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| 12/23/1996 12:00:00 AM

LA BATALLA POR BOUTROS - GHALI

En su empeño por evitar la reelección del secretario general de la ONU, Washington se queda nuevamente solo en el organismo mundial.

El martes pasado el Consejo de Seguridad de la Organización de Naciones Unidas presenció una demostración de la forma como funcionan las cosas en el nuevo orden mundial que George Bush proclamó como la nueva era postguerra fría. Ese día, 14 de sus miembros votaron a favor de la reelección de Boutros Boutros-Ghali como secretario general de la ONU y sólo uno lo hizo en contra. Pero ese uno era Estados Unidos, y su manifestación de voluntad no fue un voto, sino un veto. La representante estadounidense Madeleine Albright bloqueó de esa manera la votación e instó a los países interesados (léase los africanos y los árabes) a producir un candidato de consenso.Como era de esperarse, la reacción generalizada, sobre todo en esas áreas del mundo, fue de rechazo a la actitud norteamericana. La embajadora Albright justificó la posición de Washington con el argumento de que su país consideraba que Naciones Unidas necesitaba en su cabeza una personalidad suficientemente agresiva como para producir la reforma radical que requiere el organismo para enfrentar los retos del siglo XXI. Y advirtió, en una afirmación que luego los chinos calificarían de "chantaje", que la permanencia de Boutros-Ghali dificultaría el pago de su mora de 1.400.000 dólares por concepto de cuotas atrasadas con el organismo.Pero sus defensores sostienen que durante su permanencia en el cargo, Boutros-Ghali ha reducido la nómina en un no despreciable 10 por ciento y ha mantenido a la organización dentro del presupuesto, lo cual había sido un imposible práctico en el pasado.Lo cierto es que la posición norteamericana convirtió de la noche a la mañana al secretario general en un héroe para los árabes y los africanos, entre quienes tenía numerosos detractores hasta el martes. Es posible que después de numerosos vetos (la última vez, cuando China vetó en 1981 la tercera reelección del austríaco Kurt Waldheim, hubo 15 votaciones) Estados Unidos se salga con la suya, pero el episodio demuestra que en su condición de superpotencia se está quedando solo en el mundo. "Justamente el final de la guerra fría, que dejó a Estados Unidos como líder indiscutible, ha hecho que otros países, sobre todo desarrollados, se resistan a seguir sus dictados. Cuando el otro polo era Moscú, era más lógico y hasta saludable alinearse con Washington", dijo un analista europeo. Lo peor es que la política internacional norteamericana parece dictada por razones internas más que por una dirección congruente de los destinos mundiales. Los ejemplos recientes son muchos, comenzando por el enfrentamiento con Europa por la ley Helms-Burton que endurece el bloqueo a Cuba, disparado por la presión del lobby interno cubano-estadounidense. El envío de tropas a Zaire (después reversado) se decidió sólo cuando las imágenes de la televisión conmovieron a los norteamericanos. El retiro de las de Somalia en 1992 se produjo cuando los estadounidenses vieron las imágenes de varios soldados muertos. Y la negativa a aceptar otro período de Boutros-Ghali se basa en la percepción que tiene de él un sector derechista de la política de Washington, aunque el resto del mundo lo considera un eficiente y discreto secretario general.Tanto es el rechazo a Boutros-Ghali que el presidente Bill Clinton no ha considerado importante tener una reunión privada con él. Y el egipcio se queja: "¿Represento un peligro para la seguridad de Estados Unidos? No. ¿He contrabandeado algo? No. ¿Soy Noriega o Saddam Hussein? No". El mundo entero parece estar de acuerdo.
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