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| 5/28/2011 12:00:00 AM

La caída del genocida

Con la captura de Ratko Mladic, el culpable de la peor masacre en Europa desde la Segunda Guerra Mundial, Serbia al fin borra las manchas de la guerra de Yugoslavia.

El día apenas se había levantado el jueves pasado en Lazarevo, un caserío en el norte de Serbia, cuando sus habitantes vieron tres escuadras de la Policía rodear de manera silenciosa y discreta una de las granjas del pueblo. Pocos lo sabían, pero ahí se escondía Ratko Mladic, fugitivo desde hacía más de dieciséis años y uno de los genocidas más buscados del mundo. Aunque tenía dos pistolas, el exgeneral serbio, de 69 años, se entregó sin resistencia, envejecido, con el brazo izquierdo paralizado y problemas de hígado. Ya no quedaba mucho del 'Carnicero de Srebrenica', aquel oficial que ordenó a sus tropas asesinar a más de ocho mil musulmanes en tres dramáticos días de julio de 1995. Fue la peor masacre en Europa desde los nazis.

Su guerra empezó en 1992, sobre las ruinas de la antigua Yugoslavia. Mladic fue el brazo militar de un proyecto político liderado por Slobodan Milosevic y Radovan Karadzic para crear la Gran Serbia, un plan ultranacionalista para someter los Balcanes y "limpiarlos" de los musulmanes y croatas.

El brutal general hizo todo lo posible por exterminar o expulsar a todos los no serbios de la multiétnica Bosnia. Para lograr su misión sitió poblaciones civiles, puso francotiradores en Sarajevo, la capital de Bosnia, que disparaban sobre lo que se moviera, hizo campos de concentración en las montañas y arrasó mezquitas y cementerios. Al final del conflicto, más de 42.000 civiles bosnios habían muerto.

Cuando la guerra se acabó, Mladic fue para muchos serbios un héroe, y durante largo tiempo se paseó con tranquilidad por Belgrado, donde lo vieron en el estadio para ver al Estrella Roja, su equipo favorito, o en el funeral de su hermano. Aunque la justicia internacional lo buscaba desde 1995, la voluntad del gobierno para capturarlo era nula. Incluso recibió su pensión de general retirado hasta 2005.

La suerte del genocida empezó a cambiar en 2001 cuando una multitud echó de la Presidencia a su protector Slobodan Milosevic, que poco tiempo después terminó en el Tribunal Penal Internacional para ex Yugoslavia (TPIY) en La Haya, donde murió cinco años después. En 2008, Radovan Karadzic, otro de sus cómplices, fue capturado en un barrio lujoso de Belgrado y entregado al TPIY.

Ahora, el todopoderoso general serbio va a tener que responder por 15 cargos ante el tribunal internacional, que incluyen genocidio, crímenes de guerra, crímenes contra la humanidad, exterminación y deportación, entre otros, por lo que es probable que termine sus días detrás de unos barrotes. Según fuentes del gobierno serbio, la extradición de Mladic no se debería demorar más de diez días. Temen las manifestaciones violentas de los nacionalistas, que desde ya se han amotinado en varias ciudades gritando "¡Cuchillo, alambre, Srebrenica!".

Para Boris Tadic, el presidente serbio, también es el momento para impulsar la candidatura de su país a la Unión Europea y ponerle punto final a un vergonzoso camino de 15 años de impunidad. Tadic anunció el exitoso operativo con "Esto le quita una carga pesada a Serbia y ayudará a aceptar el país como un Estado-nación moderno". Mladic era hasta ahora el principal obstáculo de Serbia para obtener pasaporte europeo. Stefan Füle, el comisario europeo para la ampliación, dijo en Bruselas que "ha desaparecido un gran obstáculo en el camino de Serbia hacia la UE".

Pero en ex Yugoslavia la caída de Mladic es sobre todo un punto final a una vergonzosa época y una esperanza para tratar de enterrar los últimos fantasmas de una guerra devastadora. A menos de un mes de conmemorar un aniversario más de Srebrenica, Sabaheta Fejzic, sobreviviente que aún busca los restos de su marido, le dijo a Reuters que "esto representa un poquito de justicia para mi corazón, mi alma y mi dolor".
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