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| 5/8/2000 12:00:00 AM

La batalla por Elián

El exilio cubano en Miami se juega su credibilidad en momentos en que el padre del balserito cubano llega a reclamar a su hijo.

El caso de Elián González parece llegar a un punto definitivo. Tras varios meses de tire y afloje el padre del niño, Juan Miguel González, llegó a Washington para recibir la custodia de su propio hijo, algo que en circunstancias normales no hubiera significado ningún tipo de controversia. González llegó acompañado de su actual esposa y de su bebé de seis meses y se dirigió a los medios de comunicación en tono severo pero conciliador. Agradeció a los norteamericanos en general por haber apoyado consistentemente sus derechos de padre en las encuestas y fustigó a quienes en Miami decidieron oponerse a que recuperara a su hijo.

Aunque todavía no puede decirse que el tema esté resuelto los expertos legales sostienen que el espacio de maniobra para Lázaro González, el tío abuelo que pretende quedarse con el niño, se reduce cada vez más. El fallo del martes pasado, cuando el juez federal del distrito de Miami Michael Moore negó la petición de asilo de Elián presentada por su tío abuelo, no parece tener reversa. Para los expertos, es muy difícil que una corte de apelaciones revoque las decisiones del Servicio de Inmigración, el Departamento de Justicia y un juez federal cuando la ley es tan clara y los hechos que rodean el caso no están siquiera en disputa.

Eso, sin embargo, se sabía desde diciembre cuando el pequeño Elián fue encontrado flotando en un neumático en el mar Caribe. Entonces, como ahora, los expertos en derecho de inmigración y de familia fueron claros en que tanto las normas internas de Estados Unidos, así como las convenciones internacionales y la Declaración Universal de los Derechos del Niño, establecen por fuera de toda duda que un menor tiene el derecho de crecer al lado de su padre o madre biológicos y que, por lo tanto, Elián debía ser devuelto al lado de Juan Miguel. Como dijo a SEMANA el abogado Bernard Perlmutter, “la única razón para que un hijo sea separado de su padre es que se determine que sus condiciones personales o morales lo conviertan en un peligro para su integridad. Y nadie ha dicho esto del papá de Elián”.

Pero el problema es que Elián González no es salvadoreño, ni haitiano, ni colombiano, ni chino ni vietnamita, en cuyo caso estaría en su casa desde hace varios meses. Elián, en cambio, es cubano y las circunstancias de su llegada a Estados Unidos lo convirtieron en el centro de una disputa política en la que el mayor perdedor es él mismo. Su madre lo embarcó en un viaje ilegal organizado por su novio, quien cobró 1.000 dólares por cabeza a los demás pasajeros de una frágil lancha. Y al ser rescatado las organizaciones de extrema derecha de los exiliados de Miami le convirtieron en un símbolo de su odio contra el régimen comunista de Fidel Castro. La reacción de éste, al organizar manifestaciones multitudinarias de rechazo a lo que llamó “secuestro del niño”, tampoco ayudó. Pronto los derechos de Elián quedaron en segundo plano ante una disputa política entre enemigos irreconciliables.



República independiente

El fallo del juez Moore emergió de en medio de un maremágnum de opiniones encontradas que en más de una ocasión, como cuando el vicepresidente Al Gore se pronunció a favor de la permanencia del niño en Estados Unidos, fueron caracterizadas de oportunistas. Pero el hecho es que las autoridades federales han evidenciado su temor de que poner en práctica el fallo y entregar al niño a su padre desaten disturbios en Miami. Lo cual subraya el hecho de que el sur de la Florida se ha convertido en un reducto de intolerancia y rechazo a las leyes federales.

Y es que en la Florida nadie que piense diferente a los cubanos anticastristas es tolerado. “Aquí todo lo reducen a estar con Dios o estar con el Diablo”, dijo a SEMANA Alvaro Sánchez Cifuentes, un comentarista de radio con tendencia moderada. “Nada más hay que escuchar la radio para ver que califican de comunista a cualquiera”.

Sin embargo para Eduardo Gamarra, director del Centro de Estudios Latinoamericanos y del Caribe en la Florida International University, la opinión pública alrededor del mundo ha simplificado la posición del exilio. Gamarra, de origen boliviano, dice que el público muchas veces hace el juicio sin tener en cuenta los traumas que muchos exiliados han sufrido y que los llevan a tomar posiciones radicales. “A veces los que no somos cubanos corremos el riesgo de minimizar lo que ellos sienten,” dijo Gamarra a SEMANA. “Muchas de esas personas han vivido esas experiencias en carne propia y no se les puede pedir que olviden”.

Pero el hecho es que la intolerancia es cada vez más notoria. Alvaro Sánchez Cifuentes, un cubano radicado en Miami hace 30 años, cuenta cómo su programa En Alta Voz ha sido cancelado o lo han presionado a dejarlo por los puntos de vista que presenta en desacuerdo, como pedir un relajamiento del embargo económico contra la isla. “Aquí se aplica el mismo, sólo que aquí funciona distinto, dijo Sánchez. “No entienden que la libertad de expresión es la democracia”.

Esto se debe, dijo Gamarra, a que los sectores más reaccionarios de Cuba eran los que apoyaban la dictadura de Fulgencio Batista y fueron los que primero emigraron. Esos también eran los dueños del capital y cuando llegaron a Miami aprendieron rápido cómo usar el sistema. Es este el estrato que controla las estaciones de radio cubanas, que han sido indispensables para coordinar las protestas y arengar al exilio en situaciones como la presente con Elián. Son también estas estaciones las que hacen y deshacen candidatos. Al estar los medios en poder de este sector del exilio otras ideologías no tienen cabida.

Otros comentaristas sostienen que ese exilio extremista se está jugando el todo por el todo porque su actitud de desobediencia de las leyes produce cada vez más rechazo en la sociedad norteamericana en general. Para muchos ha resultado escandalosa la negativa de Alex Penelas, alcalde del condado de Dade, a que sus policías apoyen una eventual operación de entrega de Elián. Algunos incluso han comparado esa actitud con la de los gobernadores de los estados del sur en la época de la lucha por los derechos civiles de los negros.

Eso podría poner al gobierno federal entre aceptar que las autoridades judiciales y las leyes no se aplican en el sur de la Florida y hacer una demostración de fuerza semejante a las que pusieron coto a la desobediencia en los años 50. Cualquiera de las dos posibilidades podrían jugar, a la larga, en contra del exilio cubano. Y serían un desenlace dramático para un caso de derecho de familia convertido en espectáculo por cuenta de la política.
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