas para su proyecto guerrillero, y que lo manifestado en la proclama correspondía a un paso posterior. Más tarde se habló también de que lo que perseguían era "salir al paso" de una conspiración dirigida por los propios oficiales de la unidad militar atacada, que según algunos medios, son en su mayoría par tidarios de los "carapintada" de Seineldin y Rico.

Silenciado el ruido de los cañones, los analistas políticos se quebraban la cabeza para establecer un hilo conductor en el episodio que la historia conocerá como "la batalla de La Tablada". Por lo pronto, la presencia entre los muertos de José Luis Caldu antiguo miembro del Ejército Revolucionario del Pueblo, fue el primer indicio de que esa agrupación, que se presumía desbandada desde los años setenta, había reaparecido. Otros datos de inteligencia, en los que podrían estar incluidos los testimonios de los 14 capturados, llevaron a confirmar esa conclusión, con un dato adicional: quien dirigió el asalto podría haber sido el antiguo líder del ERP un legendario guerrillero llamado Enrique Gorriarán Merlo.
Sobre este misterioso personaje, es poco lo que se sabe. Tras la desbandada de su organización en 1980 Gorriarán presumiblemente buscó refugio en algún país de orientación socialista, y reapareció como funcionario estatal en la Nicaragua sandinista.
Según parece, sin embargo, sus relaciones con los sandinistas fueron siempre tan malas como las que tuvo con los cubanos, y aproximadamente hace dos años fue invitado a abandonar Nicaragua. Desde entonces, parece haber residido en el sur del Brasil, vinculado con los secuestros de ganaderos de esa región. Pero todo parece indicar que desde noviembre o diciembre del año pasado, se le vio en la Argentina, protegido por la clandestinidad.

Gorriarán, que haciendo honor a su fama logró escapar, podría ser la clave del episodio. Pero grupos izquierdistas, inclusive el Partido Revolucionario de los Trabajadores, antiguo brazo politico del ERP, rechazaron el ataque, pues consideraron que era inaceptable en las actuales circunstancias del país. Incluso Julio Santucho, hermano del asesinado fundador del ERP, Mario Roberto Santucho, opinó desde su exilio de Roma que una acción como esa no podía provenir de un grupo de izquierda. Finalmente, medios gubernamentales no desmentidos por la izquierda, identificaron al grupo guerrillero como el Movimiento. Todos por la Patria (MTP), creado hace unos dos años y que había desarrollado su actividad politica dentro de la legalidad. Según parece, los antiguos integrantes del ERP prestaron su experiencia militar al contingente guerrillero que carecía de ella.

Identificada la izquierda como el foco de la rebelión, los argentinos no salían de su asombro, pues todos los pronósticos, incluso los de Alfonsín, habían previsto nuevas rebeliones militares. Para muchos observadores, resultó paradójico que un movimiento de esa tendencia hubiera propiciado la primera actuación del ejército aplaudida no sólo por los partidos politicos sino por la opinión pública.

Pero además, cuando el presidente Alfonsín anunció la creación del Consejo Nacional de Seguridad, regresaron los recuerdos de la década pasada, cuando se desató la represión anticomunista más violenta de la historia del continente. Como le manifestó un periodista argentino a SEMANA, "tal parece que hubiéramos regresado en el tiempo, y que los movimientos guerrilleros, desaparecidos en apariencia, sólo hubieran estado en hibernación todos estos años". -
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