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| 5/25/1992 12:00:00 AM

LA BATALLA FINAL

La caída de Najibullah podría dar comienzo a la batalla más sangrienta de la guerra civil de Afganistán.

LA BATALLA FINAL, Sección Mundo, edición 521, May 25 1992 LA BATALLA FINAL
CUANDO LOS SOVIETICOS se retiraron de Afganistán en febrero de 1979 los analistas le dieron pocas horas al presidente Najibullah y su partido comunista "Watan". Sin embargo se requeriría la defección de unidades de su ejército, tres años después, para que se convenciera de que sus días en el gobierno estaban contados. Cayó así sorpresivamente la causa principal de la guerra, pero eso no significa que la paz esté cerca.
Al final de la semana pasada lo que quedaba de su gobierno, encabezado por el canciller Abdul Wakil, sólo ejercía control sobre la capital Kabul y sobre Jalalabad, mientras dos grandes agrupaciones de muhajeidines (guerreros tradicionales) estaban a las puertas de Kabul. Al norte se situó una coalición de raza tajik, vinculada por cultura y raza con la vecina Tajikistán y dirigida por el jefe del grupo Jamiati Islami, Ahmad Shah Massoud. Por el sur se situó la alianza fundamentalista Hezbislami, dirigida por Gulbudin Hekmatyar y compuesta por grupos de etnia pushtun, que es la predominante en el país.
La caída de Najibullah dejó sin piso un plan de paz propuesto por el enviado de la ONU, Benon Sevan. Según éste, la paz se cimentaría sobre un gobierno provisional conformado por todos los grupos en contienda, incluido el gobierno. Pero en las nuevas condiciones, los guerrilleros insisten en borrar de una vez por todas los vestigios del régimen comunista.
El problema es que entre los del norte y los del sur hay una rivalidad histórica encendida aún más por la enemistad personal de los dos líderes.
Mientras Hekmatyar dio un plazo hasta el 26 de abril para arrasar la ciudad, Massoud ha decidido incluso a luchar al lado del ejército para evitar que los fundamentalistas tomen el poder.
Se trata de un panorama en el que será muy difícil evitar que corran ríos de sangre. Pero esa no es una novedad en la historia de Afganistán, un Estado constituido en el asiento de múltiples tribus que han pasado más tiempo guerreando entre sí que viviendo en paz.
La historia afgana está condicionada desde épocas remotas por su localización, que la convierte en ruta estratégica de conquista. Esa circunstancia también estuvo presente en el siglo XIX, cuando nació el país de hoy.
El Imperio Británico y Francia pugnaban por el control del gólfo Pérsico y Afganistán -sitúado entre las planicies del Turquestán al norte y las tierras fértiles de Irán e India hacia el sur y el oeste era el punto de fricción con el expansionismo del vecino Imperio Ruso. Sucesivos reyes se ampararon en la rivalidad de las potencias para consolidar su predominio interno.
Por eso, las instituciones nacionales resultaron superimpuestas sobre la realidad fraccionada del país, que fue de hecho colonia británica hasta 1919.
En julio de 1973 el rey Mohammed Zahir Shah, en el trono durante 40 años, fue derrocado por su primo el general Mohammad Daoud, quien proclamó la república pero dirigió el país como un autócrata. En abril de 1978 una revolución propiciada por los soviéticos llevó al poder a los comunistas dirigidos por Noor Mohamed Taraki.
Tanto éste como su sucesor Hafizullah Amin fueron asesinados, y su sucesor Babrak Karmal dio paso en 1986 a Najibullah, hasta entonces jefe de la temida policía secreta. La guerra que parece llegar a su clímax se originó por la resistencia de los muhajeidines contra la influencia soviética y, de nuevo, Afganistán se vio involucrado en la lucha de los imperios, representados esta vez por Estados Unidos (que patrocinaban a los muhajeidines) y la URSS.
Hoy ésta no existe y el país ha perdido su interés estratégico. A no ser por el solitario esfuerzo de Sevan, las potencias contemplan sin mucha preocupación el desangre de un Estado que se fundó a caballo de los intereses foráneos. Lo malo es que nada parece capaz de evitar que los tribalismos devuelvan al país al caos del que nunca parece haber salido del todo.

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