Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

×

| 3/1/1993 12:00:00 AM

La batalla de los gays

Clinton se la juega toda por cumplir una promesa electoral.

LA BATALLA DE LOS GAYS
LOS CANDIDATOS PROMEseros, como Bill Clinton, saben que los ofrecimientos electorales cobran muy pronto su porción de la victoria. Por eso establecen prioridades para cumplir los que pueden con base en su urgencia y su facilidad.
Clinton quíso nacer eso una semana después de posesionarse con un tema que parecía sencillo: levantar la prohibición a las Fuerzas Armadas de mantener en sus filas a homosexuales.
Al fin y al cabo era un asunto secundario porque lo que le interesaba a las organizacioes homosexuales era que el presidente le diera prioridad a la cura contra el sida. Por otra parte, si en las Fuerzas siempre ha habido gays, la reforma sería más el reconocimiento de algo notorio que un cambio radical.
Pero el presidente pronto tendría que reconocer su equivocación. Desde que regresó al tema, se levantó una ola inusitada de rechazo. Lo más preocupante no fue la esperable oposición del Estado Mayor Conjunto, encabezado por el general Colin Powell, sino la del Congreso.
Los militares argumentaron que aceptar gays bajo banderas minaría la moral, sobre todo en largos períodos de confinamiento, desestimularía el reclutamiento y contribuiría a difundir el sida. Desde que Truman despidió al general McArthur en plena guerra de Corea, no había estado la cúpula militar más cerca de la insubordinación.
Pero una orden del presidente de EE.UU pesa más que todos los generales reunidos, y eso garantizó a Clinton la anuencia a regañadientes de los militares.
El Congreso planteó la cosa a otro precio. Era de esperarse que el líder de la minoría republicana Robert Dole anunciara la oposición frontal, asi fuera por aprovechar la primera oportunidad del partido derrotado de hacerse sentir. Pero que la bancada demócrata, encabezada por el senador Sam Nunn jefe del comité de asuntos militares se manifestara contra la voluntad del mandatario, complicó el asunto.
El riesgo era que el Congreso elevara a categoría de ley la directiva vigente, con lo que la derogatoria dietada por el presidente quedaría en inferioridad de condiciones. Clinton tuvo que convencer al líder Robert Mitchell y al propio Nunn para que no lo hicieran. Pero de por medio quedó confirmado que la alianza con los demócratas es sólo una coyuntura electoral.
El viernes el presidente confirmó la medida, en la forma gradual planteada de antemano: La directiva vigente quedará suspendida y los reclutadores no preguntarán la orientación sexual del interesado. Durante los seis meses siguientes el secretario de Defensa Les Aspin estudiará los problemas prácticos que pudieran presentarse, y el 15 de julio se dictará la medida definitiva. Entre tanto, los procesos de expulsión por causa de homosexualismo serán suspendidos, a no ser que las causales vayan más allá del simple reconocimiento de esa condición. Entre tanto, se adoptará un código de conducta muy estricto tanto para homosexuales como para quienes no lo son.
Como dijo el viernes, Clinton no impuso la medida sólo para cumplir su promesa, sino por una auténtica preocupación por evitar esa forma de discriminación. Por eso sus defensores compararon el hecho con la integración racial bajo banderas. Clinton quiere que la orientación sexual por sí misma no sea suficiente para privar a las fuerzas de soldados capaces y preparados. El estricto código de conducta se encargara de evitar el relajamiento de la disciplina y, de paso, se evitara el costo de perseguir a los homosexuales. Desde que se implantó la prohibición en 1982, el Pentagono ha tenido que gastar millones de dólares en procesos de expulsión de 1.500 homosexuales por año.
Clinton tomó ánimos de un oportuno fallo de un juez federal de California, que decidió en el caso del marino homosexual Keith Meinhold que la discriminación era inconstitucional. El presidente parece haber ganado esta partida, pero a un gran costo político. Clinton tuvo un temprano bautizo de fuego de lo que puede ser una controvertida gestión. -
¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

EDICIÓN 1829

PORTADA

Gran encuesta presidencial

Vargas Lleras arranca fuerte, Petro está estancado, Fajardo tiene cómo crecer y los partidos tradicionales andan rezagados. Entre los uribistas, Ramos se ve fuerte. Y Santos tiene 35 por ciento de aceptación. Gran encuesta de Invamer para Caracol Televisión, Blu Radio y SEMANA.